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No creas (vamos, ni por asomo) que hemos acabado con las novedades del
Salón de Ginebra sólo porque otro tipo de noticias estén encontrando hueco en nuestra portada. Aún son numerosos los coches atrapados en nuestras tarjetas de memoria, y entre los más importantes está el
VisionD de
Skoda, que había conseguido esconderse en el fondo de la maleta hasta ahora. Su misión no es reinventar la imagen de Skoda ni dirigirla hacia una nueva dirección, sino definirla, marcando aún mejor las pautas de una firma que ha encontrado el éxito en la simplicidad y una buena relación calidad-precio.
Igual que sucede con el nuevo logotipo de Skoda, el VisionD es un ejercicio de minimalismo, apostando por la sencillez de formas antes que realizando argumentos ad impetum. Visto en persona, más que moldeado parece tallado, como si sus diseñadores hubieran dado forma a la maqueta original usando un cortaplumas y un trozo de haya. Resulta bien proporcionado gracias a sus minúsculos voladizos, aunque la forma en la que se ha resuelto la parte trasera nos recuerda al León I. Mucho más carácter muestra su mitad delantera, en la que destaca una estrecha parrilla flanqueada por unos grupos ópticos hechos a cincel; y lo mismo se aplica a su habitáculo, de aspecto amplio y a la vez atractivo. También 100% irrealizable en un modelo de producción, aunque incorpore detalles como el porta-paraguas del
Superb en las puertas traseras.
En mi opinión, y en la de unos cuantos periodistas sondeados por Skoda durante el Salón de Ginebra, el VisionD es un coche bonito, y elegante, tan claro como las propias ideas de Skoda, aunque desprovisto de alma y fuertemente necesitado de carácter. Por supuesto, no es misión de Skoda ser la marca pasional de Volkswagen, eso creo que ya lo sabemos todos...
Fotos copyright ©2011 Jaldún Issa L. (La Jetée Studio)/AOL