En un coche pequeño con ciertas aspiraciones deportivas se han de exigir ciertas dotes o maneras en su comportamiento que garanticen un paso por curva rápido, reacciones agiles, un buen nivel de adherencia y una dirección precisa y directa. Esto último no siempre se consigue desde la llegada de las asistencias eléctricas.
Pese a que las prestaciones son muy buenas, al motor del Swift le falta carácter incluso a alto régimen. Eso sí, los consumos son razonables en un uso convencional
El Swift Sport cumple bien en todos los apartados citados y además se permite el lujo de resultar lo suficientemente confortable para el día a día, sin resultar excesivamente duro ni seco a la hora de absorber baches e irregularidades (aunque se notan bastante, no es matador). A velocidades legales también es bastante silencioso y sólo cuando el tacómetro supera las 4.000 rpm se filtra en el habitáculo más ruido del deseable.
Esta versión del Swift posee el sistema de acceso y arranque sin llave, por lo que para encender el motor lo único que deberemos hacer es presionar el botón START. La sonoridad en frío es baja y apenas se producen vibraciones salvo durante los primeros segundos (desaparecen muy rápido). El puesto de conducción es cómodo y todos los mandos quedan a mano, aunque como los asientos son algo estrechos para tallas "XL".
Resulta interesante cómo Suzuki ha conseguido un motor con una respuesta en bajas agradable. La distribución variable es la encargada de lograr que el empuje por debajo de las 2.000 rpm sea el suficiente para circular en marchas largas, reduciendo los consumos en vías urbanas. Sin embargo cuando deseamos sacar el máximo partido no destaca por su carácter deportivo y aunque este Swift corre mucho, la sensación es diferente, pareciendo ser más lento incluso cuando se superan las 4.500 rpm, momento en el que debería mostrar todo el mal genio.
Buenas prestaciones, consumos aceptables
La llegada de los motores sobrealimentados como los TSI o T-Jet han provocado que los bloques atmosféricos parezcan algo más sosos en sensaciones y respuesta. No son tan inmediatos y dan la sensación de andar menos. Pero no te dejes engañar. Los 136 CV del Swift cunden para mover con soltura el bajo peso del conjunto y la aguja del velocímetro sube con rapidez. Estira hasta las 7.000 rpm (a ese nivel suena mucho) y gracias a una caja de cambios de seis velocidades bien escalonada en sus cinco primeras relaciones, realizar adelantamientos o recuperaciones es bien fácil. En marchas largas la cosa cambia y necesita su tiempo para ganar velocidad (algo lógico).
Suficientemente cómodo y ágil, no es tan divertido como un Twingo RS aunque sí más fácil de conducir al límite
En relación al anterior Swift Sport con 125 CV, esta nueva generación se ha aburguesado. Las normativas anticontaminación y la obsesión por los consumos también afectan a estas variantes y de ahí que la sexta velocidad cuente con un desarrollo largo. Esto permite que en autovía, a unos 120 km/h, el motor gire a un menor régimen y además de reducir la sonoridad, también lo hacen los consumos.
Ya que mencionamos el gasto, podemos considerar al Swift como un coche "usable". En ninguna circunstancia sorprende con cifras elevadas o imposibles y sólo cuando tratamos de aprovechar al máximo sus 136 CV rondaremos los 13,0 L/100. En circunstancias normales no es nada tragón. En autovía, a unos 120-130 km/h de crucero el consumo medio real obtenido ha sido de 7,5 L/100 (6,6 L/100 en el optimista ordenador de viaje). En ciudad, con tráfico denso pero no imposible, la cifra obtenida subió hasta los 9,2 L/100. En carreteras secundarias, a unos 100 km/h lo habitual es que no se superen los 6,5 L/100, si bien dependerá mucho del tipo de conducción realizado. En general no nos ha parecido demasiado sensible cómo sí ocurre con los TSI de VW, muy tragones en cuanto intentas obtener un poco de pimienta.
