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Categorías: Industria

Los efectos de un tratado de libre comercio EEUU-Europa


Factoría de Volkswagen en México

A finales del pasado mes de marzo la Casa Blanca notificó oficialmente al Congreso el inicio de conversaciones con la Unión Europea para tratar de llegar a un acuerdo de libre comercio entre ambas superpotencias. De acuerdo con los procedimientos del gobierno de los Estados Unidos, 90 días después de la notificación, las negociaciones arrancan, por lo que podríamos esperar dos meses y medio antes de que se mueva un solo dedo en este sentido.

Pero un tratado de libre comercio puede significar, en el mundo del automóvil, un cambio radical en la manera de enfocar la producción y la logística de los fabricantes, tanto europeos como norteamericanos.

Un tratado de este tipo será muy beneficioso para las factorías europeas, que podrán exportar a EEUU sin problemas de aranceles

Probablemente el país que, con enorme diferencia, más preocupado tiene que estar por este acuerdo es México. Y es que este país norteamericano se beneficia de un tratado comercial con EEUU, al tiempo que tiene unos costes de mano de obra bajos. Por esto muchos fabricantes germanos han decidido en los últimos años abrir bases de operaciones allí, con la idea de beneficiarse de esas ventajas.

Si se alcanzase un acuerdo de libre comercio, muchos fabricantes europeos, como los del Grupo VAG, podrían replantearse su estrategia para afrontar las ventas al otro lado del charco. Con factorías infrautilizadas en Europa, pero de tecnología punta y con precios de mano de obra no especialmente caros, la producción de ciertos modelos para la exportación podría ser una buena manera para aprovechar la capacidad ya instalada, en lugar de tener que afrontar aperturas costosísimas de nuevos centros de producción.

Claro está que hay otro tipo de problemas logísticos, tales como los costes de transporte de los vehículos de Europa a EEUU, o la fortaleza del euro. Este último punto debería ser tratado especialmente, pues un tratado de libre comercio beneficiaría ahora mismo a las exportaciones genéricas de productos desde EEUU.

Un buen ejemplo de efecto positivo sería la situación en la que se encontraría Fiat. Marchionne quiso cerrar dos o tres factorías italianas, pero tras reunirse con el gobierno italiano y reclamar desde la presidencia de la ACEA medidas de ayuda para eliminar capacidad productiva, se percató que cerrar era "misión imposible".

Por ello decidió que, si no las podía cerrar, las tendría que aprovechar. Italia es un país caro en cuanto a mano de obra cuando se compara con los países de Europa del Este o con México o Chile. Por ello el planteamiento tenía que buscarse a través de vehículos premium con más margen de ganancia. Así las cosas, en Italia se van a fabricar coches para la exportación de Maserati, Alfa Romeo y Fiat (500X). Encontrarse "de regalo" con un tratado de libre comercio sería un premio para Fiat en sus intereses, ya que tendría más margen comercial con el que jugar.

Países como México son los grandes damnificados, ya que ya no serán interesantes productores para las firmas europeas

Las instalaciones de SEAT son otro buen ejemplo como posibles beneficiadas. Y es que podrían ser una opción para la producción de ciertos modelos de Audi que, ahora mismo, se estaban planteando para fabricar en nuevas plantas en Norteamérica.

¿Y qué ganan los estadounidenses en todo esto? La verdad es que la balanza parece favorecernos a los europeos, que con una economía "deprimida", podríamos expotar y dar trabajo a nuestro pulmón y músculo industrial. Hay ciertos riesgos, como el de Ford.

La firma del óvalo azul, bajo la estrategia "One Ford" de modelos únicos para todos los mercados, no necesitaría, por ejemplo, fabricar el Mondeo en Europa para salvar aranceles, y podría importarlo de la misma factoría donde se monta como Fusion. Esto le permitiría ahorrarse dinero y podría costar reducciones de plantilla o cierres en Europa.

A cambio, el gigante General Motors podría buscar nuevos usos para las factorías infra-utilizadas de Opel en el viejo continente, montando modelos de Buick, por ejemplo.

Es pronto, por todo ello, para hacernos una clara idea de lo que todo esto tiene que significar. Pero parece sencillo hacerse una idea clara de que, desde el punto de vista industrial, las marcas de "aquí" ganarán mucho. Los grandes perjudicados son los países que hasta ahora se beneficiaban, como Chile, México o Canadá, que podrían ver cómo la idea de fabricar allí pierde fuerza.

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