La Comisión Europea y los fabricantes, enfrentados por los futuros límites de ruido
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Casi siempre que hablamos de emisiones hablamos en términos de gramos de CO2 expulsados por km, pero hay otro tipo de contaminación que supone un riesgo para la salud de los ciudadanos: las emisiones sonoras. No hace falta decir que si eres lector habitual tú también te deleitarás con los borboteantes gorgoritos de un HEMI a medias revoluciones o los relinches de un italiano sobrerrevolucionado, lo cual no quita para que el transcurrir del tráfico pueda convertirse en una auténtica pesadilla si vives en una ciudad y especialmente en una planta poco elevada.
Por ello, la Comisión Europea quiere instaurar una nueva reglamentación que contempla una reducción de ruido del 25% para los automóviles del futuro, y no es necesario decir que los fabricantes no están particularmente entusiasmados con la idea.
Según la normativa que está siendo elaborada en Bruselas, los vehículos de turismo, las furgonetas y los autobuses deberán reducir el sonido generado durante su funcionamiento en dos decibelios a los dos años de aprobarse la medida, con la previsión de que estarán obligados a reducir esas cifras otros dos decibelios más tres años después. La idea sería conseguir que los vehículos de pasajeros bajaran a 70 decibelios durante el primer tramo y a 68 durante el segundo, consiguiendo una reducción efectiva del 25%, "esencial para mejorar la salud y la calidad de vida de los ciudadanos europeos".
Cabe recordar que el decibelio es una unidad logarítmica, así que una pequeña modificación numérica puede tener un impacto notable.



