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Categorías: Chevrolet, Pruebas, Sedanes, berlinas, segmento D

Contacto: Chevrolet Malibu 2.0 VCDI 160 CV LTZ


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Con la llegada del Malibu al mercado europeo, podemos dar por terminada la renovación de la gama Chevrolet. Durante los últimos años General Motors ha trabajado en productos más genéricos con la intención de poder comercializarlos en prácticamente cualquier lugar del planeta, dejando atrás los anteriores modelos de origen Daewoo.

El Malibu ocupa el lugar que hasta el 2011 estaba cubierto por el Epica. Aunque pudiera parecer sencillo sustituir al que en su mercado original se le bautizó como Daewoo Tosca, lo cierto es que las cosas no son tan fáciles. El Epica siempre tuvo "su mercado" entre aquellos usuarios que buscaban la mejor relación equipamiento-habitabilidad-precio, dejando a un lado otros factores como la calidad de los materiales o la imagen, bastante anodina dicho sea de paso.

El salto cualitativo del Malibu queda patente al primer vistazo y se corrobora una vez se pasa al habitáculo o se conduce. Sin embargo todas esas mejoras ha provocado que el precio final sea mucho más elevado y quede excesivamente cerca de otros productos del segmento D, especialmente ahora que las ofertas y promociones invaden cualquier segmento del mercado para poder dar salida al stock acumulado en las campas.

La nueva berlina de Chevrolet se comercializa en prácticamente todos los mercados mundiales sin cambios en el diseño, y sólo la oferta de motores y ciertos detalles de equipamiento diferencian a las unidades matriculadas en los distintos países. Tan sólo en Australia y Nueva Zelanda el Malibu lleva el sello de Holden, algo lógico teniendo en cuenta que Chevrolet como marca no está presente.

En España el lanzamiento del Malibu tuvo lugar durante el verano del 2012. Durante una semana he tenido la oportunidad de conducir una unidad equipada con el motor 2.0 VCDI de 160 CV, cambio manual de seis velocidades y el nivel de terminación LTZ, el más alto de la gama. ¿Quieres conocerlo más a fondo? Te aconsejo que sigas leyendo pues en ciertos aspectos ha sorprendido y para bien.




Exterior

El nuevo Malibu es grande y tampoco trata de disimularlo. De corte clásico, tiene empaque y rezuma elegancia

Si te gustan los coches grandes, relativamente exóticos y al mismo tiempo discretos, quizás el Malibu pueda encajar entre los candidatos. Al primer vistazo es una berlina que gusta, tiene estilo y destila elegancia por los cuatro costados. El frontal queda presidido por el logotipo de la marca mientras que las ópticas delanteras muerden parte de las aletas para añadir un toque dinámico.

Visto de perfil no puede disimular sus dimensiones. Supera holgadamente los 4,8 metros de longitud y sus formas tampoco son de las que tratan de esconderlo, algo muy lógico en un automóvil que se considera normal en Estados Unidos. La línea lateral ascendente es una de las señas de identidad de este Chevy.

Posiblemente la parte que más gusta del Malibu sea la trasera. Con cierta inspiración "Camaro", tanto los grupos ópticos como la tapa del maletero formando un pequeño alerón en su parte superior le confieren un aire distinguido y personal que no pasa inadvertido. La matricula queda enmarcada en el paragolpes y no la tapa del maletero como en el Epica, marcando todavía más las distancias entre ambos.




Interior

Si por fuera es conservador y elegante, en el habitáculo la originalidad tiene cabida en las formas del salpicadero. Las salidas de aire dibujan una línea horizontal que se extiende horizontalmente y divide la parte superior del resto. Se incluye una pequeña lámina cromada muy fina que resalta el diseño mientras que para la consola central, el plástico en negro lacado es el elegido.

Si bien por la calidad de los plásticos no destaca, el Malibu cuida otros aspectos como la presentación o el nivel de equipamiento, muy completo en este nivel LTZ

Las zonas superiores están terminadas con plásticos blandos muy agradables al tacto, siendo duros en la mitad inferior y en algunos casos, excesivamente sensibles a ralladuras. Buscando en las zonas más escondidas, hay ciertos detalles mejorables (por ejemplo la parte inferior de los asientos) o la ausencia de salidas de aire directas y regulables para las plazas posteriores.

Lo que sí me ha gustado es la iluminación ambiental elegida. En tono azulado, recorre la zona central del salpicadero y se extiende por las puertas. También el tacto de los mandos principales es agradable y hay muchos huecos repartidos en el interior para dejar objetos. Uno de ellos se esconde tras la pantalla multifunción del sistema de sonido y tiene una presentación estupenda, con luz y suelo de goma. Este material sí se echa de menos en las bolsas de las puertas, bastante aprovechables pero con el problema de que cualquier objeto pequeño está en constante movimiento (si estuvieran forradas esto no ocurriría).

