Técnica y diseño
Así como el Toledo de primera generación sorprendió agradablemente a propios y extraños por su original portón trasero en una clásica carrocería de 3 volúmenes, el de tercera generación nos sorprendió por...vamos a decir "su fuerte personalidad". En cuanto a la segunda generación, fue una tradicional berlina realizada con gusto y acierto añadiendo el tercer volumen a un Seat León. Esta cuarta generación, por su parte, es exactamente lo contrario de todas las anteriores. Es cierto que recupera la idea de un portón en una carrocería de tres volúmenes, aunque en los 80 y 90 hubiéramos dicho que se trata de un dos volúmenes y medio, pero por lo demás es un coche que no desagradará a nadie. Tampoco gustará. Exhibe un diseño de lo más convencional, quizá demasiado; pasará desapercibido en el tráfico.
No es un secreto, este Toledo es la versión Seat del Skoda Rapid. Y no es que compartan plataforma, como lo hace un Skoda Fabia y un VW Polo, por ejemplo; no, son prácticamente idénticos. Por supuesto, el Toledo cuenta con su propio frontal y pilotos traseros específicos, pero eso es todo a nivel estético. Aún así, no son cambios suficientes para que destaque. El frontal recuerda al del Ibiza, pero carece de la personalidad de su personalidad. Los pilotos traseros son, como el resto del coche, muy conservadores en su aspecto, una pequeña franja roja en la parte superior de los pilotos siendo la única nota creativa de esta zaga.

Técnicamente, no hay diferencias entres un Skoda Rapid y el Seat Toledo. Además de compartir motorizaciones comparten el mismo chasis. Es decir, un eje delantero con paralelogramo deformable tipo McPherson con muelles helicoidales y un tren trasero de rueda tirada con eje de torsión transversal. Y eso es lo que permite liberar espacio para el enorme maletero de 550 litros. Siguiendo con la ficha técnica, destacar que los frenos traseros son de tambor. Y es algo que nos sorprende, pues el Ibiza equipado con el mismo motor y las mismas suspensiones cuenta con frenos de disco a las cuatro ruedas. Es cierto que, habida cuenta de las prestaciones y su posición en el mercado -no es un coche prestacional-, los frenos de tambor son suficientes, pero el público compara los coches entre sí y más cuando se va a gastar más de 18.000 euros...
El motor que anima este Toledo es el conocido 1.2 litros TSI que ya hemos visto en el Ibiza, por ejemplo. Es un bloque de aluminio y de concepción probada que cuenta con inyección directa y sobrealimentación por turbo con su correspondiente intercooler. Desarrolla 105 CV a 5.000 rpm y ofrece un par máximo de 175 Nm disponibles desde 1.550 rpm hasta 4.100 rpm. Va aquí asociado a un cambio manual de 6 relaciones, el único disponible.
El Toledo y el Rapid utilizan la plataforma del trío Fabia/Ibiza/Polo debidamente "estirada". A diferencia de algunas marcas que alargan el voladizo posterior, en este caso la plataforma se alargó sobre todo en la batalla. Con una distancia entre ejes de 2.602 mm, la batalla del Toledo es 24 mm mas larga que la de un León. Y es algo que se nota a bordo.
Habitáculo

El exterior del Toledo es muy similar al del Skoda Rapid. A bordo, Toledo y Rapid son idénticos, salvo por sus respectivos volantes. El diseño del salpicadero es agradable y funcional, pero muy conservador si lo comparamos con los del resto de la gama Seat, como el del Ibiza o el del Léon/Altea. Aunque en este acabado Style y combinación de colores tenga un cierto aire de gama alta. Pequeños detalles, como el marco de las bocas de ventilación cromadas, y el color claro alegran un poco la vista. Pero sólo la vista. Los plásticos empleados son claramente Skoda, con un tacto duro y que no da una sensación de calidad al tacto. Algunos hablarían de plásticos low-cost, tampoco creo que sea el caso. Aunque no deja de ser cierto que Seat nos tiene acostumbrados a un nivel bastante superior. A estas alturas, todo el mundo sabe que los acabados de una marca del grupo VAG van en función del segmento de mercado atribuido a esa marca. Dentro de las "generalistas", Audi está arriba del todo y Skoda es la que lleva los acabados más austeros. Entre las dos marcas navegan Volkswagen y Seat, con prioridad a Volkswagen. En esta caso, Seat tuvo que tragar con los acabados de Skoda. Y es una lástima, porque basta con sentarse en el Ibiza para ver una clara diferencia. Insisto, son matices, pero habida cuenta del precio del coche, esas diferencias de percepción son las que acaban decidiendo de la compra o no del Toledo.
Si bien los acabados no destacan por su aspecto halagüeño, al menos la calidad del montaje está a la altura de la reputación del grupo VAG. Obviamente, el Toledo no se libra de algunos pequeños fallos de ajustes y recortes en parte inferior del habitáculo, como al pie de la consola central.
No cabe duda que todo es cuestión de mantener los costes de producción bajos y rentabilizar al máximo la plataforma. Es algo que se nota en una multitud de detalles. Por ejemplo, el motor carece de la típica tapa de plástico que suele cubrir el motor. En el fondo, no sirve para nada; es una buena idea. Sin embargo, el ahorro que supone contar o no con algunos otros detalles roza lo criticable. No pongo en duda el ahorro a gran escala, pero da una imagen barata. Por ejemplo, el acabado Style cuenta con elevalunas eléctricos detrás, bien. Pero el conductor no dispone de los botones para dichos elevalunas...

Pero no todo van a ser críticas. La batalla de 2,60 m otorga a los pasajeros traseros un espacio para las piernas superior al del León y del Exeo. Al subirse, incluso sorprende tanto espacio. Metro en mano, tenemos una distancia de 136 cm hasta el respaldo (con el asiento delantero a 100 cm), un valor similar al de un Opel Insignia, por ejemplo. En anchura, sin embargo, estamos hablando de un espacio apenas superior al del Ibiza.
Como en el primer Toledo, esta cuarta generación ofrece un enorme maletero, de 550 litros en este caso. Una vez más es un valor récord para su categoría, pues dispone de un volumen superior al de muchas berlinas del segmento superior. Es más que, por ejemplo, un BMW Serie 3 (480 litros) o un Hyundai i40 (505 litros). Sólo el Volkswagen Passat le supera, con 565 litros. El maletero del Toledo es además de formas muy regulares, todo es plano y cuadrado por lo que es muy aprovechable; no hay dos niveles como en un Serie 3, por ejemplo. Por si fuera poco, los asientos son abatibles por separado, de manera asimétrica y cuenta con una amplia trampilla portaesquís.
