Ya hablamos, con mucha difusión y éxito, por cierto, de la falta de afición de calidad por la Fórmula 1 en España hace unos meses, auspiciada por un enfoque demasiado personalizado en los éxitos de un único piloto, lo que, a nuestro juicio, es alimentar un círculo vicioso de "pan para hoy, hambre para mañana". Porque la "alonsomanía" instaurada en la televisión nacional polariza a los nuevos aficionados que, en lugar de aprender a disfrutar de la F1, aprenden a idolatrar a un único individuo, a cuyo éxito se hipoteca la afición por este deporte del motor, desconocido en España a nivel general hasta hace una década.
Comentábamos entonces que el peligro era la retirada, que más pronto o más tarde sucederá, de Fernando Alonso, puede hacer desaparecer de golpe y porrazo la F1 de la cobertura televisiva de la que ahora disfruta, sobre todo si los medios que la cubren y cubrimos no sabemos enfocar las cosas para contar carreras, y no gestas personales. Porque la afición se crea desde el amor por el deporte, y no desde el amor por un individuo concreto, por más que tengas simpatías y empatías con él.
Tenemos casos sonados (ciclismo, waterpolo, tenis), donde hemos tenido cobertura mediática estratosférica en función de los éxitos que han podido capturar personalidades españolas en estos deportes, y que luego han desaparecido tan pronto hemos perdido a ese "líder". El motociclismo es una buena muestra alternativa, donde se construyó afición a partir de un ídolo (Nieto), y se transfirió a través de generaciones lo que ahora es una afición que ya no depende de "nuestros" pilotos, sino del espectáculo que representan. Las narraciones, si bien no siempre espectaculares y acertadas, del motociclismo en España, al menos han sabido "consutrir deporte y afición", junto con las revistas y la cobertura profesional y enfoque "meridianamente objetivo".
Pero en la F1 no tenemos ahora mismo ese enfoque, y además tenemos un problema que estamos viendo que se aproxima para esta temporada: el fichaje de De la Rosa por Ferrari.