Comportamiento
Para entender mejor cómo nos hemos sentido a los mandos del Swift Sport, nada mejor que repasar sus maneras según el tipo de vía por el que circulemos:
Ciudad:
Como todo Swift, el Sport es un coche manejable gracias a su reducido tamaño. No destaca por su radio de giro, pero en general se conduce con facilidad. La buena respuesta en bajas permite moverse entre el tráfico urbano en tercera y cuarta sin excesivos problemas, consiguiendo rebajar el gasto.
A la hora de buscar aparcamiento sorprende que pese a su estética deportiva, los bordillos no sean su principal enemigo. Resulta bastante alto y será complicado golpear con el faldón. En maniobras se agradece el sensor de aparcamiento posterior, si bien por sus formas tampoco es un elemento que consideremos imprescindible. Los enormes espejos retrovisores facilitan mucho las cosas y además cuentan con plegado automático desde el interior, algo muy práctico en lugares estrechos.
La mayor pega de este Swift la encontramos cuando el asfalto no está en buen estado. Se vuelve algo incomodo, pero dado su carácter deportivo se lo podemos perdonar. Un Abarth 500 es claramente peor en la absorción de baches.
Carretera:
Si algo destaca es su doble personalidad. Circular a ritmos tranquilos es posible, resultando silencioso y relativamente cómodo (depende mucho del estado de la vía). Si queremos aprovechar al máximo su bastidor, tampoco defrauda. Consigue enlazar unas curvas con otras con gran agilidad, cambia de dirección rápidamente y el límite de adherencia es excepcional alto. Para buscarle las cosquillas hay que proponérselo y pese a ello, es complicado conseguir que la trasera se descomponga. Esto es lo que más no ha sorprendido ya que en coches de este tamaño, con tan poca batalla, las reacciones suelen ser más nerviosas y vivas. Aquí va pegado al suelo y consigue transmitir una sensación de seguridad propia de compacto. En este punto está por encima de su antecesor, más divertido pero también delicado.
Nos parece un buen producto para aquellos que desean iniciarse en el mundillo de la conducción deportiva. Su mayor virtud es lo precedible que resulta
Sólo cuando la vía está mojada pueden aparecer ciertas reacciones que no gustan tanto. En varias ocasiones, circulando por vías secundarias a ritmo elevado y suelo mojado, la trasera se ha despegado reaccionando de manera algo brusca. Rápidamente el control de estabilidad entra en acción para corregirlo, pero el susto te lo llevas (tras comprobar lo bien que se mueve en seco, no nos esperábamos esa reacción).
Mención especial a la dirección, suficientemente rápida y comunicativa. No es la mejor del segmento (preferimos la del Clio RS) pero no está mal calibrada. Tiene un grado el dureza justo y no obliga a constantes correcciones a la hora de dibujar la trayectoria. Algo parecido sucede con el equipo de frenos. No son los mejores en su conjunto, pero sí muy correctos en todo (por dosificación, potencia y aguante). El control de estabilidad se puede desconectar desde un botón situado acertadamente en la parte inferior izquierda del lado del conductor, siendo este el único que podría manipularlo (no entendemos la razón por la que en muchas ocasiones queda también a mano del pasajero un elemento de seguridad como este).
Autopista:
Si eres de los que los límites legales los ves solo en las señales de tráfico, este Swift puede resultarte algo incomodo en desplazamientos largos. El elevado sonido que se percibe provocado por la rodadura y el propio motor por encima de los 130 km/h no lo convierten en el mejor compañero para viajes con destinos lejanos. Ni el sistema de sonido, de buena calidad, consigue amenizar los trayectos. Si por el contrario mantienes ritmos por debajo de esa velocidad, resultará mucho más comedido y agradable.
Su pisada a altas velocidades transmite seguridad y no da la sensación de ser un pequeño polivalente de 3,9 metros. En general gusta y mucho por su docilidad y unas maneras predecibles, siendo una compra adecuada para aquellos que desean un coche de corte dinámico pero ante todo seguro.
Nos ha gustado mucho la iluminación del Sport. Con ópticas de xenón de serie para las cortas, consigue aumentar considerablemente la visibilidad en viajes y aunque siempre es bienvenida la función direccional, no la hemos echado de menos.


