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En los años 90, se pusieron de moda las tendencias neoretro o neoclásicas a la hora de diseñar nuevos modelos para nichos de mercado; la cuestión era crear imagen recordando un modelo histórico de la marca. Ford Thunderbird y Mustang,
MINI, Chevrolet Camaro,
Fiat 500 o Volkswagen Beetle son sólo algunos ejemplos -algunos con más éxito que otros- de cómo una marca reiventa su futuro "actualizando" su pasado.
Volkswagen, a través de su estudio de diseño californiano, abrió las hostilidades con su Concept One, que dio lugar a la fabricación en serie del New Beetle. Éste tuvo un éxito relativo en Europa, y casi nulo en Alemania, pero fue todo un éxito en Estados Unidos. Y es que apelar al pasado en marketing es un arma de doble hilo. En Alemania, Francia y en el norte de Europa, la generación de los mayores no lo vieron con buenos ojos, pues el Käfer (Escarabajo) era el símbolo de una ideología que combatieron duramente (recordemos que fue un encargo de Hitler a Ferdinand Porsche en el marco del programa Volksgemeinschaft). Para la generación de mis padres era el coche de los hippies, todo un icono de los años 70. Y para mi generación, pues...no nos dice nada. Sí, el concepto es simpático, pero no pasa de ahí.
El New Beetle se mantuvo en producción hasta 2011, con unas ventas estancadas tras pasar el efecto moda de los primeros años. Quizá su precio más elevado y su versatilidad muy inferior con respecto al
Golf -modelo con el que compartía toda la parte técnica- hizo que muchos prefiriesen el nuevo icono de Volkswagen y el de las nuevas generaciones, el dichoso Golf.
Con este Beetle MkII, Volkswagen quiere dejar atrás la imagen asociada al "Flower Power" de la primera generación y atraerse los favores de una clientela más versada en el automóvil; ya no tiene que ser un simple objeto de moda, sino un coche con identidad propia. Tanto es así que han bautizado a esta segunda generación The Beetle.