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Nadie lo vio venir.
Aston Martin acaba de anunciar hace unos instantes la resurrección del Virage como escalón intermedio entre el
DB9 y el
DBS. Este afilado dardo deriva de la arquitectura de aluminio VH utilizada por la casa de Gaydon en todos sus modelos internos, y tampoco se distancia de los preceptos estéticos forjados por Ian Callum y Henrik Fisker. Como tal, resulta un coche completamente familiar, y sin embargo... nuevo, más moderno y puntiagudo.
Para motorizar a este eslabón que jamás creímos necesario (pero que tampoco rechazamos), Aston Martin ha escogido su conocido bloque de 6,0 litros y 12 cilindros en V, sacando para la ocasión 497 CV y 570 Nm. Va asociado al cambio automático de seis velocidades Touchtronic 2 que le permite acelerar de 0 a 100 en 4,6 segundos (4,8 necesita el DB9, y 4,3 el DBS) y tocar los 299 km/h. Cifras estupendas, pero que no maquillan su carácter decididamente GT; quien quiera radicalismos, que siga ahorrando para un
One-77. Por lo demás, el resucitado Virage incorpora el sistema de amortiguación adaptativa de Aston Martin, llantas de 20 pulgadas cubriendo discos carbonocerámicos (seis pistones delante y cuatro detrás), neumáticos Pirelli P Zero y toda la clase que se espera en un Aston Martin.
¿Que si lo hubiéramos preferido algo más diferenciado? Pues naturalmente que sí, pero con Aston Martin podemos ser un poquito hipócritas y hacer como si sus deportivos no parecieran en ocasiones distintos niveles de acabado para un mismo modelo. Seguro que tú también nos comprendes.