Skip to Content

Categorías: Autoblog, Etc.

Mil curvas para un destino: Capítulo 02 - ¿Por dónde empiezo?



Pincha aquí para leer el primer capítulo

Una semana después de haber comprado el 205 GTI, nuestro Pepe todavía no había tenido oportunidad de meterle mano. Aparcado en una esquina del taller Norauto en el que trabajaba, el ritmo de exámenes cuatrimestrales de enero unido a las largas horas de trabajo que tenía encima apartaban al joven de poder dedicarse a gusto a su pequeña adquisición.

Pero llegó por fin el jueves. Pepe tenía su jornada libre de trabajo, y mientras su conciencia le decía que lo más recomendable era quedarse a estudiar mecánica de fluidos en casa, su ímpetu le pedía ir al taller, un día más, pero en esta ocasión para meter la mano debajo del capó de su recién adquirido Peugeot.

Pepe cogió, como cualquier otro día, el autobús, para dirigirse al centro comercial metido en su mundo, con los cascos de su móvil puestos en las orejas mientras la música le acompañaba en sus sueños, que volvían a transportarle a algún tramo del Rally Montecarlo, pero que también le recordaban que con un coche tal vez podría ahorrarse esos aburridos viajes en el autobús para cambiarlos por entretenidos trayectos con el 205.

Al llegar al taller se encontró con su director.
- Pero ¿qué demonios haces aquí en tu día libre?
- Venir a trabajar en el Peugeot - contestó Pepe
- Estás muy mal... deberías ponerte a estudiar, que eso igual te sale más rentable
Sin cambiarse de ropa, Pepe metió el coche en el elevador de dos columnas para investigar un poco más a fondo lo que realmente había comprado. Y es que más allá del fallo del encendido y el pequeño charco de aceite, no tenía muy claro lo que tenía entre manos.

Se trataba de un 205 GTI del 89, con el motor 1,9 XU9JA entre sus ruedas delanteras. Los 128 caballos que daba cuando era nuevo ya no estaba allí, eso estaba claro.

Al abrir el capó, antes de elevar el coche, Pepe vio cómo el aceite salpicaba todo el bloque, y líquido rezumaba por la junta de la tapa de balancines. Los cables de las bujías se mostraban viejos a simple vista, y la batería tenía los bornes sulfatados por el ácido desprendido de la misma, carcomiendo la base donde se apoyaba, y dejando el interior del capó delantero marcado.

Tras levantar el coche en el elevador, la vista no animaba a mejorar el ánimo de Pepe. Las articulaciones de goma de la suspensión delantera estaban resecas y resquebrajadas. Los discos de freno estaban gastados, rayados y acumulaban óxido. Todos los bajos estaban repletos de suciedad entremezclada con una densa capa de aceite que parecía brotar de la junta del cárter con el bloque motor, y de la unión entre la caja de cambios y el bloque.

El cárter, además, estaba aboyado y raspado... Los tramos de escape estaban también arañados y acumulaban óxido. Al menos, el piso del coche se veía en buen estado, y no parecía estar oxidado en exceso.

Pero las perspectivas de Pepe de "arreglar cuatro cosas y empezar a usar el coche" estaban quedando atrás... Aquí había mucha tela que cortar, mucha más de la que él esperaba. Pero a fin de cuentas, sólo había pagado 500€ por uno de sus coches de ensueño, ¿no?

Tras ver el "asunto" que escondía el esqueleto del francés, Pepe bajó el coche para montarse dentro y darle un par de vueltas, despacito, por el parking del centro comercial. El coche no estaba asegurado, y no era cuestión de meterse en algún lío.

A pequeños tirones sacó el Peugeot del taller, fallando de cuando en cuando uno de los cilindros y quedándose a tres. Un acelerón en línea recta en una de las calles principales del parking sirvió para que los cuatro pucheros se pusieran de acuerdo para trabajar al unísono, y algo de potencia salió de debajo del capó para llegar a las ruedas delanteras.

La dirección se mostraba alarmantemente suelta. Y es que tenía mucho, mucho juego en su punto muerto central. La palanca de cambios se movía de manera imprecisa a la hora de cambiar, y el embrague patinaba.

