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Categorías: Peugeot, Etc., Toyota

Carta a Papá Noël: Dani



Querido Papá Noel,

Para qué engañarnos, este año no he sido bueno. Así que no pediré nada para mí. Aunque si te sobra algún V12 italiano, lo aceptaré con ilusión. Hasta me conformaría con un V8... Sin embargo, pediré para los demás.

Me gustaría que hubiese una buena formación en nuestro país, ya no sólo a nivel general y en la enseñanza de nuestros niños, sino también en temas de conducción. Me explico. El 21 de enero entrará en vigor el nuevo examen práctico de conducir. Las dos principales novedades del nuevo examen práctico son la incorporación de la conducción autónoma y de la conducción eficiente.
La conducción autónoma no tiene nada que ver con los experimentos llevados a cabo por varias universidades y Google donde el coche conduce sólo sin la interacción del ser humano. Por cierto, Google tiene ya matriculado un Toyota Prius en el estado de Nevada (uno de los tres donde este tipo de coches son legales) como prueba piloto. En nuestro caso se trata de que el alumno conduzca durante 10 minutos sin las indicaciones del examinador. Éste se limitará a darle "indicaciones mínimas e imprescindibles, que le sirvan de orientación". Por ejemplo, podrá simplemente indicarle : "diríjase al centro pasando por el ayuntamiento". Y que el alumno se busque la vida. ¿Y si es nuevo en la ciudad y no conoce el camino? Tendrá derecho a utilizar un navegador. En este caso, el GPS sustituye al examinador. Pero no seamos cínicos. Me parece casi una buena idea, pues así el examinador tendrá oportunidad de ver si el alumno se limita a seguir las indicaciones o si mira demasiado la pantalla y no la carretera, o si incluso se le ocurre manipularlo en marcha. Al fin y al cabo, ya sea integrado al coche o en accesorio, tarde o temprano todo el mundo usa o usará en un momento dado el GPS. Es una buena manera de intentar evitar que ocurra algo similar al teléfono con "manos libres". Cuántas veces habré visto gente gritarle al salpicadero mirándolo fijamente, con furia, como si la consola central fuese el interlocutor con el que estaba discutiendo...

La otra gran novedad anunciada a bombo y platillo es que a lo largo de toda la prueba, que durará como mínimo 25 minutos, el examinador vigilará la "conducción eficiente" del alumno. Conducir de forma ineficiente supondrá una falta leve. Intento loable de concienciar al alumno sobre la necesidad de ser eficiente y ahorrar, pero es que es algo que ya se venía haciendo sin darle el nombre de conducción eficiente. En la gran mayoría de los casos, los profesores ya enseñan a cambiar de marcha a 2.000 rpm y respetar escrupulosamente las limitaciones de velocidad -lógico por otra parte- aunque el resto del tráfico no lo haga. Porque seamos sinceros, fuera de las horas puntas de atasco, ¿quién va 50 km/h por la Diagonal o por la Castellana? Inténtalo y hasta el pizzero con su 50 cc de adelantará arrancándote los retrovisores, si es que no lo hace antes el autobús urbano. Pero, ¿cambiar de marcha siempre a 1.500 rpm o 2.000 rpm es realmente eficiente? Si te tienes que incorporar a una autopista, no creo que sea lo más eficiente y desde luego no es lo más seguro. En realidad, no es más que un nuevo apartado artificial para dar la sensación de que el legislador se preocupa del bienestar de la sociedad. En fin, eceptemos conducción eficiente como mejora al examen, pero porque se considera falta leve.


Como conocía al encargado del parking exterior de un gran estadio de fútbol, parking inmenso, vació, sin obstáculos y cerrado al público, se montó allí su particular circuito para enseñarnos a conducir a todo aquel que quería. Y sin coste adicional.


El examinador podrá dar por finalizada la prueba antes de los 25 minutos si el alumno comete una falta grave o eliminatoria, si el profesor ha intervenido de manera justificada o frente a una situación de "peligro real y concreto o cuando quede acreditada una manifiesta impericia del aspirante", según la Confederación Nacional de Autoescuelas (CNAE). Y ahí está el quid de la cuestión. ¿Sabrá reaccionar el alumno correctamente ante ese peligro real y concreto? Pues me temo que no. Porque una vez más, las autoescuelas enseñarán a aprobar un examen y no a conducir.

Personalmente, tuve la suerte de contar con un profesor que me enseñó a conducir, extralimitándose en sus obligaciones legales. Como conocía al encargado del parking exterior de un gran estadio de fútbol, parking inmenso, vació, sin obstáculos y cerrado al público, se montó allí su particular circuito para enseñarnos a conducir a todo aquel que quería. Y sin coste adicional.

Me enseñó a frenar con un coche equipado con ABS. Cuantas veces ocurren accidentes porque el pedal de freno vibra muchísimo haciendo bastante ruido además y el conductor asustado, le entra pánico y pierde el control del coche, ¡llegando incluso a soltar el volante!

Me enseñó la importancia de mirar lejos para anticipar, aspecto clave en una buena conducción. Cuánta gente no mira más allá del coche que tiene delante o de la punta de su capó. "Es que no veo la punta del capó", me dicen a veces. Ya, pero da igual, si no tienes que verlo, tienes que mirar mucho más adelante. ¿Cómo me enseñó eso? Pues con una serie de conos dispuestos en recta, bastante espaciados...y tenía que efectuar un slalom. ¡Qué ha dicho! ¡Un slalom! ¡Eso para flipaos de la conducción! Pues no, porque si te empeñas en mirar el cono que tienes justo delante serás totalmente incapaz de hacer el slalom a 30 km/h sin tumbar un sólo cono. Pues bien, tuve que hacer el slalom marcha adelante ¡y en marcha atrás! Reconozco que marcha atrás no me salió tan bien...

