
La idea de un Passat alargado para el mercado chino fue un éxito en su momento para Volkswagen. El cliente asiático buscaba un tres volúmenes claramente diferenciados, con espacio para emplearlo con chófer, sin tener que recurrir a carísimas berlinas del tamaño de la Clase S de Mercedes-Benz, pero con el mismo espacio para las piernas detrás. Así los chicos de VAG crearon hace ya un buen puñado de años el Passat "batalla larga".
Y sí, por cosas del destino, aquel Passat de batalla alargada se acabó convirtiendo en el sedán de lujo de Skoda. En su primera generación tuvo ya cierto éxito, con una apuesta poco arriesgada, de "badge engineering", donde se cambiaban logos y poco más. Pero en esta segunda entrega se permitió a los checos currarse un poco más el aspecto del vehículo, e integrar soluciones interesantes como el portón trasero doble, que permitía tener tres volúmenes, pero portón "estilo cinco puertas" al mismo tiempo. Más importante fue el cambio del motor longitudinal a uno más compacto transversal.
Y tras cinco años de caminar por el mercado, le ha tocado ahora un lavado de cara más o menos profundo, donde se han integrado varios de los elementos del diseño común Skoda. Por un lado, las "letras ce" integradas en los pilotos, tres en cada uno de ellos, para indicar que es el "modelo superior" de la firma (el Octavia lleva dos, y el Rapid sólo una). El capó pasa a morder activamente la calandra, y se cambian las formas de la propia calandra y paragolpes.



Con todo, la sensación estética tras el restyling es "muy VAG", es decir, te plantas delante del coche y lo notas "distinto", pero no radicalmente distinto, sino ligeramente mejorado. Puesto al lado del modelo anterior, obviamente se nota la evolución, pero está muy lejos de ser una revolución. Dicen que esto agrega valor a largo plazo al producto...
En conjunto, la estampa del coche está bien compensada salvo por las puertas traseras, que son "extra largas" y se hacen algo extrañas al ojo cuando depositas tu mirada sobre el pilar C. Un peaje a tener en cuenta cuando se considera que estamos ante un coche de batalla extra larga.


Si por fuera hay que fijarse para notar las diferencias, por dentro la cosa todavía es más continuista si cabe, y es que es prácticamente imposible percibir las diferencias, más allá de nuevos diseños para los volantes, o algún que otro detalle de material o coloración diferente.
Lo que más destaca del interior siguen siendo las plazas traseras. No encontrarás un coche más grande atrás por su precio... Es tan grande como un Audi A8 en espacio para las rodillas, y te deja la sensación de poder pasar allí horas, sentado, sin cansarte lo más mínimo. Obviamente, el nivel de acabado no raya al nivel de un Audi, pero sí que es muy similar al de un Passat "convencional", lo que no es malo precisamente.
Durante la presentación probamos dos motorizaciones. Empezamos con el 1,6 TDI de 105 caballos, y con cambio manual. Elegimos este modelo precisamente con las ganas de sacarnos varias dudas de encima: En un coche de su peso, con 1.512 kilos, y con capacidad de cargarse mucho, ¿realmente sería capaz de moverlo con soltura?
Tras arrancar, nos comenzamos a desplazar por ciudad con él. Allí descubrimos un coche silencioso de mecánica, con un tacto absolutamente de Passat. De hecho, es lo más parecido a conducir un Volkswagen con la batalla larga. El tacto de los mandos es positivo, de calidad. La visibilidad hacia todos los ángulos, a pesar de la enorme longitud y el grosor del pilar C, es "buena", y el aislamiento sonoro está también logrado.
Salir a carretera es encontrarse con una dirección con un tacto agradable (no te informa de nada, pero en estos coches es lo esperable), con la asistencia justa y con un buen autocentrado. La suspensión nos sorprendió un poco, y es que está tarada tirando "a la alemana", con un compromiso algo más duro, que permite manejar muy bien los movimientos de la carrocería. Sólo los baches y golpes breves, como juntas de dilatación, hacen que notemos que tal vez, para la dureza del muelle incorporado, habría hecho falta algo más de amortiguador. Pero vamos, es algo que no es para nada criticable, y el comprador tipo ni tan siquiera lo percibirá como algo negativo.
Lo que sí acaba siendo criticable es el motor. 105 caballos y 250 Nm de par son escasos para un coche de este tamaño, más cuando lo asocias a una caja de cambios manual, sobre la que hay que trabajar para sacarle partido al par disponible.
Adelantamientos, cambios de carril, o maniobras de incorporación ya se presentan "en el lado de lo justito" con dos ocupantes, así que ya no quiero pensar lo que pasaría con cinco personas y maletero cargado. Eso sí, el consumo homologado de 4,5 litros es perfectamente creíble, ya que durante la prueba promediamos 4,8...
Así que con la sensación de estar ante un coche con buenas formas pero con poca "chicha", nos cambiamos al dos litros diésel, asociado al cambio DSG, con 140 caballos y 320 Nm de par, la cosa cambia radicalmente para bien.
El motor es algo más áspero que el 1,6, y se deja notar más en el habitáculo, pero ese extra sonoro, que es poco, está perfectamente compensado por el extra prestacional. Y no porque convierta al Superb en un dragster con el que hacer carreras. Ese extra de prestaciones hace que se puedan afrontar cambios de elevación, adelantamientos e incorporaciones con la tranquilidad de saber que "hay motor debajo del pie derecho" para movernos con soltura.
Mucho que ver en todo esto tiene también la caja DSG, que sin levas tras el volante, juega perfectamente con las relaciones disponibles para darnos ese punch necesario y sacar más partido si cabe a la motorización del que podríamos obtener por nosotros mismos.
Tras cinco horas al volante en las dos versiones nos quedaron claras varias cosas. La primera es que el concepto de "coche grande a precio de coche algo más pequeño" es una gran idea para todos aquellos que, pensando en un Passat "normal", busquen un coche algo más grande, sobre todo en las plazas traseras. Está igual de bien acabado, y sus maneras en carreteras son equivalentes...
La segunda es que, si estás pensando en el Superb, y pretendes usarlo con más de una persona a bordo, el motor de 105 caballos diésel es demasiado escaso... tanto que no deberías ni tan siquiera considerarlo.
Y la tercera es que nos queda claro que el Superb es... un coche. Menuda perogrullada, ¿no? Te digo esto porque para muchos clientes que buscan un automóvil de este tamaño, tener mil gadgets electrónicos y mil "chuminadas premium" les viene impuesto en todas las alternativas que se te puedan ocurrir. En el Superb no se juega a eso. Es un coche sobrio, sencillo, bien hecho, que se mueve bien, que no genera pasión alguna, pero que como "compra lógica" no tiene rival en su tamaño y longitud.
Con acceso a la gran variedad mecánica que ofrece VAG para estos modelos, nosotros te diremos que cualquier combinación igual o superior al 2.0 TDI de 140 caballos, con DSG, te otorgará todo el músculo que necesites.
¿Y de precios? De eso te hablamos en el otro apartado de este contacto.
