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No hay nada como conducir... de verdad



Los videojuegos han llegado para quedarse. De las primeras series de Gran Turismo hasta la actualidad hemos visto cómo el género arcade del automovilísmo ha dado pasos agigantados para acercarse a la simulación, mientras ofrecen niveles de realismo nunca antes vistos.

Pero esto está creando también una generación de aficionados al motor que... nunca conducen de verdad. Mientras pasaba el otro día unas bonitas horas en el AVE camino de Madrid empecé a recapacitar sobre muchas cosas que hemos estado viviendo en los últimos meses, y que ponen cada día más cruda la "cultura del automóvil" tal y como la conocemos, para pasar a un formato mucho más ¿digital? del amante del motor.

Aficionados "digitales"

Hay muchos motivos para que los amantes del volante acabemos asidos a un mando de video consola, tenga forma de volante, tenga forma de pad. Por un lado está el coste de los automóviles pasionales, por otro, el coste de los combustibles. Agrega a eso los problemas legales de conducir "de manera alegre", los riesgos que conlleva, la falta de tiempo y lugares para ello... y de pronto tendrás un cúmulo de razones que te "invitan" a invertir tus dos horas de ocio semanal sobre el motor en una videoconsola, en lugar de hacerlo en la carretera abierta.

Jugar en la videoconsola es más cómodo, y nos propone diversión prácticamente instantánea, donde el 100% del tiempo invertido (salvo desagradables actualizaciones de videojuegos) se invierte en conducir rápido. Se pueden compartir gestas por internet con amigos y compañeros que están en sus casas, y todo sin moverte del sofá.

Se puede "viajar" virtualmente al Nordschleife, a Mónaco, a Laguna Seca... Se puede comprar un GT86, o un NSX sin gastar un euro real...

Comentándolo con amigos y compañeros del sector, conozco a más de uno (de dos y de tres) que habiendo invertido dinero en coches de carreras y coches clásicos para disputar pruebas "de verdad", han acabado montándose su pequeño "simulador" casero, y ahora están, como poco, contentos con el resultado, pues pueden aprovechar sus ratos libres, sea la hora que sea, sin todas las pegas de correr de verdad.

Porque correr es para ricos

Porque el deporte del motor, lo pinten como lo pinten, está diseñado para gente pudiente. Es verdad que los que no manejamos seis cifras en la cuenta corriente también podemos intentar meternos a correr alguna prueba suelta, pero la realidad es que aguantar una temporada, sea en circuitos, sea en rallyes, sea con clásicos, es una actividad extraordinariamente cara, donde pierdes dinero por cada kilómetro que recorres.

Seguros, licencias, hoteles, dietas, imprevistos, ropa, equipamiento... Todo es una fuente de gasto que, a la postre, resulta difícil justificar si no te sobra el dinero y el tiempo.

Desgraciadamente, en el mundo del automovilismo siempre ha sido así, y en España parece que nada va a cambiar a corto plazo. Y es que correr una carrera de circuitos en un campeonato nacional "básico" te puede costar un mínimo de 4.000€... ¿Quién puede afrontar cifras como esas para un simple divertimento?

En otros países, como Reino Unido, donde existen "circuitos de club" y tandas populares cada fin de semana, así como carreras "low-cost", las cosas son bastante más sencillas, y te puedes divertir con algo menos de dinero, pero en todo caso, seguimos ante un mundo caro, muy caro.

El sabiondo "digital"

Puede que con tu coche preparado ruedes en seis minutos en el Nordschleife digital, pero créeme si te digo que no es porque seas "un genio", sino porque el videojuego está muy, muy lejos de la realidad

Y todo esto nos lleva a ver cómo a los que les gustan los coches ya no son esos que tratan, por todos los medios, de hacerse un hueco en el mundo de las carreras de verdad, o los que se hacen hueco en los tramos del rally regional. Ahora muchos de ellos se contentan con disfrutar de los videojuegos y los simuladores.

Aquí es donde se crea ese "trol de internet", ese sabiondo "digital" que aparece en todo aspecto de la vida "dos punto cero". Ese que sólo vive los coches digitales, y apenas ha conducido en la realidad.

Y esto es donde la curva de la realidad toma formas realmente extrañas. Prestando y analizando el panorama actual, no te costará encontrarte a "entendidos" que juzgan coches por cómo van en videojuegos, con argumentos tan aplastantes como "yo ya lo he probado en Laguna Seca, y ese coche se va de atrás", o "el BRZ no anda nada en medios, ya lo vi en Tsukuba el otro día". Ostras, ¿de verdad hay tanta gente viajando probando coches? Ah, no, que los han probado en el videojuego, y se están creyendo que, viendo lo que ven en la maquinita, están haciéndose una idea real de cómo va el coche en el mundo tangible.

