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Categorías: Pruebas, Familiares, Bentley

Contacto: Bentley Continental GT Speed Convertible


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Este año marca el décimo aniversario del Bentley Continental GT, el cupé de 2,3 toneladas que volvió a abrir el mercado para los cupés de lujo de más de 200.000 euros. Vamos ya por al segunda generación de este supercupé que para muchos sigue siendo -de manera injusta, creemos- descrito como un Volkswagen con anabolizantes, lo que equivale para nosotros a decir que Hulk es sólo Bruce Wayne algo nervioso. Ambos conceptos tienen bases ciertas, pero ninguna de la dos comparaciones permite describir el abismo que hay entre cada extremo.

Comprobando la lista de actualizaciones de modelos, ésta nos lleva al Bentley Continental GT Speed Convertible, la versión "plus" del GTC. A simple vista podría parecer que los cambios efectuados en el GT Speed Convertible son pocos. Nada más lejos de la realidad. Recordemos que Bentley tardó tres años en desarrollar los cambios que separan el Continental "básico" del Speed y aunque puedan no ser obvios a simple vista, están ahí y son numerosos.

La ruta de dos días propuesta por Bentley para probar su descapotable de cuatro plazas nos llevaría de Las Vegas hasta San Francisco. En un giro totalmente inesperado, el viaje se convirtió en una desesperada búsqueda de emociones.



La capota no es cualquier capota: siete capas de lona y mohair así como un complejo sistema de plegado y desplegado motorizado que actúa en 25 segundos.

Me gustaría contar historias interesantes y que hayan ocurrido en la ruta con el Continental GT Speed Convertible, pero no puedo porque la ruta que seguimos se negaba a brindarnos cualquier oportunidad de diversión. Por supuesto podría enumerar, y ocuparía varios párrafos, el equipamiento del GT Speed, pero francamente a estas alturas ya es de sobra conocido. Es el mismo coche que Zach Bowman probó el año pasado, salvo que este es descapotable. Por supuesto, la capota no es cualquier capota: siete capas de lona y mohair así como un complejo sistema de plegado y desplegado motorizado que actúa en 25 segundos.

La rigidez estructural del GT Speed Convertible de 22.500 Nm/grado -tan sólo 500 Nm/grado que un Lamborghini Gallardo cupé- combinada con el y el excepcional aislamiento acústico de la capota hacen que a bordo tengamos la sensación de estar en un cupé. No se oye el aire ni tampoco se aprecian movimientos parásitos en la dirección; todo es robusto. Por cierto, para cuando tengamos la capota bajada el climatizador con ajustes individuales está ahí para reforzar las bocas de calefacción situadas debajo de los reposacabezas.


Nos lo presentan como el descapotable de 4 plazas más rápido del mundo en virtud de su velocidad máxima de 330 km/h. Incluso con la capota bajada, el GT Speed superará los 300 km/h.



Delante, nos encontramos con el W12 de 5.998 cc sobrealimentado por dos turbos. Desarrolla 625 CV a 6.000 rpm y entrega 800 Nm, disponibles desde 2.000 rpm. Va aquí asociado a un cambio automático ZF de 8 relaciones que puede bajar hasta cuatro marchas de golpe en conducción deportiva y ofrece un consumo 15% inferior al del anterior GT Speed. La suspensión es más firme a la vez que la amortiguación ha sido mejorada. Con respecto a los Continental GT, el GT Speed circula 10 mm más bajo con llantas de 21 pulgadas detrás y 20 pulgadas delante. La calandra recupera la clásica rejilla mientras que en la zaga las colas de escapes son de color negro. A bordo, además del aluminio moleteado, nos encontramos el pack Mulliner Driving Specification montado de serie en los GT Speed.

Nos lo presentan como el descapotable de 4 plazas más rápido del mundo en virtud de su velocidad máxima de 330 km/h. Incluso con la capota bajada, el GT Speed superará los 300 km/h. Bowman pudo acercarse a esa cifra el año pasado en su prueba realizada en las Autobahn, pero nosotros no lo intentamos.



¿Y cómo se lleva eso de ir a 90 km/h durante horas en un Bentley? ¡Genial, porque estás en un Bentley!



Y es que la ruta que nos lleva de Las Vegas a San Francisco transcurría principalmente por carreteras de un solo carril por sentido y autovías de dos carriles. El tipo de carreteras en las que no ves una curva en 100 km. Por si fuera poco, atravesamos los parques naturales de Yosemite y Death Valley, así como pequeños pueblos aletargados. Y en todos esos sitios hay unos estrictos límites de velocidad que un ejercito de policías aburridos hacen cumplir a raja tabla. La idea de Bentley era de que pudiésemos experimentar la conducción con la capota bajada, disfrutando de la sensación de libertad que te da estar al volante de un potente descapotable Bentley. En lugar de eso, nos aburrimos arrastrándonos a 55 mph (88 km/h) con algunas puntas a 65 mph (104 km/h), pero por poco tiempo. Y siempre en la misma aburrida e interminable recta.

