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Mil curvas para un destino: Capítulo 03 - Un día en las carreras



Índice de capítulos

Puede que hayas visto una y mil carreras por la tele. Puede que te hayas leído toneladas de libros y revistas. Pero hasta que no te metes en una a vivirla "desde dentro", no sabes realmente de qué va todo el mundo de las carreras del motor. Pepe, nuestro protagonista, llevaba años como aficionado a los coches, pero nunca había tenido la oportunidad de vivir el mundillo y el ambiente que acompañaba a los coches de carreras.

Con el 205 mandado al carrocero a repasar, Pepe aprovechó un par de días para descansar, estudiar y ponerse al día del mundo "exterior", ese del que durante tres meses había estado voluntariamente aislado, a cambio de dedicar todo su tiempo a su pequeña ¿joya?

Aprovechó el siguiente jueves para pasarse por la tarde por el bar de Javi, del que te acordarás como el dueño del bar que tenía el Impreza STI, y que trabajaba a pocos metros del Norauto donde Pepe pasaba sus horas laborales. A estas alturas de la película, Pepe valoraba mucho las opiniones de Javi. A fin de cuentas era el presidente de una escudería local de carreras, y tenía un cargo en la federación automovilística de la comunidad autónoma. Por todo ello nuestro protagonista sabía que era una buena fuente de información con la que nutrir su intelecto automovilístico de cara a sus opciones para acabar corriendo alguna vez con el Peugeot, si es que era capaz de pagar las barras y el resto de piezas, que todavía no tenía muy claro cómo afrontar.

Antes de entrar al bar, se paró un momento en el parking para observar el flamante WRX STI azul con llantas doradas que dormitaba a la espera de que su dueño saliera a conducirlo. A Pepe le seguía extrañando que un camarero pudiera pagar semejante aparato con un salario "normal"...
- Hey, que cuentas, Javi - espetó Pepe al entrar al bar
- Aquí andamos, trabajando, como siempre... ¿dónde has dejado tu trasto francés? - contestó Javi
- Está en el carrocero, a ver cuándo lo terminan, y a ver cómo pago las barras de seguridad...
- Ya te dije que era mejor que gastaras el dinero en alquilarme un coche de carreras, en lugar de comprarte esa "cosa"
Tras un rato de charla animada, en la que Javi no paraba de insultar entre risas y sarcamos al coche que Pepe se había comprado, el tema giró más sobre lo económico.
- Oye, ¿y con qué piensas pagar todo eso? - preguntó el camarero
- Pues no tengo ni idea... si te digo la verdad, porque voy realmente corto
- Te podríamos ofrecer algunos ratos para trabajar en el bar...
- Ya, pero es que no tengo tiempo, con la universidad y el taller no me queda tiempo libre, así que no me queda otra que seguir así, e ir ahorrando poco a poco, porque la lotería ya sé que no me va a tocar - exclamó con una risa entremezclada con preocupación Pepe, para agregar - Oye... ¿y en la federación no necesitan comisarios o algo así por lo que paguen?
- Pues mira, comisarios siempre nos hacen falta, pero no se os paga nada... En todo caso, no te vendría mal venirte a una carrera y conocer un poco cómo se mueve esto. Yo te lo enseño, ya sabes que en esto soy el "rey", y te puedo explicar muchas cosas...
- Pues trato hecho, me apunto, ya me dirás cuándo es la próxima carrera - contestó Pepe
- Lo tienes fácil, es este mismo domingo, te llamo y te paso a recoger
Tres días después, con muchas ganas, Pepe esperaba en la puerta de su edificio a las 6 de la mañana de aquel frío domingo a que pasara Javi a recogerle. El típico sonido de bóxer gordo sobrealimentado con un escape no original, y que jamás pasaría la ITV, se hacía notar al fondo de la calle.

