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Cazados desde el cielo... pero ¿a qué precio?



Sí, otra entrada en otro blog sobre el dichoso Pegasus de la DGT, que velará "por nuestra seguridad". O eso dicen. También podríamos hablar de que velará por los intereses económicos nacionales. Eso tal vez cuadre algo más.

Ya lo sabes: Pegasus es el nuevo dispositivo de radar co-desarrollado por la DGT para implantarlo en su flota de helicópteros, y poder cazar a infractores que superen la velocidad máxima permitida, disparando fotos a un kilómetro de distancia, lo que hará casi imposible que nos percatemos de que lo tenemos encima.

La nota de prensa de la DGT para anunciar la llegada de su nuevo aparato es... épica. La primera afirmación ya nos deja perplejos ante la manera de vendernos el invento.

En lugar de invertir en nuevos métodos de castigo ¿no sería más útil invertir en métodos que salvan vidas y en la conservación de la vía?

Asegura la DGT que "En 2011, 475 personas fallecieron en accidentes de tráfico en los que la velocidad fue uno de los factores causantes". Efectivamente, la velocidad, ese gran enemigo. Resulta que esta oración es errónea en su planteamiento como argumento.

La velocidad siempre está implicada en cualquier accidente de tráfico. ¿Por qué? Porque a velocidad cero, es decir, sin velocidad, no habría accidentes. Decir que la velocidad fue uno de los causantes, sin especificar si se refieren a una velocidad superior a la legal, sino dejándolo a nuestra abierta interpretación, es jugar a manipular datos.

La velocidad es siempre un factor, porque en casi todos los casos, cuando hay un accidente, ésta es inadecuada a las condiciones de la vía y del vehículo. Me explico: si te chocas porque hay un agujero en el asfalto, la velocidad habrá sido un factor si falleces: si hubieras reducido la velocidad para adecuarte al estado de la vía (sí, el penoso estado de la vía), no habrías tenido un accidente.

Y así podemos mirar todos los accidentes que ocurren al año hasta determinar que todas las muertes en carretera tienen que ver con moverse a cierta velocidad, por baja que esta sea, incluso cuando esta es inferior a la reglamentada.

Hay miles de factores de riesgo en la conducción, que a la DGT y al estado parecen importarle un soberano pimiento. Podemos empezar con el respeto a las distancias de seguridad, con los adelantamientos por la derecha, con el cuidado de la vía, o con muchos otros aspectos.

Pero la velocidad es, de hecho, la infracción más fácil de controlar, perseguir y multar por parte de la DGT. Por ello se invierten cantidades ingentes de recursos públicos en su persecución y sanción.

Asegura la DGT que el nuevo sistema Pegasus se usará "de día y de noche", sobre todo en carreteras convencionales, donde "los radares móviles son especialmente poco eficientes". Vamos, que la gente los ve y frena. Se hace mucha fanfarria con esto de perseguir las infracciones allá donde son peligrosas, pero la realidad es que seguimos encontrándonos día sí y día también radares móviles en larguísimas rectas de autopistas de bajísimo tráfico, multando a conductores que circulan a 136 km/h.

Mi queja y lamento personal no viene de la persecución de infracciones, sino de la prioridad en el gasto del dinero público. Como muchos de vosotros, yo me paso media vida en la carretera (y la otra media contándolo tras el teclado, claro). La semana pasada, circulando por la autovía A-52 no daba crédito al ver la cantidad de hoyos, agujeros y rotos del asfalto. Un montón de domingueros (gente que sólo coge el coche una vez al año para ir de vacaciones, y se ve saturada por estas situaciones), luchaba por mantenerse en el asfalto mientras llovía, pegados unos a otros sin respetar distancias de seguridad.

En una de estas, tras una maniobra trepidante de un Citroën "no identificado" que circulaba delante mía, una piedra del asfalto salió volando y me impactó en el parabrisas, que se estalló. Si esa misma piedra le atiza en el cuello a un motorista le hace "una avería de primera". Seguro.

