De perdidos al río: Motero suizo cazado por un control de velocidad... en pleno revolcón
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Quien más quien menos, todos nos hemos llevado un pequeño susto "gracias" a los controles de velocidad. Uno va circulando por una interminable avenida sin tráfico a la vista, el pie derecho se relaja sobre el acelerador, y entonces, la temida caja de un radar fijo se materializa por arte de magia a un lado de la calzada. Rápidamente miras el retrovisor central y pisas el freno mientras maldices a través de todos tus dientes; el flash permanece apagado a tu paso, la torre desaparece en el horizonte, y aprendes una valiosa lección: de vez en cuando, también hay que mirar el velocímetro.
El amigo de la foto, por desgracia, no tuvo tanta suerte.