¿Y cómo se lleva eso de ir a 90 km/h durante horas en un Bentley? ¡Genial, porque estás en un Bentley! Los que se quejen de ir a 90 en un Bentley descapotable deberían probar a alquilar un cabrio en el aeropuerto... Con 10 años de mejora a sus espaldas en un coche que ya era una referencia en términos de confort, el nuevo es simplemente soberbio. Con la capota puesta, el silencio es tal que en comparación la biblioteca Bodleian de Oxford es una cacofonía. Y con la capota bajada la única manera de sentir aire en nuestra cara es que soplemos como para levantar un hipotético flequillo de nuestra cara. La dirección es ligera, pero precisa. Hay tanto cuero por el habitáculo que lo cubre todo, al menos todo aquello que no esté ya cubierto de madera o aluminio. Sin pasajeros posteriores que nos puedan obligar a avanzar el asiento, hay espacio de sobra, incluso para el mayor de los egos. Con más de 2,4 toneladas de peso y reposando sobre gomas de 275 de ancho en las cuatro ruedas se necesitaría un trailer con un camión de minería para quitar el Bentley de la carretera. El confort y la seguridad que dan este coche son imperiales.



Al mismo tiempo, ir a 55 mph por esas rectas en un Bentley es una tortura. Porque estás en un Bentley, justamente. Si ya es horrible ir a 55 mph en un Ford Fiesta, en un Bentley es una maldición. Habríamos dado un imperio por un unas curvas de montaña; aunque sólo fuesen un par, una simple ese... Sabemos que los ingenieros de Crewe no se esmeraron en crear este monumento para que nos mantuviésemos a menos de 90 km/h. Finalmente, casi que hubiera sido mejor coger las llaves de ese coche de alquiler en el aeropuerto.

El problema es que ya hemos probado toda la gama Continental GT, sabemos qué puede hacer y nos ilusionamos con poder repetirlo. Entonces, no podemos decir que haya una diferencia sustancial y notable entre un GT y un GT Speed. La verdad, es que da igual, nos quedábamos con cualquiera de los dos. Si alguien dos diese a elegir, sería el GT Speed porque sobre el papel es mejor. Aunque, puestos, lo ideal sería un Supersports.


La nieve era inexistente para nosotros, hasta el punto de poder adelantar al resto del tráfico por el carril izquierdo donde sólo los Subaru se atrevían a circular.



Para algunos de nuestros colegas de profesión, al mismo tiempo que alaban sus prestaciones y cualidades no pueden evitar considerar que es una lástima que el Continental GT tenga que luchar contra su propia naturaleza para poder demostrar de lo que es capaz. Nadie está por encima de las leyes de la física y hay que reconocer el extraordinario trabajo de los ingenieros que crearon el Bentley Continental, pues parece que esas leyes no se le apliquen. Su versatilidad es tal que el coche cumple con la misma superioridad pasear por la costa, soportar los atascos de la ciudad, atacar una carretera de montaña o reírse de la nevada con su tracción integral (eso sí, con gomas invernales).



Al final, sí tuvimos un tramo de carretera de montaña. Nos despertamos en Mammoth Mountain con una nevada y pasamos una gran parte del día bajando hacia San Francisco en la nieve. La nevada fue tan fuerte que hubo un momento en que eran los coches tirados en las cunetas que señalaban donde estaba la carretera. Fue una oportunidad en oro para poder probar la tracción integral permanente del Continental. La nieve era inexistente para nosotros, hasta el punto de poder adelantar al resto del tráfico por el carril izquierdo donde sólo los Subaru y algunos todoterrenos se atrevían a circular. También era divertido ver la cara de los otros usuarios como los adelantaba una caravana de Bentley... En la nieve también, el GT Speed se mostró soberbio.

Por lo demás, qué podemos decir del Continental GT Speed Convertible. Es el GT Speed sin techo. Dicho de otro modo, es brillante. Es cierto que no pudimos realmente probar el GT Speed en este viaje así que tendréis que confiar en nosotros en esto, sigue siendo un Bentley en su más pura esencia: deportivo, lujoso, refinado, tecnológico, rápido y ágil (para su masa). Dar un veredicto sobre este coche es como si nos preguntasen si nos gusta el aspecto de la melliza de una súper modelo.

La respuesta es sí. Dos veces.

[Prueba original de Jonathon Ramsey]

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