La instrumentación del Malibu es atractiva y presenta un diseño de inspiración Camaro. La información ofrecida es la habitual (velocímetro, tacómetro, nivel de gasolina y temperatura del líquido refrigerante) y se completa con un ordenador de viaje en el que se ofrecen datos relativos a los consumos, velocidad media, presión de los neumáticos, calidad del aceite e incluso un velocímetro digital adicional.




El sistema de navegación es de serie en todos los Malibu comercializados en España. La pantalla táctil es sencilla de manejar, rápida y cuenta con muchas funciones interesantes como la posibilidad de planificar rutas, visualizar fotos, introducir puntos de interés poco habituales, etc. Es una pena que usando la navegación las indicaciones más importantes no se reflejen en la pantalla LCD de la instrumentación. Tampoco parece muy normal que no se cuente con una cámara de visión posterior cuando por ejemplo el Cruze LTZ la lleva de serie. Suponemos que en el futuro terminará llegando.

Si buscas una berlina amplia, el Malibu puede resultarte interesante. Es de los mejores por espacio en las plazas posteriores y el maletero parte de unos buenos 545 litros

En cuanto al equipamiento, en este nivel LTZ no se echa de menos prácticamente nada. De serie incluye los faros de xenón, tapizado en piel, asientos eléctricos y térmicos, climatizador automático de dos zonas, acceso y arranque sin llave, llantas de aleación de 18 pulgadas e incluso el mantenimiento gratuito durante tres años. Si todo esto te sobra, el nivel LT+ puede ser la elección, pues cuesta 2.455 € menos y lleva lo imprescindible (climatizador monozona, ordenador, control de velocidad, llantas de aleación de 17 pulgadas, freno de mano eléctrico, etc.). Los precios con el descuento actual incluido (pero sin el Plan PIVE) son de 26.460 € para el LT+ y 28.915 € para el LTZ.

La habitabilidad es una de las virtudes del Malibu. En las plazas delanteras la anchura es excelente y el puesto de conducción está bien configurado, con todos los mandos muy a mano. Aunque pueda parecer que la consola central tiene bastantes botones, son muy intuitivos y de tamaño generoso, lo que facilita no equivocarse (en el Insignia hay que prestar más atención por ejemplo).

En las plazas posterior el espacio longitud es muy bueno y la anchura de las mejores del segmento (1,40 metros). El problema para un posible quinto pasajero está en la mayor altura del asiento y un mullido más duro, haciendo que viajar durante muchas horas pueda ser incomodo. Como decía más arriba, estas plazas no cuentan con salidas de aire regulables, algo raro en un coche de este segmento.

Por último mencionar que el maletero parte de unos estupendos 545 litros de capacidad ampliables si se abaten los respaldos de los asientos posteriores (60/40). Más allá del volumen, merece la pena resaltar que sus formas regulares permiten una rápida colocación de la carga. Siendo muy crítico, quizás el escalón existente entre el borde de carga y el suelo del maletero resulte algo grande y complique la tarea de sacar objetos pesados.



Mecánica

Para poner en marcha el motor del Malibu sólo es necesario pisar el freno y presionar el botón "Start". En frío se nota que es un diésel por el sonido, pero no por el nivel de vibraciones. Una vez toma temperatura la sonoridad se reduce y, desde el interior, no se percibe ni en aceleraciones fuertes, lo que dice mucho del buen trabajo en aislamiento realizado.

El motor de dos litros destaca por la suave entrega de potencia y sus consumos muy ajustados. No suena mucho y es capaz de mover con soltura los 4,8 metros del Malibu

He de reconocer que cuando me puse delante del Malibu me vino a la mente el consumo. Imaginaba que hacerlo bajar de los 7,0 L/100 sería misión imposible, pero no. Una de las sorpresas de esta enorme berlina es su bajo consumo en carretera y autovía. En el ya clásico trayecto entre Madrid y Marbella, a una velocidad media de 114,6 km/h, la cifra obtenida fue de 5,7 L/100 reales (5,5 L/100 por el ordenador). Es un dato muy bueno para su nivel de potencia, peso y dimensiones. Por regla general los modelos de este segmento que he probado en las mismas circunstancias no bajaron de los 6,0 L/100.

En ciudad el consumo tampoco es alto, pero habría sido mucho mejor de haber contado con el sistema de arranque/parada del motor. Es raro que no lo tenga, sobre todo teniendo presente que es un modelo moderno. Chevrolet ya comunicó que habría un Cruze de dos litros con Stop&Start por lo que es posible que también termine llegando al Malibu.