Pero dicen los políticos que no hay dinero para arreglar el asfalto, por el que parece que han desfilado tanques militares con orugas metálicas, tras hacer pruebas con minas anti-persona bajo el mismo.

La sorpresa viene cuando te enteras de lo que cuesta el dichoso Pegasus, tanto en coste de desarrollo como de operación. Cada hora de vuelo de un helicóptero de tráfico viene a costar al erario público cerca de 4.000€. ¡Cuatro mil euros por hora de servicio!

Si el aparato se usa cuatro horas al día, siete días a la semana... ¿cuánto gastamos en él?

Resulta curioso e indignante al mismo tiempo que no haya dinero para arreglar las carreteras, o que no haya dinero para sostener servicios como los helicópteros "ambulancia" rápidos para asistir a los heridos de un accidente, pero sí tengamos recursos asignados para crear un radar de estas características.

Si la educación vial tomara otro camino, con concienciación social y reglas y límites "creíbles", no necesitaríamos tanta multa para que se respetara

Con la rebaja de los límites de velocidad en "carreteras convencionales", la DGT necesitaba un arma que utilizar para poder hacer cumplir la ley. Y ese arma es Pegasus. Llegamos a pensar que, en cierto modo, la idea de la DGT y del estado podía ser de ánimo recaudatorio, pero valóralo tú mismo: Si cada hora en el aire cuesta 4.000€, y a eso hay que sumar la amortización del equipo desarrollado, ¿cuántas multas tendría que poner Pegasus a la hora para ser rentable? Pues más de 10 multas a la hora, o lo que es lo mismo, una multa cada seis minutos.

No es imposible, pero sí muy improbable que logren hacer dinero con el invento.

Así que aquí estamos, con un nuevo invento, del que tienen la cara de vanagloriarse por su "calidad técnica". Una herramienta que sólo sirve para multar, y que hará más complicado conducir si cabe. Ahora no sólo tendrás que mirar la ventanilla del coche que adelantas por si es un radar camuflado, mirar las cunetas, y vigilar el velocímetro de manera constante.

Ahora también tendrás que mirar hacia el cielo... por si las moscas. Pues, por más que digan lo contrario, respetar ciertos límites de ciertas vías exige más concentración en el velocímetro que en la propia carretera.

¿Servirá Pegasus para reducir las víctimas mortales? Lo dudo mucho, lo dudo, de hecho, completamente. Si hay un helicóptero capaz de reducir víctimas mortales, ese es el helicóptero medicalizado, ese que no tenemos en cantidad suficiente en España, y en el que, claro está, no vamos a invertir.

Si de algo servirá será para acojonarnos un poco más, y hacernos pensar constantemente que, a la mínima que nos despistemos, estaremos cometiendo una infracción, y nos multarán por ello.

Y es que ya no es la multa en sí (tal cual están las cosas, al final todo se acaba resolviendo con multas de 100€, sin puntos, y con pronto-pago de 50€), sino la sensación de que el Gran Hermano te está observando, porque simplemente, no se fía de ti.

El problema es que en vías secundarias, con límites a 90 por hora, ir a 120 por hora en una larga recta sin tráfico y con perfecta visibilidad va a salir muy, muy caro.

Concluiré con una apreciación muy personal: Hay dos maneras de "domar" a tus hijos. La primera es educarles y darles la información necesaria, adoctrinarles y explicarles lo que está bien y lo que está mal, crearles conciencia, y que ellos, haciendo uso de ella, tomen las decisiones acertadas. La segunda manera es "pasar de puntillas" por esa fase de concienciación y educación, y luego limitarte a castigarles, perseguirles, gritarles y espiarles porque no hacen lo que deberían hacer.

La DGT, y el estado en general, debería gastar más recursos en formarnos, en concienciarnos, en cuidar la vía y en reforzar límites reales y creíbles. Como llevan décadas sin hacer bien ese trabajo, tienen que usar "la vara" de las multas y las amenazas, para tratar de llevarnos por "el buen camino".

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