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Estaba cantado. La retahíla de pequeños fabricantes que se aventuraron en las procelosas aguas de los vehículos eléctricos tenía sus días contados desde que grandes empresas como Renault, Nissan y Ford anunciaron el lanzamiento de sus propios modelos sin emisiones. La mayoría de estos pioneros se centraron en el desarrollo de automóviles urbanos de dimensiones reducidas y capacidades extraurbanas discutibles,
lo que unido a su elevado precio y a unas limitaciones técnicas brutales, les está pasando una seria factura. Prueba de ello es que
Think, una de las empresas más veteranas del ramo, se ha declarado en bancarrota una vez más (sí,
otra), y esta vez nada parece indicar que vaya a salir adelante.
La noticia ha sido comunicada por su proveedor de baterías, Ener1, que tenía firmado un acuerdo de cuatro años para facilitar paquetes acumuladores al fabricante noruego. Sin ventas ni dinero para lanzar un nuevo modelo más atractivo (el
City desciende del original de los años 90, cuando la firma contaba con el apoyo de Ford, que llegó a ser su propietaria), Think se vio obligada a cancelar la producción de su único coche en Finlandia, donde era montado por
Valmet, y tras mucho renquear, finalmente se ha visto obligada a solicitar la protección por bancarrota.
Ener1, que se ha quedado con un agujero de 32 millones de dólares (22,6 millones de euros al cambio), buscará ahora resarcirse liquidando los activos de la compañía.