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Mil curvas para un destino: Capítulo 01 - Tres cifras francesas



Arranca aquí una aventura que nos va a acompañar, como mínimo, las próximas 52 semanas. Hemos reflexionado mucho sobre este proyecto, pero finalmente, convencido por el apoyo de los compañeros de la redacción y de los seguidores "virtuales", me he animado a meterme en este gran lío.

La idea es sencilla: Hoy arranco una novela de inspiración automovilística, ligera de leer, estructurada en capítulos breves con desarrollo completo (en la mayor parte de ellos), que va a aparecer de manera semanal, con asiduidad, en Autoblog.

No he querido complicaros la vida con textos súper elaborados, rebuscados, o descripciones al milímetro del tamaño del ojal de los botones de la camisa de nuestro protagonista. Se trata de entreteneros con una aventura de acción que nunca ocurrió, pero que atrapa, o por lo menos intenta hacerlo, mucho de lo que rodea al mundo de las carreras y al del motor en general. Los personajes que aquí aparecen son, en su gran mayoría, mera ficción, aunque habrá quien sea capaz de sacar paralelismos.

Sin más, espero que os guste y os atrape. Y os pido que seáis comprensivos con un servidor, y es que esta es mi "ópera prima" en este campo en el que me adentro con ilusión, pero sin demasiado conocimiento. ¿Saldrá bien? Vuestra opinión dictará sentencia.

Vamos allá, que arrancamos tras el salto.
______________________________________________

Era una fría mañana madrileña como cualquier otra de invierno. José, Pepe para sus amigos, se montaba en el autobús urbano a las siete una vez más, camino del centro Norauto donde hacía las veces de recepcionista, mecánico y vendedor desde hacía ya más de un año.

La vida del joven chaval de veinte años no había sido demasiado fácil hasta entonces. Obligado a trabajar para poderse pagar la carrera y el piso de estudiante que compartía con un par de compañeros, estudiaba todo lo que podía para sacar adelante una ingeniería con la que cumplir sus sueños de trabajar en la industria del automóvil, esa que tanto le apasionaba.

Su familia ya no le podía ayudar, y es que su padre había fallecido, dejando a su madre la inmensa carga de sacar adelante la hipoteca y a sus dos hermanos. Así que persiguiendo el sueño de poder granjearse un futuro, Pepe se animó a aceptar una beca para estudiar en la capital de España. Y es que, como buen gallego, a este chaval no le despeinaba la idea de tener que emigrar fura de su tierra.

Pero las becas son como son, y el dinero no llegaba para cubrir todos los gastos, así que no le quedaba otra que trabajar en el taller donde, todo sea dicho, a fin de cuentas se lo acababa pasando la mar de bien. Y es que estar entre el olor de neumático nuevo, apretando tuercas y vendiendo cambios de aceite era algo que le entretenía y gustaba.

Pepe había querido, desde pequeño, ser piloto de carreras, pero sus padres no habían contado con el dinero para hacer su sueño realidad, un sueño que se había ido apagando poco a poco por la imposición de la realidad y la rutina, hasta dejarlo apartado en una esquina de su mente, en ese lugar donde se quedan las ilusiones de niño que sabes, incoscientemente, que nunca podrás atrapar.

Pero la vida a veces te da sorpresas y giros. Vueltas inesperadas que te pueden colocar en el lugar menos esperado cuando ya no dabas nada por seguro. Algo así iba a vivir nuestro protagonista gracias, en parte, a la diosa fortuna, pero también a su incansable espíritu de superación y trabajo duro. Pero volvamos al relato sin desviarnos demasiado por las ramas, ¿de acuerdo?

Esa mañana, a eso de las 11, se abría la puerta y entraba un joven con cara algo desencajada por la puerta del taller.
- ¿Tenéis un arrancador? - preguntó
- Claro, ¿dónde tienes el coche? - le siguió Pepe
- Ahí, tirado delante del Decathlon de enfrente... Ni quiere arrancar, y cuando lo hace suena un traqueteo raro...

Con el maletín para arrancar coches en la mano, Pepe salió del taller para ver un precioso Peugeot 205 GTi, algo machacado, que reposaba en medio del carril del centro comercial mientras los coches se agolpaban para pasar.

Enchufó los cables a la batería, y tras un par de intentos, el coche arrancó, pero con un sonido desagradable.
- Está a tres cilindros - le dijo Pepe al dueño del coche
- Estoy hasta las narices de este trasto viejo, no da más que problemas... ¿cuánto puede costarme arreglar esto?

Pepe miró con cara de no tenerlo muy claro al dueño del coche francés.
- Eso depende... Pueden ser las bujías, el sistema de encendido, los cables, y mil cosas más... hay que verlo - le dijo
- Mira, métetelo al taller, que yo voy a hacer unas compras, y luego me dices qué es lo que tiene, y vemos a ver qué hago con él, porque estoy hasta las narices de gastar dinero en este trasto viejo.

