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Categorías: Toyota, Compactos segmento C

Prueba Toyota Auris 120D - Al volante

Al volante


En diseño y versatilidad, por espacio a bordo y facilidad de uso, el Auris II no tiene porque temer al Golf. Es cierto que en cuestiones de acabados del habitáculo, éste se queda muy atrás con respecto a la competencia europea y asiática. El último punto en el que el Auris debe demostrar que ha cambiado para imponerse como una alternativa a los sospechosos habituales del segmento es en el apartado dinámico.

Este 2.0 litros diésel desarrolla 124 CV a 3.600 rpm. Se ha mostrado agradable en el uso diario. No es especialmente ruidoso, sabe mostrarse discreto en términos de volumen sonoro aunque este apartado siempre se puede mejorar. De hecho, si llevasen el aislamiento acústico del diésel un poco más lejos, se correspondería perfectamente con la vocación de discreción, en el sentido de tranquilidad, que muestra el Auris en su comportamiento dinámico. 2.0 D-4D y cambio manual de 6 relaciones, de agradable manejo, forman una pareja que permitirá moverse con relativa holgura en el tráfico.

La sobrealimentación de doble entrada permite al 4 cilindros entregar 310 Nm desde 1.600 hasta 2.400 vueltas. Esto se traduce en unas aceleraciones francas para salir de los semáforos y que se sitúan dentro de la media. El 0 a 100 km/h se efectúa en 10 segundos. En el ejercicio de las recuperaciones de 80 a 120 km/h, en cuarta marcha, el Auris sale con buena nota, pues ha tardado 8 segundos. Sin ser fulgurante, este tiempo demuestra la gran flexibilidad del motor 2.0 D-4D. Con unos desarrollos de cambios un pelo más cortos el tiempo sería mejor y se apreciarían mejor las cualidades del motor. De todos modos, como compacto y coche para todo, en este sentido el Auris II es un coche logrado y que cumple muy bien con esa misión. El cambio permite explotar de la mejor manera el par motor disponible en ciudad sin que se vea penalizado en autopista con las dos últimas marchas largas. Aquí, está claro que el adelgazamiento generalizado (menos 50 kg de media) del Auris II con respecto al anterior ayuda. Lo que se traduce también en unos consumos bastante comedidos, hablamos de unos 6 l/100 km; algo más siendo un tanto agresivos, pero esa no es la filosofía del Auris.



En el ejercicio de las recuperaciones de 80 a 120 km/h, en cuarta marcha, el Auris sale con buena nota, pues tarda 8 segundos. Sin ser fulgurante, demuestra la gran flexibilidad del motor 2.0 D-4D.

El nuevo Auris conserva una dirección asistida eléctrica, pero dispone de una desmultiplicación más directa (13,3 en lugar de 14,4) que le permite ofrecer así un radio de giro más corto. El principal cambio, sin embargo, se aprecia desde los primeros minutos. Es más directa, sí, pero ha gana en precisión a pesar de su ligereza excesiva si buscas un coche con el que hacer algunas curvas de manera muy ocasional. Su tacto es suave, directo y con cierta precisión, pero obvia información.

La dirección está aquí en sintonía con las suspensiones del Auris. Detrás, el Auris cuenta con un sistema de suspensión multibrazo en los modelos de gasolina de 1.6 litros, diésel de 2.0 litros (como el que probamos aquí) e híbridos, mientras que el modelo diésel de 1.4 litros lleva suspensión trasera de eje torsional. Además, numerosos componentes de la suspensión MacPherson delantera han sido revisados, como el diseño del anclaje superior, el tope de suspensión, el muelle helicoidal y los amortiguadores. Éstos se han endurecido y se han ajustado para ofrecer un mayor confort de marcha a la vez que un cierto dinamismo.



Y es algo que realmente se aprecia a su volante. Es sin duda uno de los coches más cómodos de su segmento, claramente el confort de marcha ha sido una de las prioridades de los ingenieros, pero el control del balanceo de la carrocería no fue una de ellas. El coche se mantiene en su trayectoria; hace gala de una buena estabilidad, el morro no es excesivamente subvirador y el tren trasero sigue al delantero, pero los movimientos de carrocería no son muy controlados que digamos. Hay incluso un ligero fenómeno de rebote en compresión en apoyo al tomar curvas cerradas con decisión.

Querer llevar el Auris como lo haríamos con un compacto de corte deportivo sería un error. No está pensado para ello. En él, todo es confort, suavidad, relajación y refinamiento acústico. Visto así, el Auris es buen coche. El problema es que hay modelos, como el Ford Focus o el Seat León, que saben combinar ese refinamiento acústico con un chasis capaz de aportar un atisbo de diversión al padre de familia después de haber dejado los niños en el cole. Y es algo que en Europa, incluso sin ser un fan de automovilismo, gusta.

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