Me enseñó a efectuar frenadas de emergencia con ABS. Cómo tenía que pisar a fondo, aunque el pedal de freno vibrase tanto que parecía que se iba a romper; pues tenía que pisar aún más fuerte. Sí, cuanto más vibra, más hay que pisar. También me enseñó con el viejo Peugeot 205 de la autoescuela a efectuar una frenada de emergencia sin ABS... Y sí, es algo muy difícil de lograr sin que se bloqueen las ruedas. Por suerte, hace años que el ABS es obligatorio.

¿Y qué me dicen de conducir bajo condiciones adversas? ¿Bajo la lluvia? ¿A caso nos enseñan a frenar sobre suelo mojado o cuando hay una helada? No, por supuesto. ¿Para qué? Si España es un país mediterráneo; sol y playa todo el año, aquí nunca hace mal tiempo. Me da a mí que en la costa Atlántica y del Cantábrico no opinan igual. Tampoco en Aragón, en el centro y norte de Cataluña, en la sierra madrileña o en Sierra Nevada estarían de acuerdo. Entiendo que en Barcelona, Valencia o Málaga suele hacer buen clima, pero eso no es una excusa. Con 300 m de pista, los últimos 150 m siendo de pista deslizante con riego de agua, es fácil reproducir condiciones adversas incluso a finales de julio en Murcia. ¿Y cómo imitas el hielo? Una placa de mármol inundada en agua. Pero claro, todo esto implica inversiones que ahora no se pueden hacer. Y tampoco se hicieron cuando se podía. De todos modos, nunca interesó.

Es preferible generar ingresos para el gremio de las autoescuelas, que las primas de los seguros sean cada vez más elevadas debido a los accidentes y así seguirán implantando radares en tramos rectos de autopistas y autovías de tres carriles... Por que si vas a más de 120 km/h vas a tener un accidente, sí o sí.

Ahora bien, si el coche se va de culo porque pasamos sobre una placa de hielo a 60 km/h, la culpa es nuestra por ir deprisa. Que no nos enseñaran qué hacer en esa situación es culpa nuestra, no de la formación; porque de contravolante, en la autoescuela, ni hablar... Eso es conducción temeraria.



Pero lo que más me llama la atención es la inversión necesaria para reciclar a los profesores de las autoescuelas para que nos enseñen a conducir y no a aprobar un examen. Porque, y eso no va a gustar nada, muchos profesores dejan muchísimo que desear. Te daré dos casos concretos, pero que mantendré en el anonimato. Hace unos años, cuando una amiga se sacó el carnet de conducir, no aprobó el examen de conducir a la primera. Lógicamente, la chica no lo entendía y me pidió consejo a ver qué hizo mal. Veamos, pues. Parking aislado, un domingo por la mañana. Le doy las llaves del coche y que me muestre cómo lo hace. Se sienta, y avanza el asiento hasta dejar el volante a 20 cm de su cuerpo. La persona en cuestión mide 1,75 m... "¿Te sentaste así en el examen?", le pregunto. "Claro", me contesta. Sin palabras, me quedé. Cómo podemos pretender que seamos buenos conductores, que haya menos accidentes, si en una autoescuela no son capaces, o no se preocupan, tan siquiera de enseñar a sentarse correctamente al volante...

El segundo ejemplo concreto. En Barcelona, más que en otra ciudad de España, los automovilistas tienen tendencia a tomar las curvas echándose al vértice exterior de la curva. Hablo de casco urbano y a 40 km/h. Es decir, para girar a la izquierda invaden el carril derecho. Pensé que sería una mala costumbre adquirida por algunos, aunque parece ser la norma. Hasta que un día, detrás de un coche de una autoescuela, vi cómo todos los cambios de giro los efectuaba así. Es un alumno, lo hizo mal y luego se lo corregirá, pensé. ¡Qué va! A día de hoy sigue enseñando a tomar las curvas de esa manera con un Smart ForFour... Me lo cruzo muy a menudo por la ciudad y nada ha cambiado. Es un error muy común. Yo también lo cometía en las primeras clases. Hasta que mi profesor me soltó un "¿No pensarás sacarte el carnet de busero con un 205, no?" Obviamente, es algo que me corrigió.

Lo que más me llama la atención es la inversión necesaria para reciclar a los profesores de las autoescuelas para que nos enseñen a conducir y no a aprobar un examen.

En una ciudad como Barcelona, por ejemplo, donde hay más scooters que en Roma y ciclistas que en Amsterdam, las autoescuelas tampoco hacen mucho hincapié en lo de mirar por los retrovisores y en el ángulo muerto antes de girar por si tenemos un ciclista o una moto. Ni tampoco le dedican tiempo a circular por autopista, o autovía, que es lo mismo y al menos es gratis. ¿Cuándo fue la última vez que visteis un coche de autoescuela fuera de la ciudad? Efectivamente, casi nunca. Luego el joven conductor, orgulloso con su L, no sabe incorporarse a la autopista. No es culpa suya, simplemente no le enseñaron.

Por esa razón nos vemos obligados, si tenemos algo de conciencia o no gustan un poquito los coches a acudir a caros cursos de conducción donde, por fin, nos enseñan a conducir. Incluso cuando nuestro entorno nos mira como locos y "flipados" por asistir a uno de esos cursos.

Ya sé que aunque no pido para mí (al menos, no directamente, pues la seguridad es cuestión de todos), pido mucho. Soy consciente de ello. Pero quizá en estas fechas ocurra el milagro de Navidad y nuestros dirigentes se den cuentan de sus errores.

Sí, claro.

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