Con 160 CV de potencia y un par de 350 Nm a partir de 1.750 rpm, esta berlina se mueve bien. Resulta suave y lineal en la entrega siempre y cuando no baje de las 1.800 rpm. En combinación con el cambio manual de seis velocidades, es fácil mantener ritmos elevados con el motor girando a un régimen bajo, lo que reduce el consumo y la sonoridad. Pese a todas estas virtudes, en prestaciones puras está en un nivel intermedio sin destacar entre sus rivales. Por ejemplo para pasar de 80 a 120 km/h en cuarta son necesarios 7,3 segundos cuando los mejores de la categoría y potencia similar lo hacen en 6,5-6,8 segundos.



En marcha

Lo mejor del Malibu es su comportamiento rutero. En autovía resulta silencioso, transmite seguridad y gracias a los confortables asientos, no importará cuantos kilómetros queden para llegar al destino. El tacto de la dirección gusta por el grado de asistencia y aunque no es muy comunicativa, cumple con su función correctamente. El único "pero" es que en ciertas ocasiones tiene una excesiva tendencia al autocentrado. Esto ocurre especialmente a velocidades bajas y en vías con constantes cambios de giro.

Y precisamente es en montaña donde el Malibu no se encuentra muy cómodo. Ni su tamaño ni el peso le pasan factura, pero tiene un eje posterior que al límite se deja notar y obliga a levantar el píe del acelerador para que no pierda la compostura. Circulando a ritmos normales, se mantiene impasible y no dará ningún susto así que esto no debería representar un problema para el cliente "tipo" al que va dirigido.

Cómodo, estable y seguro, va dirigido a un público tranquilo aunque si llegan las curvas, no es demasiado torpe. El eje posterior se vuelve algo delicado al límite, pero para llegar a ello hay que buscarlo

El mayor cambio en relación al Epica está en el calibrado de las suspensiones. Olvida los balanceos interminables de la carrocería que a cambio brindaban con una estupenda suavidad al superar las irregularidades. Ahora el Malibu es capaz de presumir de un buen compromiso entre confort y contención de las oscilaciones. Sólo en los baches más profundos puede resultar algo seco si se va sentado en las plazas traseras, pero tampoco es algo que deba preocuparte al ser algo común en muchos coches del segmento.

Más cómodo que el Malibu pueden ser el Citroën C5 o el Volkswagen Passat, este último sólo si lleva la suspensión de serie. Con la deportiva no filtra mucho mejor y si está asociado al acabado R-Line, es claramente más incomodo (y más eficaz). En relación confort-eficacia, me ha recordado al Skoda Superb y me parece mejor que un Kia Optima y Renault Latitude. Este último comparte con el Chevy un cierto nerviosismo del eje posterior en ciertas ocasiones, pero en el francés llega mucho antes y de manera inesperada.

En ciudad, el Malibu me ha sorprendido por lo ágil y poco aparatoso que resulta. Y esto es algo llamativo en una berlina de 4,8 metros de longitud. A la hora de estacionar desde el puesto de conducción "se controlan" bien las esquinas y el asistente posterior ayuda a evitar posibles golpes con bolardos u objetos de poca altura. Resulta raro que no tenga cámara posterior, pero tampoco me ha parecido imprescindible. Al circular en garajes y parkings complicados, el buen radio de giro ayuda a maniobrar entre columnas o a dar "giros imposibles".

Por último comentar que la iluminación es correcta con el equipo de serie. No lleva faros direccionales ni el cambio automático de cortas/largas, pero sí tiene las ópticas de xenón. La luz diurna corresponde a una bombilla halógena poco llamativa. Es una pena que no hayan incluido unos LEDs ahora que están tan de moda.



Conclusión

En términos generales el Malibu se ha mostrado como una berlina agradable en el día a día, confortable, parco en consumos, con un interior muy amplio y un maletero grande. La calidad de realización no destaca en comparación con sus rivales y su precio tampoco es bajo, pero juega la baza del equipamiento para compensarlo.

En relación al Epica hay un mundo aunque es justo decir que no lo tendrá fácil. Se echa de menos en la gama una versión de acceso, con menor potencia y algo menos de equipamiento que permitiera tarifas competitivas. Y es que no todo el mundo quiere el navegador integrado o las llantas de aleación de 17 pulgadas que lleva el LT+, y tal y como están las cosas en las carreteras, con un motor de unos 140 CV podría cumplir con las expectativas de muchos usuarios.

Lo que está claro es que se trata de un vehículo exótico, aparente, de buena presencia y muy elegante. Si tendrá el favor del público o no lo veremos en los próximos meses.



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