Hablábamos el otro día de los tiempos que podía lograr el "nuevo Enzo" de Ferrari en el Nordschleife de Nürburgring: rodar en seis minutos y algo, y me encontraba con varios sabiondos digitales contándome que "esos tiempos no son nada" para luego agregar "yo con mi Evo preparado en Gran Turismo 5 doy la vuelta en cinco minutos y medio", para luego añadir "yo me lo mearía".

Pero, ¿de verdad es el mundo virtual un reflejo de la realidad? Yo me he cansado de negarlo, pero alguno me alega que "Lucas Ordoñez es un ejemplo de lo cerca que está GT5 de la realidad". Que nadie lo olvide, Lucas corría en Fórmulas y en Karting antes de meterse en el lío de la GT Academy, y si está donde está es porque ya era bueno.

Dos mundos muy alejados, al menos de momento

Pero, ¿tan diferentes son entonces los videojuegos y la realidad? Pues depende de cómo lo mires. Hay muchas cosas para las que vienen bien los videojuegos, por ejemplo para aprenderte las trazadas y los ritmos de un circuito antes de llegar a él, ya que de esa manera llevas avanzada una parte del trabajo.

Puedes hacerte una idea muy genérica de cómo será estar allí, y puedes ahorrarte esas primeras vueltas de instalación despacito donde encontrar por dónde conviene tomar tal o cual curva.

Pero la realidad es que, salvo los simuladores profesionales de los equipos de carreras (y aún así siguen estando a cierta distancia de la realidad), los GT5, Forza y demás "arcades" (RFactor jugaba en una liga algo diferente) están a años luz todavía de lo que es "meterse en un coche".

La realidad virtual todavía no puede generar fuerzas G, no puede hablarnos a través del sentido del equilibrio de nuestros oídos, de nuestra visión periférica, del sonido y del olor de montarse en un coche. Nuestro GPS incorporado en el cerebro, colaborando con el sentido del equilibrio y con las aceleraciones que sentimos nos permiten llevar el coche en la vida real de una manera que, hoy por hoy, un videojuego ni se acerca a proporcionar.

Y no, no se pueden eliminar esos factores de la experiencia de conducción, porque forman parte no sólo integrante de la misma, sino parte fundamental e insustituible.

Por eso, cuando llegas al auténtico Nürburgring Nordschleife y ves aquella cuesta enorme a través del bosque de Adenau, ese cambio de elevación brusco que te tapona los oídos, esa fuerza centrífuga que te sacude en el carrusel... Todo eso no se puede replicar, no se puede transmitir a través de un videojuego.

Los simuladores son una herramienta más para los pilotos, para prepararse y entrenarse, pero no hay nada que sustituya a la experiencia real de dar vueltas en el circuito. A nivel del apasionado, el videojuego, e incluso el simulador, es un buen sustitutivo de la "droga dura" que es conducir rápido y sentir la adrenalina, pero como todo sustituto digital, no deja de ser un mero parche para tratar de aliviar el mono que uno tiene cuando se ha bajado de un coche rápido en un circuito o en un tramo.

Pero es que no hay nada como conducir de verdad...

Vamos, que hoy por hoy, sigue sin haber nada que transmita la auténtica sensación de conducción real que sentimos al volante de un buen coche, en una buena carretera, circuito o tramo. Porque es como comparar ver fotos de las vacaciones con irse de vacaciones: la imagen puede ser la misma, pero la foto no es capaz de hacernos sentir esa brisa costera y el ruido de las olas barriendo una y otra vez, repetitivamente, la arena de la playa.

Desgraciadamente, tal y como demuestra estudios recientes, las juventudes, cada vez más, prefieren vivir en lo digital, en lo intangible, en las realidades paralelas, a sentir "la realidad tangible", perdiéndose con ello parte de esas emociones que algunos hemos tenido la suerte de descubrir.

Decían que en Japón se teme una enorme contracción del mercado doméstico de deportivos por esas razones: los jóvenes ya no quieren coches de verdad, se conforman con utilizar sus equivalentes en la PlayStation...

Y no, no tiene nada de malo jugar a videojuegos y soñar. Pero créeme, amigo mío, merece la pena sentir y vivir "la realidad analógica de conducir y disfrutarlo". No necesitas un coche caro, sino uno espirituoso, y no necesitas un circuito o un tramo cerrado, sólo una carretera "digna", con curvas y con un buen paisaje que recordar. La velocidad no ha de ser peligrosa o ilegal, solo "la suficiente". Son esas experiencias que te cambiarán la vida, y que recordarás el resto de tu vida. Porque seguro que no se te quedan marcadas en tu mente las carreras de la videoconsola como momentos tan encomiables de tu juventud, de "aprovechar cada minuto", como si te subieras a tu puerto de montaña más cercano.

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