No hace muchos meses que te traíamos un extenso artículo técnico analizando la problemática, ventajas e inconvenientes sobre la aplicación masiva del hidrógeno como solución al problema de la movilidad sostenible (
puedes leerlo aquí). A modo de resumen te diremos que, comparado con un sistema de baterías, alimentar al coche de energía eléctrica creada "en el propio coche" a través de una pila de combustible alimentada por hidrógeno resultaba claramente menos eficiente.
¿Quieres cifras? La eficiencia energética total del ciclo para el hidrógeno, desde que se obtiene la energía (los julios otorgados en la central eléctrica), hasta que esta llega a las ruedas de nuestro coche, es de alrededor del 50%. En cambio, un sistema completamente eléctrico supera el 70%. Es decir, estamos hablando de que un coche a baterías resulta
un 20% 20 puntos porcentuales más eficiente que uno alimentado por hidrógeno.
¿Por qué? Pues porque el coche a baterías se carga directamente de la red eléctrica, cuyo transporte energético es relativamente muy eficiente, lo que permite que los julios que nacen en la central eléctrica lleguen, casi sin pérdida, a nuestro enchufe. En cambio, un coche con pila de combustible emplea hidrógeno comprimido. Como este no lo encontramos "suelto" por la naturaleza, lo que tenemos que hacer es usar la energía eléctrica para disociar los átomos de hidrógeno de los del oxígeno del agua. Luego usar más energía para comprimirlos y convertirlos al estado líquido. Luego usar todavía más energía para transportar ese hidrógeno hasta las gasolineras (hidrogeneras), y reconvertir ese hidrógeno en vapor de agua para generar electricidad, otro proceso que no es completamente eficiente.
Pero claro, los coches a baterías tampoco son la panacea. Existen problemas con los tiempos de recarga, con el coste de las baterías, con su vida útil, con la potencia eléctrica instalada en las casas para facilitar las cargas... Todos estos problemas resultan en escollos logísticos que llevarían mucho tiempo, inversión y cultura para salvarlos. ¿Son tecnológicamente solucionables? Sí, sin duda, pero a un ritmo lento y constante, algo que, todos lo sabemos, no funciona en la sociedad humana demócrata, donde las decisiones políticas se toman siempre que tengan un efecto palpable en cuatro o cinco años, o sirvan para salvar "bolas de partido". Además, los enormes intereses creados alrededor de poder mantener una infraestructura y un modelo económico que permita mantener el control energético tal y como está establecido ahora también crean un entorno poco propicio a las baterías.
Por todo ello, aquel artículo de análisis sobre la mejor solución posible a medio plazo para el transporte lo cerrábamos con una afirmación lógica: la solución que triunfará no será, necesariamente, la técnicamente mejor, sino la que logística y empresarialmente tenga mejor soporte.
Y en estas últimas dos semanas hemos visto cómo el hidrógeno se ha convertido en la opción de futuro "de facto". Nos guste o no. ¿Por qué? Vamos a verlo.