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Si de algo no se puede acusar a
Elon Musk es de timorato. Si acaso, el jefe de
Tesla Motors es la personificación de hombre hecho a sí mismo: emigró de Sudáfrica a Canadá y después a EEUU para escapar del servicio militar durante el Apartheid, hizo fortuna sin terminar la carrera metiéndose en temas de informática, ayudó a fundar PayPal en 1999, y finalmente dio uno de los pelotazos de la burbuja .com cuando tres años después la empresa de pagos online fue comprada por 1.500 millones de dólares.
Aburrido de contar billetes, podía haberse retirado a vivir del cuento, pero Musk es un hombre inquieto, y tras triunfar en la informática decidió probar suerte con los coches eléctricos, participando en Tesla Motors como inversor y más tarde presidente. Aquí las cosas ya no le han ido igual de bien, porque aunque Tesla ha alcanzado notoriedad con el
Roadster, sus pérdidas son millonarias, y en más de una ocasión ha hecho promesas que finalmente no ha podido cumplir... y que ahora, en un arranque de cabezonería, podrían costarle un millón de dólares.
La apuesta en cuestión se remonta a 2009, cuando Musk prometió que el
Model S, el sedán eléctrico de Tesla, saldría a la venta en 2012, y Dan Neil, periodista a cargo de la sección del motor del
Wall Street Journal, dijo que era una fecha tan atrevida que mucha gente en la industria puso sus ojos en blanco. Musk, que por lo visto no había aprendido nada de los problemas del Roadster, respondió a Neil preguntándole que si quería apostar algo, y el periodista le respondió afirmativamente. A partir de ahí los mensajes se extraviaron, pero Neil ha proporcionado a
Green Car Reports las normas de la apuesta: