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Mil curvas para un destino: Capítulo 05 - Montando un sueño



Guía de episodios

Tras más de un mes de espera, por fin llegó el día que Pepe estaba esperando. Aquella mañana de jueves volvía al taller de Norauto donde trabajaba la carrocería "pelada" de su 205, con las barras de seguridad ya instaladas y soldadas en su lugar. Como si fuera un lienzo en blanco, Pepe comenzó a imaginar cómo sería vestir aquel esqueleto que tanto dinero y sufrimiento le había costado poder financiar, pero que comenzaba a tener todo el buen aspecto que esperaba de su nuevo coche de... ¿carreras?

Tras descargar la estructura cuidadosamente del remolque y colocarla en un bastidor basculante para poder ir instalando los componentes, Pepe se apartó ligeramente y observó atentamente su "obra inacabada". Una ligera sensación de orgullo recorrió entonces su espalda, algo que hasta la fecha no había sentido por su 205. Había desaparecido la vergüenza de tener un coche que se caía a cachos, y ahora estaba empezando a saber lo que sentiría por su nuevo y remozado utilitario deportivo francés.

Con el orgullo todavía presente, decidió que era el momento de ir a buscar a Javi al bar, para enseñarle lo bien que había quedado la primera fase de la construcción de su coche de carreras.

Al llegar al bar de Javi, allí estaba el camarero, con la misma sonrisa de siempre plantada en la cara.
- Qué, cómo lo llevas - Le preguntó
- Pues me acaban de traer el 205... La carrocería, vamos. ¿Te apuntas a verlo?
- Por supuesto
Salieron los dos disparados al taller, y allí, lleno de cierto orgullo, con sonrisa ciertamente algo estúpida plantada en el semblante, Pepe ejerció de maestro de ceremonias, mostrando su recién recuperado 205. O más bien la carrocería del mismo.
- ¿Esto es todo? - Dijo entre carcajadas Javi - Anda que no te queda trabajo todavía. Lo que tienes que hacer es venirte esta tarde conmigo, que vamos a terminar de darle un repaso a mi Ibiza, que lo tengo ya casi terminado en el taller.
Pepe se quedó con cierta cara de póquer, mientras veía cómo Javi volvía a desprestigiar al pequeño 205 y reírse de algo que, para él, estaba costándole un montón de trabajo. En todo caso, miró al dueño del Ibiza y asintió con la cabeza, aceptando la idea de ir al taller. A fin de cuentas, Pepe quería aprovechar cada minuto de taller y cada experiencia para aprender lo máximo posible de cada coche de carreras.

Para pagar el arreglo de la carrocería y la jaula de protección para casos de vuelco, Pepe había estado trabajando horas extra y doblando turnos, sumando fines de semana cuando podía, para conseguir suficiente dinero. Este ritmo de vida le estaba pasando factura, y tenía ya un montón de cansancio acumulado, pero el resultado parecía valer la pena... Al menos hasta que la chulería de Javi le había vuelto a devolver al mundo real, ese donde el pobre 205 estaba todavía alarmantemente incompleto, y quedaban meses para poder siquiera arrancarlo.

Aquella tarde, al salir del trabajo, Pepe se encontró con el Subaru de Javi, y juntos fueron al taller especializado más famoso de la zona. En él se agrupaban un montón de coches turbo, alemanes, preparados, y algunos coches de carreras que estaban siendo puestos a punto.

Sobre un elevador estaba el Ibiza amarillo, que ya lucía perfectamente arreglado. Estaba con la alineadora ajustando los reglajes de la suspensión.

Pepe miraba a izquierda y a derecha, viendo un Evo X a un lado, con una farera de fibra de carbono, una jaula de seguridad y todo lo necesario para lanzarse a un rally del nacional. Un poco más adelante había un WRX STI de carreras, azul, como tiene que ser, con las llantas doradas, y también lleno de equipamiento que valía más por si solo que diez 205 como el suyo.

