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Categorías: Renault, Deportivos, Compactos segmento C

Usado, sí, pero interesante: Renault Megane II RS



Hasta que el Clio RS recibió su recientísima actualización, la firma del rombo tenía en su catálogo las dos mejores opciones "GTI" del mercado, con la pareja Megane y Clio. Y no sólo con las últimas generaciones de estos modelos. La última época dorada de Renault Sport comenzó claramente sobre 2005, cuando se actualizó la segunda generación del Megane en su variante RS.

Cuando el Megane de segunda generación recibió su variante RS prestacional allá por 2004, las primeras impresiones entonces fueron confusas. El León Cupra R de SEAT dominaba por entonces el corazón de los apasionados del motor, todo un honor para la firma de Martorell, que parecía estar bien situada para ser la referencia en compactos deportivos.

Renault lanzó un modelo sobrealimentado con motor dos litros turbo de gasolina, capaz de ofrecer 225 caballos, con una estética que vamos a definir como "peculiar", pero con buenos argumentos iniciales.





Renault Sport tardó hasta 2005, con el Trohpy, en sacar todo el partido a este Megane II

Lo cierto es que el coche pecaba en su lanzamiento de varios "problemas" de enfoque. Tras una generación perdida en el mundo de los compactos deportivos, donde todo era light (algún día hablaremos de la falta de espíritu de finales de los noventa), la llegada de este coche fue enfocada con una suspensión que, siendo deportiva, no llegaba a ser "radical". Era un coche que trataba de mezclar pasión con razón, sin apostar en demasía por los más quemadillos, ofreciendo prestaciones pero confort para el día a día.

Vamos, un poco Focus ST, en lugar de RS... A muchos probadores no le convenció, o se les quedó corto. Y eso que era rápido como un demonio contra el crono. El Cupra R era mejor en ese sentido, en pasión y comportamiento.

Pero en 2005 llegó la variante limitada Trophy, dispuesta a cambiar todo esto. Sus llantas de 17 pulgadas dejaban paso a unas de 18 1,5 kilos más ligeras. Se integraba una suspensión más rígida, con silentblocks también más sólidos, un ESP desconectable, estabilizadoras un 10% más rígidas, discos de freno perforados.



El resultado era un coche que, si bien sobre el papel cambiaba poco, cuando lo conducías notabas un tremendo cambio de carácter. De ser un compacto deportivo "convencional", rápido pero con orientación tirando al confort, el endurecimiento del 25% en el tarado de muelles y unos amortiguadores compensados con ellos, junto con la reducción de masas no suspendidas, creaban un coche mucho más instantáneo a nuestras órdenes, más "vivo".

Tan bien le fue al Trohpy que a partir del año siguiente, el Megane RS pasó a ofrecer la opción de chasis "cup", que integraba esas modificaciones citadas. Y es ahí donde has de empezar a buscar.

Si te gusta encadenar curvas a buen ritmo, en un coche con un precio relativamente económico, con buen espacio para cuatro plazas y buen maletero, el Megane II RS con kit "cup" es una herramienta perfecta, que te permite juguetear con la trasera en apoyos fuertes, ahuecando acelerador, que te informa a través de la dirección del agarre disponible (aunque sigue teniendo un tacto algo extraño y artificial) y que tiene potencia suficiente para moverse con garbo en cualquier carretera y condición.



Más interesante si cabe es el R26, la variante especial que llevaba la potencia de los 225 caballos a los 230, y que además integraba diferencial autoblocante en el tren delantero. Este modelo (el R26 R "mola más" pero es inaccesible y casi imposible de encontrar a la venta), es realmente una delicia entre los compactos espirituosos.

De hecho, con el acabado "cup", o con el modelo R26, entre tus manos, en su época tenías al mejor compacto de su segmento, sin lugar a dudas, por combinación no sólo prestacional y de comportamiento, sino también de sensaciones.

Claro que tiene cosas a mejorar, como todos (posición de conducción, tacto de la asistencia de la dirección, ¿estética?), pero sus pros ganan a sus contras.

Las cifras de consumo no son para tirar cohetes, pero es fácil rondar los 10 litros de media entre consumo urbano y extra urbano aunque se haga uso de su capacidad de moverse rápido. Bajar de los 9 combinados es relativamente complicado. Las aceleraciones (seis segundos y medio en el 0 a 100 y 26,7 segundos en los mil metros con salida parada) todavía lo hacen rápido aún en términos de 2013.

Qué vigilar

El motor de dos litros es duro, fiable, no debería dar problemas si ha sido mantenido dentro de lo que se considera en el libro de mantenimiento, que deberás buscar bien sellado. Usar aceites de calidad y de las especificaciones requeridas es vital, como en cualquier motor turbo, y la única gran pega de estos motores son los 1.500€ que fácilmente se llevan cambiar la distribución, una operación marcada por Renault para los 115.000 kilómetros. Así que si te miras una unidad que no tenga la distribución hecha, y se acerca a la cifra, tenlo en cuenta, porque es vital llevar la distribución al día si no quieres un susto mayor.



Es más rápido y más grande que el Clio RS, aunque creo que nosotros preferimos el utilitario para enlazar curvas

Por lo demás, al margen de algunos problemas con el selector de cambio (si encuentras un coche donde la palanca no entre bien en su sitio en cada velocidad, huye de ella), el coche es sólido como una roca.

Como en casi todos los Megane y Renaults, los interiores envejecen visualmente con pequeñas grietas y cambios de color, o crujiditos, pero los mandos no suelen fallar. En todo caso comprueba que toda la electrónica funciona.

Las primeras unidades del Megane, como su pariente, el Laguna, dieron problemas con los elevalunas, los automatismos de faros, limpia-parabrisas y motor con arranque por botón, pero las unidades de 2006 parece que ya no tenían esa problemática.

Con todo, si te preguntas cuánto pagar por uno de estos, puedes encontrarlos sobre los 11-12.000€, e incluso alguna unidad por debajo de los 10.000€. Es un precio interesante para un coche que, si bien no es nuevo, es el perfecto sueño para cualquier apasionado que quiera combinar un coche de uso diario con unas prestaciones y dinámica capaces de sacarle una sonrisa de la cara en el curva a curva.



Claro que por esa tarifa también tienes un Clio RS... Y personalmente casi que iría a por su hermano pequeño. Su motor atmosférico requiere jugar más con el cambio, y el coche, en general, no es ni tan rápido ni tan espacioso por dentro, pero resulta más divertido de llevar al ataque.

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