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Categorías: Ferrari, Competición

Por "menos" despidieron a Alain Prost


Prost y "su camión Ferrari"

Corría el año 91. Alain Prost, por entonces tres veces campeón del mundo, llevaba toda la temporada a torta limpia con su Ferrari 643, incapaz de ganar un solo gran premio. Llegado el Gran Premio de Japón, en un arrebato de impotencia y frustración, el francés, que llevaba tiempo lamentándose del rendimiento de la máquina italiana, soltó un demoledor "es que se maneja peor que un camión".

¿Resultado? Despido fulminante. Claro que estaba en el mes de octubre, y sólo restaba una carrera, así que aunque suene dura la palabra "despido", la realidad es que el acuerdo Prost Ferrari ya estaba finiquitado, y simplemente prescindieron de él para una última carrera, para evitar más críticas por parte del francés, que acabaría ganando otro título más con Williams tras un año sabático.

Nunca le digas a un italiano que va mal vestido o que su coche es malo...

¿Y a qué viene este recuerdo? Pues a la situación que ha saltado estos días "post-carrera" tras el Gran Premio de Hungría, con Montezemolo dando un toque de atención a Alonso por sus duras palabras contra la escuadra italiana.

Por orden cronológico, parece que el "disparo" de la tensión Ferrari-Fernando viene de unas declaraciones a los medios italianos del bicampeón asturiano, que preguntado por qué regalo le gustaría tener (por su inminente cumpleaños), respondió "el coche de otros", haciendo referencia al rendimiento no sólo del Red Bull, sino también de los Lotus y Mercedes-Benz, a los que calificó en otra rueda de prensa como "muy superiores".

Si hay algo que no se le puede decir a Ferrari, ni cuando mandaba Enzo, ni ahora con Montezemolo, es que "la máquina no está a la altura de las circunstancias". Eso es faltarles al respeto, y lo llevan mal. Montezemolo aseguró, por nota de prensa, que hay que anteponer el bien del equipo a los intereses personales, que es el momento de arrimar el hombro, y que esto siempre se les ha inculcado a todos "los grandes pilotos" que han estado en Ferrari.

Pero la realidad es la que es, y la historia habla por sí sola. Montezemolo puede decir que esto se le ha inculcado a todos los pilotos de la casa, pero Lauda, Prost o Schumacher son buenos exponentes de pilotos que, o bien crearon su propio equipo técnico y metodología de trabajo para hacer al equipo campeón, o acabaron quemados con la escudería.

Ferrari es más que una escudería más en la F1. Es "la escudería", y su valor histórico y mediático es completamente indiscutible. Pero hay otra realidad, una realidad paralela que a muchos se les escapa dentro de la grandiosidad de Ferrari.

Puede que para los que no buceen por la hemeroteca, Ferrari les suene a equipo campeón, cegados por la neblina de la "era Schumacher". Cuando Fernando Alonso fichó por Ferrari muchos pensaron que esa asociación era "invencible", pero muchos otros llevamos años diciendo que, más allá de fichar a un piloto, lo que Maranello tenía que hacer era fichar talento para diseñar coches (lo dije en noviembre aquí, y me reafirme en el Huffington Post en febrero).

Ferrari no es ese equipo ganador que muchos creen. Su historia deportiva en F1 se centra en tres grandes épocas victoriosas, donde siempre han coincidido dos factores: grandes pilotos y grandes técnicos trabajando al mismo tiempo. Y es que la Fórmula 1 no es un campeonato de pilotos, no es un deporte individual, por más que eso sea lo que nos quiere vender la televisión, los narradores, la FIA, la FOM y... todos los demás. Es un deporte de equipo, donde tener técnicos de nivel es tanto o más importante que tener a un piloto brillante.

Las grandes épocas de Ferrari fueron en los albores de la F1 (años cincuenta y un par de brillos en los sesenta), los años de Lauda (años setenta) y los años de Schumacher. Y sí, las dos eras, la de Lauda y la de Schumacher dependieron mucho del equipo técnico. El resto de años no fueron malos para Ferrari, y es que gran parte de su mito es que, aunque no ganen "siempre están ahí", pero al final, para los libros de historia queda el que gana. Y para ganar no basta con tener un "buen coche", hay que tener "el mejor", ese que tiene esa "unfair advantage" que decía Mark Donahue.

Cuando Alonso firmó por Ferrari ya sabía el equipo técnico que allí había, y debía ser consciente de ello al tomar su decisión. Y es que un piloto tiene una "vida útil" limitada, y cada decisión que toma en su carrera condiciona su palmarés a la hora de retirarse. Alonso tuvo una oferta de Red Bull antes que la de Ferrari, cuando salió de McLaren, para irse a correr con los coches de Adrian Newey. La desestimó por considerarlo "un equipo de segunda fila, que se limitará a luchar por puntuar" según contaba su entorno más próximo.

Cualquiera que haya trabajado en una compañía italiana sabe que la comunicación interna y la calma nunca fueron sus puntos fuertes

Es lógico que Alonso, como piloto, y como casi todos los pilotos individualistas (esos que corren en Fórmula 1 y otros campeonatos donde su nombre brilla más que el equipo al que representan) se lamente de que su máquina no esté a la altura. Y es lógico también que Montezemolo se sienta ofendido por las palabras del campeón, al que siempre, o casi siempre defiende.

El tema, la historia, es que a diferencia de Alain Prost, que no tenía un patrocinador detrás, aquí hay más intereses que los del propio Alonso o Montezemolo. Está el Santander detrás de Ferrari, como patrocinador multimillonario. Que Prost saltara del equipo de la noche a la mañana no sería viable con Alonso, porque eso tendría muchas más implicaciones económicas y de patrocinio, tanto para él de cara a buscar otro equipo, como para "la escudería". Esto también nos explica cómo ha cambiado la Fórmula 1 de principios de los noventa hasta ahora...

Sea como sea, estos rifi-rafes son típicos para cualquiera que haya trabajado con una compañía automovilística italiana, donde la pasión se impone muchas veces a la lógica, y donde los discursos se dictan con el corazón más que con la cabeza y la lógica del "largo plazo".

Con la llegada de Allison y con Rory Byrne trabajando ya en el coche de 2014, Alonso seguramente tendrá más razones para ser feliz el año que viene. Porque esa combinación debería "parir" un coche más competitivo.

Tal vez la frustración de Alonso venga de verse otro año más apartado de la lucha por el título, otro año más perdido de su carrera deportiva. Y es esa misma frustración la que tiene Montezemolo. Pero antes de liarse a tortas entre ellos, lo que tienen que hacer, desde bajo mi humilde punto de vista, es meter todo el dinero en los dos genios que trabajan ya en el coche de 2014.

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