Mientras el dueño se alejaba del Peugeot, Pepe se las ingenió para llevar en tres cilindros al 205 hasta el taller a tirones. Vale, el coche no funcionaba como debía, pero una pequeña sonrisa de aprecio a la máquina le asomaba por el semblante.

Tras mirar un rato el sistema de encendido con el equipamiento del taller, el problema estaba localizado. Fallaba el encendido de uno de los cilindros, las bujías estaban para cambiar, y uno de los cilindros además tenía poca compresión.

Para hacer la cosa más complicada, debajo del coche se estaba acumulando una sospechosa mancha de aceite.

A las dos horas aparecía el dueño del coche por el taller para preguntar por él.
- Qué, ¿qué es lo que tiene?
- De todo - le dijo Pepe - hay que cambiar bujías, cables del encendido, hacerle segmentos y mirar por dónde pierde aceite...
- Vamos, un pastizal, ¿no?
- Hombre, todo depende de cómo lo mires... son cosas que le tienes que hacer sí o sí...
- Bueno, puedo no hacérselas... me da que lo voy a mandar al plan PIVE y me voy a comprar uno nuevo, porque estoy harto

Un escalofrío recorrió la espalda de Pepe, que por un momento se imaginó el 205 en la prensa del desguace, siendo demolido para convertirse en chapa reciclada.
- Hombre, no tires este coche al desguace, que es un clásico, y valen dinero en el mercado de segunda mano...
- Ya, pero si está tan mal, me costará un dinero arreglarlo, porque así, ¿quién me lo iba a querer comprar?
- Yo, por ejemplo - aseguró sin hacer cuentas mentales ni pensar ni un momento Pepe en lo que decía

Tras un breve momento de silencio, el dueño del 205 apartó la mirada del coche francés para mirar a los ojos con una mueca de sonrisa y superioridad a Pepe y decirle
- ¿Cuánto me das por él?
Los números bailaron rápido por la cabeza de nuestro protagonista. Pero esta vez no estaba en un examen de mecánica de fluidos o de matemáticas. No. Estaba contando cuánto dinero necesitaba para sobrevivir los próximos meses, y cuánto podía recortar para gastar sus pocos y escuálidos ahorros. De pronto, una frase corta y firme le salió de la boca de manera convincente.
- Te doy 500€ hoy mismo si me lo vendes.
- Hombre, el plan PIVE me dará más, pero tienes razón, da pena que el coche que era de mi padre acabe en un desguace... Venga, hecho, ¿cómo lo cambiamos de nombre?

A Pepe le recorrió de nuevo otro escalofrío por la espalda. Se acababa de gastar la mitad de sus ahorros en un coche, y ni tan siquiera había pensado en lo que eso implicaba.
- Bueno, hoy lo tengo complicado por el trabajo, pero mañana libro, así que podríamos quedar, pagarte, hacer los papeles, el contrato de compraventa, y lo damos por arreglado.
- ¿Pero no me comprabas hoy mismo el coche? - el propietario del 205 se rió, pero estaba claro que lo decía con sarcasmo - bueno, pues mañana nos vemos aquí a las 10 de la mañana y completamos el papeleo. El coche, entre tanto, os lo dejo en el taller... Total, con él no puedo volver a casa.
Durante todo aquel día, y toda aquella noche que le siguió, Pepe no dejó de darle vueltas al tema. Pensaba una y otra vez y hacía sus cuentas mentales. Tenía que arreglar el coche, algo que no debía ser un problema en el taller, ya que la mano de obra la ponía él, y el director le dejaba usar el lugar fuera de las horas de trabajo. Pero tenía que pagar los recambios, el seguro, el impuesto de circulación... Y además comer, pagar el alquiler, ir a clase...

¿Sarna con gusto no pica? Eso dicen, pero esta locura le estaba retumbando demasiado en la cabeza a Pepe como para dejarle tranquilo. ¿Echarse atrás en el último momento? No era una opción... un 205 GTI por 500€ no se consigue todos los días.

Y la mañana llegó. Nervioso por la cita, Pepe apenas pudo meterse el café y la tostada en la boca. Se atavió como pudo y a las 10 de la mañana estaba clavado en la puerta del taller. Allí apareció quince minutos después el vendedor del coche.
- Buenos días... Oye, al final ayer no te pregunté ni el nombre
- Oscar, me llamo Oscar - le dijo el dueño del 205, que acababa de bajarse del Infiniti FX de su padre - Bueno, ¿cómo lo hacemos?
Pepe le mostró un contrato de compraventa, que ambos firmaron, le dio el dinero después, y se fueron hasta tráfico a completar el cambio de nombre. Durante todo ese tiempo, Pepe tenía una sensación cruzada en el estómago, entre mariposas de amor y nervios recalcitrantes "estilo examen de selectividad".

Para las dos de la tarde estaban todos los papeles hechos. Oscar y Pepe se despidieron. Oscar le dejó las llaves del ccohe, y Pepe se fue directo a clase, sin poder ir a tocar a su recién adquirido retoño.

