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Categorías: Industria, Híbridos, verdes y alternativos

Alemania quiere "excepciones" sobre las normas de emisión de CO2 para vehículos



Como bien recordarás, la Unión Europea quiere forzar a los fabricantes de automóviles a que la media de la flota de coches que vendan tengan emisiones de CO2 de menos de 95 gramos "de media por kilómetro" a partir de 2020. Esto implicará que aquellos fabricantes que vendan dos coches de 200 gramos de CO2 de media por kilómetro en su hoja de especificaciones tendrán que vender unos 4 coches de 50 gramos de CO2 por kilómetro para compensar sus extras de emisiones.

Desde hace tiempo se habla de los "súper créditos". Con ellos, los fabricantes de coches premium, como las firmas alemanas BMW, Audi o Mercedes, tendrían manga ancha para fabricar coches sin límites de emisiones que no contabilizaran para el total de su media de emisiones, a cambio de fabricar coches de emisiones "cero".

La Comisión Europea, en todo caso, marcaba un límite para estos súper créditos, de manera que ningún fabricante pudiera pasarse de 20.000 unidades fabricadas sin límite de emisiones, a cambio de fabricar coches de "ultra-bajas emisiones".

La propuesta alemana busca beneficiar a sus fabricantes locales, para que sigan manteniendo su férreo control del mercado premium sin tener que caer en enormes inversiones

Pero el Gobierno Alemán está moviéndose estos días para tratar de forzar a la Comisión a un cambio de esa regulación, eliminando ese límite de 20.000 unidades para modificarlo por uno que esté directamente relacionado de manera exclusiva con la cantidad de eléctricos e híbridos vendidos por las marcas.

De esta manera BMW, por ejemplo, podría tener libertad para fabricar tantos coches por encima de los 95 gramos de CO2 como coches de su gama i fuera capaz de comercializar a partir de 2020. O incluso más, ya que por cada coche de ultra-bajas emisiones se podrían fabricar más de uno dentro de los súper-créditos.

En un informe interno de la Unión Europea, al que Reuters ha tenido acceso, se revelan los problemas derivados de "saltarse a la torera" ese límite de 20.000 unidades. Y es que el objetivo de colocar un límite de emisiones de 95 gramos de CO2 por kilómetro quedaría en agua de borrajas. No se lograría el impacto en I+D que la UE desea, se incrementaría el precio del combustible ante la creciente demanda por parte de los coches que más gastan, y, a fin de cuentas, no se lograría que la industria del automóvil luchara realmente por una reducción de emisiones práctica.

Bajo nuestro punto de vista, la realidad es tan mala o peor que la que plantea este análisis interno de la UE. Y es que si la Comisión liberaliza esa cantidad de súper créditos, estaríamos cayendo en el tremendo error de dar luz verde a fabricar coches más contaminantes sólo a aquellos fabricantes que tengan el dinero suficiente para lanzar una gama de eléctricos puros y derivados, que no necesariamente tendrían por qué ser rentables en sí mismos, ya que serían utilizados, fundamentalmente, para justificar la existencia de las berlinas más grandes de cada marca.

Esto crearía una situación donde la competencia ya no sería libre en el sector, ya que los tres grandes (Daimler, Audi y BMW) jugarían con la ventaja de poder ser los únicos que estén en condiciones de ofrecer coches de gran cilindrada y gran consumo, eliminando a su competencia directa gracias a estas directivas europeas.

Aunque, por otra parte, fabricantes como Renault, que para 2020 podrían tener buenas ventas de eléctricos, también encontrarían una puerta abierta para meter un pie en las grandes cilindradas, gracias a sus súper créditos acumulados.

Hemos de recordar, en todo caso, que esta normativa de 2020 tiene excepciones para fabricantes de bajo volumen, como Ferrari, Lamborghini o Aston Martin, que no tendrán que acogerse a la necesidad de los súper créditos para seguir haciendo sus súper deportivos de enormes consumos y emisiones.

Con 95 gramos de CO2 de media por kilómetro, los coches tendrían un consumo medio de gasolina sobre los 4 litros cada 100 kilómetros

En todo caso, bajo nuestro punto de vista, abrir la veda a que los fabricantes se dediquen a fabricar coches eléctricos en masa con el único objetivo de poder saltarse las normas de consumo es algo que no debería permitirse, ya que rompería con el equilibrio de fuerzas de ciertos fabricantes. Para nosotros, la mejor solución pasa por una norma estricta e igual para todos, sean esos 95 gramos de CO2 por kilómetro recorrido, o una ligeramente menos ambiciosa (¿105 gramos?), pero que sea cumplida a raja tabla.

Y es que ya no sólo es un problema de emisiones el que tenemos sobre la mesa. Necesitamos reducir el consumo de los vehículos para permitir que los combustibles no se disparen hasta precios que sólo los más pudientes puedan permitirse.

Manteniendo en firme el límite de súper créditos a esas 20.000 unidades por fabricante y año en 2020 además podría servir para que tecnologías como la pila de combustible vean su eclosión en el mercado premium, como solución alternativa real.

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