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Contacto: Mercedes-Benz Clase S



Prueba por Chris Paukert

Si eres como nosotros, habrás estado esperando la llegada de una nueva Clase S estos últimos diez años. Y no porque estemos esperando específicamente al modelo para comprarlo, sino por la tecnología que se esconde bajo él.

Y si tenemos que empezar por una innovación tecnológica, esa es la suspensión activa. Hace ya unos meses te hablé de qué era una suspensión activa (repásalo aquí en profundidad), y el Clase S es el primer coche de producción que integra un sistema capaz de leer los baches de la carretera y modificar las leyes y movimientos de sus masas no suspendidas (ruedas) para adaptarlas a la orografía particular que se esconde bajo los neumáticos.

En Mercedes lo llaman Magic Body Control, y créeme... es mágico. Con dos cámaras láser integradas en el parabrisas, el nuevo Clase S es capaz de leer e interpretar la carretera que le viene por delante y hacer que tu viaje sea más confortable que nunca. Es cierto, tiene sus limitaciones este sistema: sólo funciona con luz diurna natural, la electrónica sigue sin llegar al nivel de rapidez como para actuar ante pequeños y concretos baches (sí percibe los más grandes), y en condiciones meteorológicas complicadas se puede desactivar. Pero si te preguntas si se nota... te diremos que los badenes simplemente parecen desaparecer... Claro que viendo las posibilidades a medio plazo, tan pronto la capacidad de la electrónica permita leer y reaccionar mejor ante la carretera, nos quedamos con ganas de saber de lo que será capaz.




Fuimos a la presentación, desde Nueva York hasta Toronto, en un Clase S de la actual generación, para valorar cómo ha cambiado el coche con la llegada del nuevo modelo. Y el impacto estético es instantáneo. El nuevo modelo hace viejo al anterior. El Clase S que hasta ahora se vendía en los concesionarios contaba con algo de esencia barroca, con muchos detalles muy trabajados, como las aletas traseras, pero el actual da un paso en la dirección contraria, con una esencia más pura, que da una impresión más uniforme, balanceada, dinámica y más plantada en la carretera. El Cx de 0,24 es simplemente espectacular, como viene siendo habitual en Mercedes.

Los paneles de la carrocería están fabricados en aluminio algunos, en acero otros, vistiendo un bastidor que está constituido sólo por acero. Sí, el Clase S es ligeramente más pesado que un XJ de Jaguar o un Audi A8, pero la realidad es que el Clase S ha adelgazado 100 kilos respecto a la generación previa.

Nos contaba Mercedes que podrían haber aligerado hasta 100 kilos más, pero habría sido a costa de ciertos equipamientos que no estarían disponibles en un coche en el que en su ADN está inscrito ser un innovador tecnológico.

Con todo, la carrocería es más rígida a torsión y flexión, crece 3 centímetros a lo ancho y dos a lo ato, y tiene un mejor reparto de pesos, con un 52% sobre el eje delantero, y un 48% sobre el trasero.



Nada más abrir la puerta y entrar en el S500 es encontrarse con un interior simplemente espectacular. Todo el diseño interior es una novedad completa respecto al modelo precedente y también respecto a la competencia. Con la desaparición de Maybach, Mercedes ha echado el resto en el Clase S, y se nota en aspectos como los asientos traseros Gatsbian "Executive", reclinables, con mesita tipo avión. El equipamiento de abordo es simplemente espectacular.

Desde un sistema de masaje, una pantalla con DVD y conexión a internet, hasta cosas como reposabrazos calefactados, un sistema de ionización y ambientación para el aire climatizado, asientos ventilados, o un equipo de sonido Burmester de 24 altavoces capaz de sumergirte en la música.

Tal es el nivel de complejidad tecnológica que en coches tan equipados de opciones como este podemos encontrar hasta 100 motores eléctricos y 300 leds en el habitáculo. El interior de un Clase S como este no tiene nada que envidiar al mejor de los Rolls Royce... Más bien al revés.