Hasta había un 124 FU 2000 aparcado al fondo, con su color rojo característico, con barras y con un equipo para rallyes de regularidad.

Si existía el paraíso, Pepe tenía la sensación de acabar de entrar en él.

Mientras nuestro protagonista seguía en su burbuja, Javi se apresuró a hablar con el jefe de taller, que le comenzó a enumerar la enorme lista de piezas que había tenido que cambiar para dejar el Ibiza como estaba antes del accidente.

Tras un buen rato elaborando una interminable factura, la Epson comenzó a imprimirla, y tras cuatro páginas, Javi la recogió para mirarla.

Por encima de su hombro asomaban los ojos curiosos de Pepe, que atisbó a ver el total: 6.500€, repartidos entre sesenta horas de mano de obra, carrocero y pintura, y el resto a base de piezas de recambio.

Pepe reflexionó por un momento... "Menudo palo le van a dar, si esto me pasa a mí a ver cómo lo pago".

A Javi parecía no perturbarle demasiado la situación, e impasible sacaba un sello del bolsillo, firmaba y matasellaba abajo la factura. Miraba al jefe de taller y le decía:
- Te haré una transferencia esta semana desde la cuenta de siempre.
Pero mientras Javi hablaba con el encargado, los ojos de Pepe habían pasado del pie de la factura al sello que había usado Javi, y luego a la primera página.
Demonios - pensó Pepe para sí - ¡Si la factura va a nombre de la federación y la ha sellado con el sello de la escudería!
Por un momento, la mente de Pepe se cortocircuitó, y creyó darse cuenta de que ahí había algo más que intereses escondidos. Mientras bajaban el Ibiza del elevador, Pepe dudaba si preguntarle a Javi por la factura, pero la sensación de estar metiéndose en donde no le llamaban le coartaba a no hacerlo.

Tras poner el coche sobre la plataforma del remolque y atarlo a la bola del WRX, un choque de manos entre el jefe del taller y Javi fue la despedida de aquel genial edén de coches rápidos. Pero Pepe no se iba de allí enamorado, sino contrariado.

Mientras él tenía que trabajar horas extra para intentar arreglar su desvencijado y recién adquirido 205, veía cómo un "amigo" suyo se aprovechaba de su situación para granjearse las reparaciones de su Ibiza. Tal vez hubiera algo que se le escapaba a Pepe, tal vez, por más oscuro que le pareciera, alguna explicación justificase aquella maniobra financiera de Javi. Al menos así lo quería pensar y autojustificarse nuestro protagonista gallego, tal vez demasiado joven todavía para darse cuenta de los intereses que había de por medio en algunas "altas instancias", deportivas y no deportivas.

Antes de que Pepe dijera nada, en un gesto inesperado, mientras todavía volvían en el Subaru hacia la casa del aprendiz de ingeniero, Javi arrancó una charla.
- ¿Ves? Estar en la federación y tener buenos contactos te permite ahorrarte dinero en estos casos - Aseveró Javi, que sabía que Pepe había visto algo raro.
- Ya veo ya... - Dijo con voz entrecortada Pepe
- Lo que tienes que hacer es seguir colaborando con nosotros... Ya sabes, un día por ti, otro día por mí. Esto funciona así. A fin de cuentas, ¿no están las ayudas a federaciones deportivas para ayudar? A mi me ayudan, jejeje
Pepe no sabía qué decir, así que prefirió callarse. Se despidió como siempre de Javi y subió a su casa a darle a termodinámica y matemáticas, pues por más que los rollos económicos y financieros de la federación le sorprendieran, a él le quedaba mucho más cerca otro tipo de problemas: aprobar todas sus asignaturas si no quería tener que dejar su carrera precipitadamente.

Por Guille G. Alfonsin (@GuilleAlfonsin). Ilustraciones por Raquel G. S.

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