Pepe paró el coche en una de las plazas del parking y apagó el motor. Apoyó su cara en sus dos manos, sentado todavía en el asiento del conductor.
- Pero qué demonios he comprado... Por Dios, este coche se cae a cachos... - Pensó en voz alta
Entonces, entre el ruido del aparcamiento se dejó escuchar el característico tono bóxer sobrealimentado de un Subaru. Pepe levantó la cabeza para ver cómo Javi aparcaba a su lado.
- Así que esta es la cosa que has comprado, ¿verdad? - dijo Javi mientras miraba de arriba a abajo el Peugeot
- Sí... este es mi "trasto"
- Ábrele el capó para ver lo que lleva ahí adentro
Pepe abrió el capó, y a Javi se le imprimió una mueca que mezclaba al mismo tiempo la intención de soltar una carcajada junto con cierto grado de sorpresa
- ¿Pero cuánto has pagado por este trasto? ¡Si tiene más aceite fuera que dentro del motor!
- Ya ves... Pero me dio el pronto, y mira...
- Pues tienes como para seis meses de trabajo sólo para dejarlo "listo"... y eso sin contar prepararlo para correr, si es que es eso lo que quieres hacer... Lo que tienes que hacer es alquilarme a mi un coche de carreras, que te dejo un R5 GT Turbo tirado y te estrenas en algún Rally Sprint
- Es que me hace más ilusión correr con algo mío, entiéndelo...
- Bueno, tu sabrás... ya me contarás qué haces con esto, yo me voy a casa
Pepe volvió despacio con el 205 hasta el taller, algo cabizbajo y preocupado. Tras meter el coche, se bajó lentamente para dirigirse al frontal, y colocado en cuclillas miró el morro del francés mientras se quedaba pensativo, considerando si se había metido en un lío, si había sido una buena idea meter sus "cuatro euros ahorrados" en un capricho como este, que necesitaba de un montón de horas de trabajo y de dinero para poderlo volver a convertir en algo funcional.

De pronto notó una palmada en la espalda, y al girar la cabeza vio a su jefe, del que no te habíamos dado nombre todavía, ¿verdad? Manu era su nombre.
- Está peor de lo que esperabas, ¿verdad? - le dijo Manu
- Sí...
- Bueno, esto es cuestión de cabezonería, y los gallegos de eso tenéis un rato largo, así que a base de meterle horas acabarás sacándolo de aquí en perfecto estado...
Tras darle un par de vueltas más a la cabeza, y darse otro par de vueltas alrededor del coche, Pepe decidió que lo mejor que podía hacer era volverse a casa a estudiar, y dejar la "proeza" de recuperar el coche para más adelante.

Pero era una situación complicada. Por cada minuto que nuestro protagonista se alejaba del coche, se ponía a pensar en él, y en sus planes de restauración. Todas esas ganas que se le habían ido al suelo tras ver el estado real del Peugeot volvían con fuerza a medida que se metía en su mundo de sueños automovilísticos, y se imaginaba al volante del 205, una vez terminado, eso sí.

Tras pasar un par de días y un par de exámenes, en los que apenas se podía concentrar, pensando una y otra vez en el coche, Pepe tuvo "la visión".

Iba a desmontar todo el coche, entero. Del primer al último tornillo. Y su objetivo era volverlo a montar pieza a pieza, reconvertido en un coche de carreras de Grupo N para poder hacer algún Rally Sprint local y estrenarse como piloto. Lo veía muy claro. Iba a ser una tarea larga y dura, pero iba a merecer la pena si el resultado se acercaba, aunque sólo fuera un poco, al que tenía en su imaginación.

Así comenzó su desafío personal, que le llevó cada día libre, cada fin de semana, cada hora que podía invertir, en acabar tirado por el taller desmontado tornillo a tornillo, pieza a pieza, cada cacho del maltrecho 205.

Era una tarea adictiva. Pepe ya no veía prácticamente la tele, ni tenía tiempo de ocio para sí mismo. El tiempo que no estaba trabajando, estudiando o en la universidad era consumido plenamente por su nueva amante francesa, que le descubría nuevos problemas con cada pieza que salía de debajo de su capó.

Lo bueno de esta primera fase, en todo caso, es que era "económica". Y es que mientras quitaba piezas, Pepe no tenía que preocuparse por su bolsillo, ya que desmontar, ya se sabe, sale gratis.