455 son los caballos que hay disponibles gracias al motor 4,7 V8 BiTurbo del S500, y son más que suficientes para disfrutar del coche también desde el asiento del conductor. Este se encuentra un salpicadero dominado por dos pantallas LCD flotantes de 12,3 pulgadas, una para mostrar el cuadro de relojes, completamente configurable, y otra para dar acceso al sistema de infoentretenimiento Comand, que es la mejor iteración que hemos visto hasta la fecha del mismo.

La visibilidad hacia afuera desde el puesto de mandos es buena, sin puntos muertos, y está ayudada por los sistemas de visión cenital de 360 grados y por un avisador integrado para controlar los puntos muertos de los retrovisores. El volante de dos brazos puede parecer algo extraño a la vista, pero es súper cómodo.

Con la carrocería de batalla larga, que es la que probamos, la mecánica ofrece un 0 a 100 por hora en 4,8 segundos. Pero más allá de cifras puras, lo que más impresiona es la capacidad de avance a cualquier régimen que tiene, su silencio absoluto en cabina, su sistema start&stop inapreciable, y los cambios de marcha tan fluidos que si no prestas atención al cuentavueltas no te percatas ni de que suceden. Por cierto, son siete las relaciones de la caja automática de convertidor de par.



No tuvimos la oportunidad de probar la velocidad o las aptitudes dinámicas a fondo del nuevo Clase S, y es que Ontario no es un lugar muy amigo de los excesos de velocidad (10.000 dólares de multas si pasas en 50 km/h el límite impuesto en la vía, que rara vez pasa de los 100 por hora), ni tampoco de las curvas y los cambios de dirección.

En todo caso, notamos un coche compacto y manejable para las proporciones exteriores que maneja, hay par y frenos para acelerar y frenar, y la dirección, si bien no es nada comunicativa, sí que es precisa y de buen tacto. Claro que esto no es un deportivo con el que buscar dosis de adrenalina en vena.

Y es que este coche va sobre disfrutar "de ser conducido", y se puede hacer tanto delante como detrás. Gracias al sistema de conducción semi-automática de Mercedes, hasta 60 por hora el coche es capaz de seguir el tráfico que le rodea, las marcas del suelo, y conducirse, literalmente, sólo. Si estás mas de 10 segundos con las manos apartadas del volante te avisará que las vuelvas a poner o se desactivará. Nos comentaba la gente de Mercedes que tienen tecnología ya para hacer un coche que se conduzca sólo sin esos avisos y a más velocidad, pero problemas de legislación y homologación evitan que esto pase a la producción ya mismo. Pero llegará.

Suma a todo esto el sistema de detección de obstáculos y baches de la carretera y la suspensión activa y tienes un salón rodante con un nivel de confort simplemente inigualable por sus rivales a día de hoy. En esto, el Clase S juega en liga a parte, porque es más limusina que un A8 o un Serie 7.



El reparto tecnológico continúa con cosas como el aparcamiento paralelo y en batería semiautomático, los sistemas de prevención de colisiones que frenan el vehículo automáticamente, los airbags de cinturón para las plazas traseras, el airbag "anti efecto submarino" para las butacas reclinables traseras, que hincha la banqueta para evitar que te escapes por debajo del cinturón de seguridad, la visión infraroja nocturna, que detecta peatones y les lanza pequeñas ráfagas para hacer notar tu presencia y evitar un atropello... Y la lista sigue.

La tecnología reinante también logra reducir los consumos hasta un 20% respecto al anterior S500, lo que es todo un logro viendo la manera de andar del Clase S. Pero si nos tenemos que quedar con algo a modo de resumen es con el tratamiento a los pasajeros, que difícilmente encontrarán un método de transporte más confortable y perfectamente acabado para pasar largas horas de viajes eternos disfrutando de una cabina más propia del salón de una Suite de lujo de un Hotel de cinco estrellas.

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