La bestia azul se paraba delante de Pepe, que montaba en el coche con un Javi que le recibía con una sonrisa de oreja a oreja.
- Ya vas a ver cómo te gusta esto... - dijo Javi
Apenas le había dado tiempo a Pepe a abrocharse el cinturón de seguridad cuando Javi comenzó a conducir como un loco. Adelantaba por la derecha, por la izquierda, corría en las rotondas, cruzaba el coche sobre el asfalto húmedo... En la autovía la cosa era, si cabe, todavía peor. E camarero parecía olvidarse de toda norma de conducción, para adelantar por izquierda y derecha, tal y como si estuviera jugando en una gymkhana en la que se dan puntos por los coches que eres capaz de esquivar, y todo envuelto en una velocidad que rozaba los 180 km/h.

En la mente de Pepe pasaban muchas cosas a toda velocidad. Por una parte, una sensación de falta de control de la situación se mezclaba con miedo, y con el intento constante de autoengaño que le convenciera de que "él sabe lo que hace, es piloto de rallyes...".

Pero por otra parte se imponía la realidad... Así no se podía conducir en carretera abierta, aunque siendo domingo no hubiera casi tráfico. Javi se reía con una mueca nerviosa, como queriendo demostrar e impresionar al joven chaval, aprendiz de ingeniero, que le miraba con un gesto extrañado y un intento de sonrisa asomando en sus labios.

Afortunadamente llegaron al pequeño pueblo donde iba a disputarse un corto rallysprint, compuesto por un único tramo, que se repetía en tres ocasiones consecutivas. El "centro de operaciones" era un café situado en la plaza del pueblo, donde se concentraban los participantes, vestidos con sus indumentarias.

Puede que en el mundo de las carreras profesionales uno vea los bonitos monos de Alpinestars bordados y los cascos decorados, pero aquello no se parece en nada a la realidad que Pepe estaba viendo pasar por delante de sus ojos. Quien más y quien menos tenía un mono rojo, blanco o incluso verde botella, gastados, con bolillo asomando por las zonas donde más rozaban brazos con torso, y con cascos blancos, muchos sin ni tan siquiera contar con un HANS.

Javi saludaba a diestro y siniestro a todos los allí presentes, con los que compartía abrazos, choques de manos, sonrisas cómplices... Entonces miró a Pepe y le dijo
- Te voy a dejar aquí en el bar mientras me pongo el mono y el casco, y empiezo a organizar un poco todo esto. Te dejo con la vicepresidenta, y ella te dirá qué tienes que hacer.
Javi llevó a Pepe a la mesa que se había habilitado como punto de recogida de documentación, y allí una chica, la vicepresidenta de la federación local, sin mediar saludo alguno, le dijo: "ala, a preparar bocatas para los comisarios, ponte por ahí detrás".
- ¿A preparar bocatas? - Pensó Pepe para sí mismo - Pero, ¿no había venido a ver la carrera? En fin...
Pepe, meridianamente cabizbajo, fue caminando hasta la parte trasera del bar, donde había un par de chicas cortando grandes barras de pan "de ayer", y rellenándolas con chorizo "de Pamplona" de marca Hacendado. Al verle llegar, le dieron un cuchillo, y le animaron a echarles una mano.

Y así se pasaron los primeros tres cuartos de hora de aquella mañana de Pepe, que estaba preparando bocatas mientras se preguntaba qué demonios hacía el allí.

Entonces apareció Javi, ya vestido con un flamante mono azul, blanco y rojo de Alpinestars, y unas bonitas botas Tech 1-Z de la misma marca.
- Pepe, vente conmigo, que te acerco al tramo
Javi le acercó al Ibiza de Grupo A que tenía aparcado justo tras el remolque de una furgoneta de su escudería, "MásGas", y le invitó a montarse en el asiento del copiloto.

Mientras Pepe adivinaba cómo atarse el arnés de seis puntos, algo que era la primera vez que intentaba hacer en su vida, Javi ya rodaba como un loco por un tramo de tierra, meridianamente embarrado, cruzando el coche mientras se reía. Pepe lograba atarse la parte inferior del arnés, pero justo en ese momento Javi paraba el coche en seco, sacaba un chaleco amarillo reflectante de la parte trasera de su coche de carreras, y se lo daba.

