Seguro que conoces el concepto de
realidad aumentada. Aplicado a móviles, por ejemplo, te permite ver a través de la pantalla lo que su cámara capta, sobresaltando sobre la imagen puntos de interés, localizando bares, monumentos... En un futuro, aplicaciones como estas te servirán en los coches, por ejemplo, para
contar con un parabrisas con navegador integrado que te marque la ruta a seguir sobre la propia realidad que estas viendo. La técnica es genial, y además de resultar visualmente atractiva, sirve para ayudarnos en el día a día.
Pero, ¿cómo diferencias la esencia de la realidad respecto a lo artificial? Hace no muchos años que flipé cuando supe que el
Focus ST de segunda generación hacía pasar su conducto de admisión por detrás del salpicadero para incrementar el efecto sonoro de inducción que llegaba al habitáculo, una treta inteligente pero algo engañosa para incrementar las sensaciones al volante.
Funcionaba, y funciona, y aunque tecnológicamente no era "lo optimo", a nivel de sensaciones se podría decir que sí. Luego también pudimos ver coches que forzaban su tono de escape a base de válvulas y conductos para conseguir ronroneos más sugerentes, literalmente sintonizando su "orquesta" de gases para lograr el tono que los expertos de producto querían de ellos, aunque no fuera la línea de escape más efectiva o eficiente para el modelo en cuestión.
Pero lo del
M5 va más allá. Llega a lo absurdo y también lo sobrepasa.