Desmontando el interior descubrió el pasado de aquel pobre 205. Cachos de pan reseco, restos de cajas de pastillas para el dolor de cabeza, un par de envases de condones e incluso un tanga salieron de debajo de los asientos. Ni con guantes quería Pepe tocar eso... Y claro, cuando uno ve una cosa así piensa en cómo estará la tapicería de limpia. Esa tapicería en la que ya se había sentado.

A fin de cuentas, el coche tenía los años que tenía, 23, y había pasado por muchas manos al parecer. Manos que en muchos casos no habían sabido apreciar, respetar o cuidar el tesoro que, a juicio de nuestro protagonista, tenían entre manos.

Tras tres meses metiendo las pocas horas que tenía libres, Pepe dio por terminado el desmontaje. Le había quedado una carrocería pelada de todos sus componentes. Aunque su jefe le había aconsejado fotografiar cada paso del desmontaje y etiquetar las cajas donde dejaba cada pieza, las prisas, las ganas y el ansia por desmontar el coche habían podido más que él, y le habían conducido a hacerlo todo un poco fuera de control, lo que le iba a traer más adelante algún que otro problema.

Eran ya mediados de abril, y Pepe se sentó mirando la carcasa de su coche reposando en el fondo del taller, al lado de cajas y cajas de material.
- ¿Por dónde empiezo ahora? - suspiró desalentado
Un compañero de trabajo, se aproximó a la "escena del crimen".
- Yo que tú, ya que estás a este nivel de demontaje, mandaría a chorrear en arena toda la carrocería, para imprimarla y pintarla después, y aprovecharía entre tanto a desmontar el motor por dentro y ver cómo está por dentro.
- Pero, ¿y si le quiero poner barras? ¿cuándo lo tengo que hacer? - preguntó Pepe
- Pues hombre, lo suyo sería que trataras primero la carrocería, para dejarla bien, y a partir de ahí le metería yo las barras.
Pepe decidió que esa era la mejor manera de actuar, y llamó a sus amigos carroceros. Quedó con ellos que fueran a buscar la carrocería esa misma tarde, para llevársela a chorrear con arena, repasar, imprimar y pintar. Y aprovechando que ya la tenían allí, instalarle también la jaula de seguridad.

Sin tener demasiada idea de lo que podía costar la jaula, Pepe se metió en el maravilloso mundo de Internet para comenzar a buscar una jaula que cumpliera los requerimientos de homologación para que el coche pudiera correr.

Su buen olfato le llevó a buscar una jaula Safety Devices. De toda la oferta para el 205, Pepe se quedó con la C043 soldada al monocasco. Ofrecía un extra de seguridad, gracias a estar triangulada por todas las esquinas. Pero claro, ¿cuánto costaría?
- ¡Toma ya, 1.500€! ¡Vale más que el coche! - exclamó Pepe en alto mientras miraba anonadado el precio en el ordenador del taller - Y eso sin montarla, y sin portes... Madre mía
Y ese era sólo el primer paso de los muchos gastos que se le venían encima al pobre mecánico. Mirando el saldo de su cuenta, Pepe pudo encontrar 1.200€ en efectivo, pero ni le llegaba para la jaula, y tampoco se podía quedar sin un euro ahorrado viviendo fuera de casa de su familia.

Rápidamente llegó a la conclusión de que lo mejor era pedir el favor del carrocero, para que fuera trabajando mientras solucionaba el tema económico para adquirir la jaula. Total, el presupuesto de 600€ por repasar y pintar la carrocería no era demasiado elevado, y aún le dejaría algo de margen en sus cuentas personales.

Por un momento Pepe volvió a pararse, tras tres meses de trabajo "a destajo", y volvió a quedarse pensativo mirando la carrocería del coche mientras la montaban en la grúa que se la llevaba al taller de chapa.
- Va a ser que sí, que esto del mundo del motor es "un poco caro" - pensó en voz alta
Tres palmadas, dándole la razón sin una palabra de por medio, llegaron a su espalda. Era Manu, que sabía en el lío en el que Pepe se había metido. Pero a fin de cuentas, en la vida uno aprende metiéndose en líos, y solucionándolos, ¿no?

Por Guille G. Alfonsin (@GuilleAlfonsin). Ilustraciones por Raquel G. S.

Añadir un comentario

*0 / 3000 Número máximo de caracteres
Gran Turismo challenge

Autoblog Español

Las más comentadas (últimos siete días)

Comentarios recientes