[Adaptación por Guille García Alfonsín de la prueba de Chris Paukert para Autoblog]

Si eres como yo... y a buen seguro que lo eres de acuerdo con el lector "tipo" de Autoblog... probablemente nunca habrás tenido la oportunidad de ver en vivo un cupé o un descapotable realmente deportivo en un concesionario Jaguar. Y es que aquí peinamos los treinta años todos, pero a lo largo de nuestra vida, quitando los
XK, que nunca han pasado de ser buenos y grandes GT, Jaguar no ha contado con un ligero deportivo a la altura de lo que el
F-Type pretende alcanzar.
De hecho, si no eres un friki con algo de conocimientos sobre la historia de Jaguar, es probable que no tengas esa asociación mental directa de la marca con el
E-Type, el deportivo reconocido por muchos como el más bello que jamás ha rodado por nuestras carreteras.
Con la idea de aprovecharse y dar futuro a la alargada (alargadísima) sombra de aquel genial E-Type, Jaguar se decidió crear un modelo moderno que reflejara su ADN perdido en la noche de los tiempos. Pero no tomó la vía sencilla. No quiso hacer un coche retro, o retro moderno, no quiso hacer lo que BMW hizo con el Z8. Prefirió quedarse con la esencia, lo que hizo bueno al E-Type en su momento, y proyectarlo sobre técnica y estética moderna.