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Categorías: Land Rover, Pruebas, SUVs y todoterrenos

Contacto: Range Rover Sport



Prueba original por Steven J. Ewing, adaptación por Guille G. Alfonsín

Te lo creas o no, el Range Rover Sport es el modelo de Land Rover más vendido en Estados Unidos, con un 38% sobre el total de ventas de la marca en el país del otro lado del charco. El Evoque está a punto de cambiar esta tendencia, pero la importancia estratégica del nuevo Sport era más que obvia, ante la necesidad de volver a acertar con él.

La clave del nuevo Range Rover Sport estaba en mantener su refinado comportamiento en carretera, y agregar algo más de capacidad todo terreno, manteniendo el enfoque algo más asfáltico que su hermano mayor, e incorporando más capacidades a la misma. Tal vez lo más sorprendente del nuevo modelo es que, realmente, puede circular sobre "cualquier cosa"... Pero vamos a contártelo.




Con más de 400 kilos ahorrados respecto a la generación anterior, y con una batalla 177 milímetros más larga, dinámicamente ya queda claro que este coche tiene que ir mejor. Compartiendo la misma estructura de chasis del Range "normal", el enfoque del Sport para por ofrecer un comportamiento dinámico más depurado, sacrificando un pelo de confort y de capacidad todo terreno.

Para esta reducción de peso masiva, a pesar del incremento dimensional, la clave ha estado en el uso de aleaciones de aluminio en el monocasco. Estéticamente hablando, no es un modelo rompedor, sigue recordando a sus orígenes y al grande de la casa, aunque incorpora elementos inspirados en el Evoque. En vivo es más espectacular que en foto.

Las llantas pueden oscilar desde 19 pulgadas hasta unas masivas de 22 pulgadas, calzando neumáticos de inclinación mixta Pirelli Scorpion Verde. Tras ellas se esconden enormes pinzas Brmbo rígidas mordiendo gigantescos discos de 15 pulgadas en el tren delantero y 14 en el trasero.



La unidad que probamos fue el Autobiography, con el motor de cinco litros sobrealimentado V8 de gasolina, con 510 caballos, capaz de lanzar de 0 a 100 por hora al coche en poco más de cinco segundos, prácticamente un segundo más rápido que el anterior Sport. No sólo se mejoran las prestaciones, también el consumo, aunque con este motor sigue siendo... espectacular: 12,8 litros de media.

Si no te va tanta chicha o tanto consumo, el V6 diésel de 258 caballos, con 7,3 litros cada 100 kilómetros como consumo medio es más que suficiente para moverse vivamente por la carretera.



La caja de ocho velocidades automática ZF cumple a la perfección con su cometido, como en el Range Rover "grande", y lo hace tanto cuando quieres conducir relajadamente como cuando le buscas las cosquillas a los 510 caballos. Las levas tras el volante te dejan juguetear con la relación de cambio cuando vas empalmando curvas en un puerto, y lo hacen con velocidad encomiable.

Con una carrocería monocasco, ahora el cuerpo es un 25% más rígido, lo que permite montar una suspensión más exigente para con el chasis. Meterse en curvas es balancear, con el gran tamaño y peso de este gran SUV, obviamente, pero la carrocería está mucho más controlada que en la anterior generación, y como ya pasaba con el Range Rover que probamos hace unas semanas, resulta casi imposible imaginarse el ritmo al que se puede cambiar de dirección, y la precisión que muestra en las trayectorias, aunque obviamente no tiene un tren delantero incisivo que trace cual bisturí.



Comparado con un Cayenne, el Range Rover Sport es menos pasional en sus trazadas, no tan involucrante, ahora bien, su compromiso confort-dinamismo parece estar algo más conseguido para aquellos que meten muchos kilómetros por carretera. Se traga baches sin sacudir tanto a los ocupantes, y no sacrifica por ello las trazadas.

Pero lo más impresionante es que, tras comprobar que en carretera va mejor que nunca, y mejor que su hermano mayor, del que deriva, fuera de ella, en campo, prácticamente conserva las mismas capacidades todoterreno del Range Rover "normal". Lo que pierde por un tarado más asfáltico del tren rodante lo compensa con unas dimensiones más compactas para maniobrar más fácilmente.



El habitáculo está tan logrado como en el Range Rover, lo que te habla de materiales nobles, pocos botones, buena ergonomía, y una única pega: un sistema de infoentretenimiento que no es del todo "amigable" cuando se le compara con alguno de sus rivales.

Aunque el coche es más compacto, el tamaño de las cuatro plazas es más que generoso, y el ambiente es de lujo, con un equipo de sonido tan espectacular como en cualquier otro coche del grupo JLR.



Incluso si quieres un extra de espacio, puedes optar por una tercera fila de asientos para aquellos clientes que, ocasionalmente, quieran montar a siete personas en el coche, aunque las dos plazas traseras sacrifican el maletero y no son, para nada, "grandes".

Con precios que arrancan desde los 66.000€ para la variante V6 diésel más básica, el Range Rover Sport es una perfecta alternativa para cualquier rival germano que te imagines, sea SUV o sea berlina incluso. Obviamente, no tiene la pisada de un XF o de un Serie 5 en carretera, pero para aquellos a los que les gusta ir sentados más arriba y explorar algún camino campestre de cuando en cuando, es un coche muy competente. Y es que, como ya nos pasó con el Range Rover, te quedas impresionado de la capacidad de pasar absolutamente por cualquier lado con este coche.



De hecho, comparándolo con el Range "grande", la verdad es que vemos pocas razones para ir a por él, salvo que vayas a disfrutarlo desde las plazas traseras. El Sport es prácticamente igual de competente fuera de carretera (y poca gente mete los Range por caminos "de cabras"), es más barato y pisa mejor sobre asfalto.

Claro que si quieres el V8 más potente y lujoso te irás por encima de los 100.000€, pero estos lujos nunca se pensaron para ser baratos...

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