Pincha la imagen para ver la galería
La moda de lo
chic está destrozando el mercado de los coches. Lo que hace unos años "era de la forma que era" por una cuestión de practicidad, ahora "es de la forma que es" sólo por el hecho de llamar la atención. Ejemplificando: cuando Sir Alec Issigonis pensó en el MINI y comenzó a trabajar en su diseño, su máxima era conseguir un coche pequeño por fuera, pero cuyo interior fuera lo más aprovechable posible. Practicidad, versatilidad y coste de fabricación reducido. Dante Giacosa, creador de los Fiat 500 y 600 se planteó unos objetivos similares: un utilitario económico de fabricar, pequeño, pero con mucho espacio en proporción a sus dimensiones externas.
Pero en el siglo XXI nos gustan las cosas al revés. El MINI tiene cierto parecido con el Mini original, sobre todo a nivel estético y de dinámica de conducción, pero siendo mucho más grande que aquel, y encima su aprovechamiento volumétrico está mucho peor conseguido. Las licencias estéticas y de diseño comprometen la versatilidad, la ergonomía, el espacio, el peso... Pero es que el usuario tipo del coche también es muy distinto. Ha pasado de ser un coche creado para motorizar a una generación, a convertirse en lo último en objetos chic para mostrar cierto estatus social, con un precio y un halo que hace que sea un producto de "alto valor añadido" (entendiendo por este añadido todo el conjunto de intangibles que vienen relacionados con la frase típica de "tengo un MINI").
Fiat ha querido seguir una receta similar con el 500, pero como ya hemos comentado en alguna ocasión, el resultado ha sido más parejo al modelo original. El nuevo 500 es un coche que sí, es de diseño, y por su estilo condiciona ciertos aspectos del uso a diario. Pero las licencias estilísticas son mínimas, ya que se ha conseguido meter en su pequeña carrocería cuatro buenas plazas, un maletero más que digno, y una ergonomía y versatilidad propias de un buen vehículo urbano.
Vale, es más caro, y está peor aprovechado que un Panda equivalente, pero es ahí donde están las diferencias básicas. Y es que el 500 es para esos (o esas) que buscan algo más en un coche que el servicio de transporte económico del punto A al punto B. Quieren también algo de imagen, algo de representación... Es como el que cambia un reloj Casio digital de toda la vida por un Festina.
El 500C maximiza este concepto, y agrega a la fórmula ganadora del 500 un techo de lona replegable, que recuerda a muchos "falsos cabrios" del pasado (2CV, SEAT 600...). La verdad es que este tipo de techos tiene su encanto y su economía, pero cualquiera que los haya probado y los compare con un auténtico descapotable sabe que nunca se logra esa "integración" con el flujo de aire, como sí que ocurre con los coches que pierden sus arcos y pilares en el proceso de abrirse al cielo.