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Categorías: Lamborghini, Descapotables, Deportivos

Contacto: Lamborghini Aventador Roadster


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[Adaptación de Guille G. Alfonsín sobre la prueba de Michael Harley]

El Aventador Roadster nos dejó estupefactos tras bajarnos de él. Y eso a pesar de nuestra experiencia pelándonos el culo en un montón de maquinaria exótica con centenares de caballos, incluyendo todas las variantes del Gallardo... Pero este aparato de 700 caballos nos dejó con la boca abiernta.

24 horas antes, nos encontrábamos estudiando en el avión, camino de la prueba, todo el material que la marca italiana nos había proporcionado sobre este genial descapotable. Si bien todo parecía espectacular sobre el papel, estabamos preocupados por cómo abrir el techo podría afectar al chasis, y cómo se iba a notar la desactivación selectiva de cilindros para ahorrar combustible.

Pero allí estábamos, a más de 200 por hora a la salida de una de las curvas peraltadas más de 20 grados del circuito de Homestead, y el Aventador Roadster había conseguido ya extinguir todas nuestras dudas sobre si perder el techo habría dulcificado su compostura. Con el corazón latiendo a tope, el cuenta vueltas se acercaba a la zona roja, y nos quedábamos sin habla.






La variante cupé del Aventador ya pasó por manos de nuestro Matt Davis hace un año y pico, y por entonces nos dejó impresionados con la rigidez de su nuevo monocasco en fibra de carbono. Pero eliminar el techo del chasis ha supuesto una caída de la rigidez torsional del 37%.

Pero ¿sabes qué? Durante el contacto, y sin posibilidad de montarnos en una variante cerrada para comparar, nosotros no fuimos capaces de notar diferencias apreciables. Y es que el monocasco cerrado era tan sumamente rígido, que aunque se ha perdido parte de su fortaleza, sigue siendo... extremadamente rígido. Es como si le quitas un 37% del dinero que tiene a Bill Gates... Seguirá siendo extremadamente rico, ¿no?

El techo "tipo paraguas" del Murcielago Roadster ha dado paso, gracias a Dios, a un techo de dos piezas en fibra de carbono, que combina ligereza (menos de seis kilos cada pieza), y además rigidez, ya que actúa como refuerzo cuando lo montas en el coche. ¿Lo mejor? Además cabe en en maletero.



Estéticamente hablando, el descapotable es tan soberbio como el modelo cerrado, pero tiene su propio carácter. Se conservan las puertas de guillotina, y se ganan dos arcos pirotécnicos que emergen en caso de vuelco inminente, para proteger las cabezas de los pasajeros.

El capó del motor cuenta ahora con dos pares de ventanas hexagonales para descubrir el motor bajo ellas, y pintura con dos colores, con el arco del parabrisas y el techo en negro.

Una ventanilla trasera que se puede subir y bajar a voluntad actúa de corta vientos, y también como barrera al genial sonido del V12.



El motor sigue como estaba en el Aventador cerrado, con sus 700 caballos extraídos de sus seis litros y medio y doce pucheros. La zona roja a 8.500 vueltas le hace cantar, y ahora, además, para todos los Aventadores de este año, se integra el sistema de desactivación de cilindros, que funciona por debajo de 150 por hora, con cargas bajas de acelerador, tal y como lo hace en otros modelos de VAG. Suma a eso el Start&Stop y tienes un motor "menos contaminante" y "menos tragón" (comillas necesarias para relativizar esto en un Lambo).

El extra de peso del descapotable, conseguido a base de refuerzos en el túnel de transmisión y las vigas bajo las puertas, es de 50 kilos aproximadamente, pero el 0 a 100 sigue rondando los tres segundos justos, camino de su punta de 350 por hora.



Las llantas de serie son de 19 pulgadas delante y 20 detrás, pero las unidades de pruebas iban calzadas con unas opcionales de 21 pulgadas que daban el cante perfectamente. Y claro, cuando lo ves en vivo, te impresiona y te... ¿acojona? Impone con su anchura, con su (falta de) altura, y con su diseño inspirado en los aviones de caza.



Te "tiras" o "dejas caer" al asiento, ahí, justo sobre el suelo, y te encuentras en un sitio confortable y mucho más amplio de lo acostumbrado en Lamborghini. De hecho, con el techo de "quita y pon" colocado, el espacio para la cabeza es superior que en el modelo cupé.

Encender el coche es como armar la munición de un avión de combate, levantando una tapita y pulsando un botón que hace que el V12 cobre vida y nos inunde con su sonido. Toca entonces elegir el programa de conducción que deseamos, entre los disponibles (Strada, Sport y Corsa).



Olvidándonos del modo Strada, para dejarlo en el camino de vuelta al hotel, nos pusimos con los modos deportivos a dar vueltas al circuito. ¿Diferencias con el Aventador cerrado aquí? Dinámicas ninguna... al menos apreciables. Y es que contra el crono seguro que el descapotable es más lento, pero su tren delantero sigue siendo tan inmediato como en el cupé, y el motor sigue teniendo par y potencia en todas las zonas del cuenta vueltas como para sacarte una sonrisa estúpida de tu boca.



El modo Corsa resulta muy extremo, con cambios de marcha que te sacuden la cabeza y el cuello, y te hacen sentir como si estuvieras a lomos de un misil incontrolable. Pero no es así. El Aventador frena tieso como una vela, traza por donde le dices, y sólo si te pasas con su pedal derecho podrás vislumbrar derrapes o incluso trompos si no estás al tanto de cazar un rapidísimo contravolante.



Y todo esto lo hace, como te decimos, sin pecar respecto al cupé, con el añadido de que el estruendo del sonido motor llega mucho más hasta tus orejas, con lo que te sientes más "dentro de la pomada". Puede que no sea tan rápido, pero como sobra potencia y brutalidad por las cuatro esquinas, no echarás de menos nada del cerrado.

Te permite además disfrutar también del sol, y "chulearte" más si cabe que la variante cerrada. Eso sí, cuesta 67.000€ más, lo que para los bolsillos normales es una barbaridad. Claro que en cifras netas, su precio de 407.000€ lo separa de todo raciocinio "común", ¿verdad?

Puestos a quejarnos, el Aventador se ha vuelto más refinado, más tecnológico. Sigue siendo brutal, bárbaro, comparado con otros coches más técnicos (MP4-12C), pero ya no es tan salvaje como el Murcielago, que era de "la vieja escuela". Los tiempos cambian. Ahora se puede vivir con un Aventador todos los días...


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