Es caro (no tanto en proporción al tamaño de su motor), y al menos en su variante norteamericana no estaba del todo bien puesto a punto (todavía no hemos testado
la europea, igual nos sorprende), pero tenemos que hacer el enorme esfuerzo de comprarnos cada uno un
Camaro. Ahora mismo te estarás preguntando que por qué habrías de invertir 44.000€ en comprar un deportivo grande que gasta mucho, y no es mejor que sus equivalentes europeos (carácter aparte), y también te preguntarás si este es uno de esos espacios pseudo patrocinados de manera encubierta por las marcas que aparecen en tantas otras webs.
Pues no, Chevrolet no me paga. De hecho, a mí me cuesta también desembolsar semejante cantidad por el Camaro. Cierto es que el coche es resultón, y que tiene carácter a capazos. Pero no menos cierto es que cuando lo contemplas en vivo se te hace algo demasiado aparatoso, y que, como te decía anteriormente, al menos en su variante americana no lograba estar puesto a punto "de manera apropiada".
El tema es que es, en mucho mucho tiempo, la primera vez que un fabricante se anima, o atreve, a traer un
pony (muscle) car al viejo continente de manera oficial. Cuando hace unos años, antes de la súper-crisis (proceso de regulación y corrección del mercado inmobiliario, llámalo como prefieras), había dinero en muchos bolsillos, empezamos a ver la fiebre de los importados, con
Mustang,
Camaro y
Challenger por doquier en ciudades como Girona, Madrid, Marbella, Barcelona...