El placer de conducción no era uno de los requisitos principales que debía poseer el Seat Toledo, obviamente. Partiendo de la base que es un Skoda Rapid, el confort de marcha prima sobre cualquier otra consideración. De hecho, el silencio de marcha y el refinamiento del que hace gala el motor son elementos a destacar positivamente. Una suavidad que encontramos en el manejo del cambio y de la dirección asistida.
En el Skoda, la suspensión trasera tiende a botar sobre firme irregular. El hecho de que tenga un maletero tan grande implica que pueda llevar mucho peso, de ahí que tenga una suspensión excesivamente firme (pensada para un mayor peso) y que rebota. En el Toledo me da la sensación de que no ocurre, o al menos no con tanta claridad. Quizá los chicos de Seat han podido poner a punto la suspensión como lo habrían hecho ellos. Al igual que lo hicieron con el aislamiento acústico, siendo el Toledo más silencioso a bordo. Sólo los ruidos aerodinámicos se dejan oír por encima de los 120 km/h, más o menos. El motor, se hace notar sólo si aceleramos con fuerza. Es más, en los semáforos parece que esté apagado, como si fuese cosa del sistema Stop/Start. Pero no, éste aún no ha entrado en acción y llevó ya bastante tiempo circulando. Y es que el Stop/Start no actúa con tanta prontitud como en otros modelos del grupo VAG, ni tampoco mantiene el motor apagado durante mucho tiempo; dura menos que un semáforo en rojo. Y eso no es mucho.
De todos modos, el Toledo combina confort, firmeza y grip en proporciones acertadas. Los amortiguadores, incluso, contienen mejor los movimientos de carrocería en extensión que sus hermanos de grupo; un apartado en el los coches del grupo VAG tienen tendencia a dejar "flotar" la carrocería. En zonas reviradas, los movimientos de balanceo y barqueo están muy presentes, contrapartida del buen confort de marcha. En conducción deportiva, veremos cómo al frenar en la entrada de la curva, el morro se hunde, la carrocería se tumba y el tren delantero se desliza ligeramente hacia el exterior de la curva; es claramente subvirador, y todo en pro de una cierta seguridad. La dirección, muy ligera y que no transmite prácticamente nada, no le impide, por otra parte, ser relativamente directa.
En el apartado frenos, tenemos que dar una valoración similar al resto del coche, correcto. Inicialmente, no destaca por su mordiente, pero resulta fácil modular la presión. La resistencia no parece ser uno de sus puntos fuertes.
En cuanto al motor 1.2 de 105 CV, este se muestra voluntarioso gracias al par disponible en la zona baja del cuentarrevoluciones, pero no se le puede exigir más. En términos de prestaciones, es un modelo que se inscribe dentro de la norma -como su diseño-. Cubre el 0 a 100 km/h en 10,4 segundos y ejecuta el 80 a 120 km/h en 4ª en 10 segundos, un tiempo que evidencia unos desarrollos de cambio muy largos. Para darle un poco de vida en los adelantamientos habrá que estar jugando continuamente con el cambio. Al menos, este es suave y preciso en su manejo.
El consumo medio homologado es de poco más de 5 l/100 km. En realidad, me ha salido una media de 6 l/100 km, lo que no está nada mal. En carretera de vía rápida, el consumo baja hasta los 5 l/10 km; estamos hablando de más de 500 km de autonomía, un valor significativo para un gasolina.
Estaba cantado, el Toledo, que no pretende ser un coche deportivo, no te dará muchas alegrías ni te sacará muchas sonrisas al volante. Tampoco lo necesita. Es un coche que ofrece una manera cómoda de desplazarse, con una gran habitabilidad y un maletero enorme. Y en eso, es excelente.

