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Poco hemos tenido que esperar desde las
primeras fotos espía a su anuncio oficial. Cuando ya estábamos con un pie en la calle (tendría que estar prohibido anunciar nada a estas horas del sábado) Audi ha desvelado el R8 GT, una edición limitada, aligerada y potenciada del coche con el que merecidamente ha entrado en el Olimpo de los deportivos.
Partiendo del 5.2 V10, los técnicos de Ingolstadt se han devanado los sesos para restar nada menos que 100 kg de peso al R8 sin llegar a convertirlo en una espartana máquina de carreras, algo que finalmente han conseguido reduciendo el grosor del parabrisas y los paneles de aluminio de la carrocería, cambiando la luna trasera por una superficie de policarbonato, haciendo amplio uso de plásticos reforzados con fibra de carbono, y sustituyendo el alerón activo por otro de diseño fijo, que le sienta igual o mejor incluso que con el que viene el modelo convencional. Entre otras cosas, porque en realidad, la lista completa de modificaciones es larga como un brazo; frenos, climatizador, batería, aislamiento... prácticamente se ha optimizado todo a lo que aún se le podía echar mano con tal de dejarlo en 1.525 kg.