Tuvo que esperar a salir de la universidad, a las ocho de la tarde, para poder pasarse por el taller, y sentarse por un momento tras el volante del pequeño Peugeot. Por un momento cerró los ojos y se sintió Ari Vatanen. Unos golpes en la ventanilla le sorprendieron. Era el gerente del Norauto donde trabajaba.
- ¿Qué demonios haces ahí adentro con los ojos cerrados? Sería mejor que durmieras en casa...
- Ya ves - contestó Pepe - estoy aquí, imaginándome cómo debería andar este aparato cuando era nuevo
- Pues para andar como cuando era nuevo le vas a tener que meter muchas horas de llave inglesa... ¿Luego qué esperas hacer con él?
- Pues conducirlo... ¿tú que crees? - contestó Pepe
- Hombre, podrías meterte a correr algún regional de rallyes... estos aparatillos aún son competitivos, y las piezas no son demasiado caras...
Por un momento, Pepe volvió a sumergirse ensimismado en sus propios sueños. Correr algún rally era una buena idea, y su imaginación se echó a volar mientras una sonrisa se le dibujaba en la cara, de nuevo. Pero cayó al mundo real de golpe.
- No tengo un duro para hacer algo así - le confesó Pepe a su jefe
- Hombre, yo te podría ayudar a conseguir algunas piezas a buen precio, y podrías hablar con Javi, que es el encargado de una escudería de esta zona, y podría ayudarte a correr por poco dinero
Javi era camarero en uno de los bares del centro comercial, y siempre iba al trabajo en su flamante Subaru Impreza WRX, que nadie sabía cómo había podido pagar.

Pepe decidió acercarse al bar donde estaba Javi para tomarse un bocata de cena e indagar un poco más sobre todo este asunto de las carreras. Tras pedirse la cena e intercambiar cuatro frases hechas, nuestro protagonista no pudo contenerse más.
- Javi, tu que eres de la federación y de una escudería... ¿podrías decirme cómo podría meterme yo a correr rallyes con poco dinero?
- Yo podría decirte muchas cosas - dijo entre risas el camarero - ¿pero tienes algo con lo que correr? La última vez que te vi ibas en una vespino destartalada...
- Sí... acabo de comprar un 205 GTI
- Anda, un trasto de esos viejos, jejeje ¡Qué recuerdos! ¿Y con eso pretendes correr? Lo que tendrías que hacer es alquilarme mi Ibiza Grupo N ex-oficial...
- No, prefiero correr con algo mío... Pero, ¿qué necesito?
- Hombre, tu sabrás. Para empezar, le tendrías que colocar todo el equipamiento de seguridad, la jaula homologada, el sistema de extinción, los baquets homologados, el corta corrientes, hacerle los papeles de carreras, pasar la ITV...
- Vamos, un pastón, ¿no?
- Sí... No sé cuánto habrás pagado por el coche, pero para correr le tendrás que meter un par de miles más como mínimo, y total... de poco te iba a servir en un coche tan viejo. Y luego, además, tendrás que contar con comprarte la ropa para correr, la licencia, la inscripción, las ruedas...

Pepe se quedó blanco, mientras absorbía la información y se percataba de lo difícil que iba a ser meterse en carreras sin tener un bolsillo "entrenado". Mientras miraba hacia abajo, ligeramente abatido, al comprender que con su situación no estaba en condiciones de plantearse gestas de este tipo, Javi le animó.
- Escucha, hay una opción, que es correr algún slalom menor. En estos no se piden las mismas medidas de seguridad, y con que lleves un casco es suficiente. Si eres capaz de preparar el coche para ello, ya hablaremos del coste de la inscripción.

Pepe asintió mirando con una media sonrisa a Javi. Tal vez ese era el primer paso que necesitaba para comenzar su carrera por perseguir sus sueños.

Tras acabarse la cena, cogió el autobús para volver a su piso, y durante el camino empezó a darle vueltas a la cabeza. Tal vez lo que tenía que hacer era olvidarse de sueños imposibles, y pensar más en estudiar y trabajar duro, en lugar de gastar dinero y energías en el coche...

Pero se metió en la cama, y aunque el viaje en autobús le había servido para asentar la cabeza y ver las cosas desde una perspectiva más fría y relajada, el gusanillo de poder competir le picaba demasiado como para dejarlo pasar.

Lo que no sabía es que ese gusanillo, ese veneno, una vez que lo pruebas, te engancha como ningún otro, e iba a marcar todo lo que le estaba por pasar. Tal vez si no hubiera comprado el 205 GTI del que te hablamos, esta historia no tendría lugar, pero de estas pequeñas e instintivas decisiones es de donde muchas veces nacen las mejores y más increíbles historias de superación.

Por Guille G. Alfonsin (@GuilleAlfonsin). Ilustraciones por Raquel G. S.

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