Pepe no sabía que hacer o qué decir.
- Este es tu puesto de control... Vigila que no entre ningún coche por este cruce, toma este walky talky, y si hay algún accidente o algo nos avisas... Y vigila también detrás de ese murete, que por aquí se coloca mucha gente para ver a los coches pasar - le indicó Javi con órdenes claras
Antes de que nuestro protagonista se diera cuenta de lo que estaba pasando mientras se bajaba del coche, Javi arrancó y desapareció entre una nube de polvo y barro que dejó a Pepe hecho "un cristo".

En serio, era su primera vez en un rally, y ya lo habían puesto a trabajar. Apenas si sabía dónde tenía que ponerse o qué tenía que hacer. Impresionado por la situación, no paraba de preguntarse si había sido una buena idea acompañar a Javi hasta allí...

Sólo eran las 9 de la mañana. La gente comenzaba a agolparse detrás de un murete que tenía Pepe a su espalda. Llegaban todo tipo de personas, pero un grupo le llamaba más la atención que otra cosa. Equipados con una radio portátil con un enorme altavoz, escuchando música "bumping" y borrachos como cubas, acababan de aparcar un Ford Sierra tres puertas destartalado, y no hacían más que dar voces.

Saltaron el murete los tres individuos, y se sentaron al borde de la pista, en el exterior de la curva donde se encontraba el cruce que custodiaba Pepe. Este, al ver que ese no debía ser un sitio demasiado seguro, por pura lógica, se dirigió a los tres "individuos"
- Oye, no os podéis sentar ahí... Estáis en el exterior de la curva... como se vaya el coche os atropella
- Venga, hombre, que aquí se sacan fotos "guapas guapas", no seas "corta pedos" - le contestó con voz de borracho uno de los tres personajes.
- A mi me da igual que os atropellen, pero luego el marrón es para mí, así que haced el favor de quitaros de ahí - contestó Pepe
Pero los tipos no se movían, y se reían a voces. Entonces, por el walky talky se escuchó
- Sale el coche doble cero al tramo
En menos de un minuto y medio estaba allí, y Pepe no dudó en pararlo.
- ¿Qué pasa, chaval?
- Pues mira, estos tres individuos se han sentado ahí... y no creo que eso sea una buena idea
- Bueno, ahora avisamos a la guardia civil para que los mueva
Al poco rato, una patrulla de la Guardia Civil se acercaba hasta la zona para "desalojar" a los tres borrachos de la zona del tramo, que soltaban improperios contra el pobre Pepe, que miraba hacia al suelo, como si la cosa no fuera con él.

Tras el paso del coche cero, el rally arrancó, y comenzaron a pasar los coches de carreras en intervalos de poco más de un minuto, envueltos entre polvo, barro y un ruido ensordecedor.

Las piedras volaban, y Pepe hasta lo empezaba a disfrutar. Aquello eran coches de carreras. Vale, no era un Lancia 037 conducido por Henri Toivonen, sino Kadett GSI ocho válvulas con barras y neumáticos de tierra más gastados que otra cosa, pero eran carreras, a fin de cuentas.

Tras más de tres horas pasando frío, y chupando barro, sin accidentes ni salidas de pista, por radio se escuchó a uno de los puestos.
- Puesto siete. Se ha salido el Ibiza número 27, y está estrellado contra un muro de hormigón... Piloto y copiloto parecen estar OK, pero hay que mandar a la grúa a sacar el coche de aquí, y mandar también a la ambulancia.
- Dirección de carrera. Ondead banderas amarillas los puntos de control para frenar los coches que van para allá, ahora mandamos a la grúa y a la ambulancia.
Pepe recordó al instante que el Ibiza 27 era el coche en el que él antes había montado, el coche de Javi. Si al final va a ser verdad que en los rallyes puedes tener accidentes...

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