Skip to Content

Categorías: Industria

¿Quién necesita el coche?


Las ciudades del futuro ganarán en densidad, en zonas peatonales, y en verticalidad

Hace poco menos de un año, en unas conferencias en las que tuve la suerte de participar como orador, compartía plantel con un afamado arquitecto, Cesar Caicoya, director del IDOM. Caicoya daba su visión de la ciudad del futuro, que coincidía plenamente con la planteada por otra serie de expertos en arquitectura con los que he tenido oportunidad de coincidir a lo largo de los últimos años.

Los visionarios de las ciudades futuras ven ciudades verticales, donde la densidad de la población se multiplica en los metros cuadrados para mejorar la eficiencia energética. La idea es sencilla: si la gente se "apila" literalmente en torres elevadas, se pueden meter más ciudadanos en cada metro cuadrado de suelo disponible.

Dado que hay más gente en menos metros cuadrados, se puede apiñar más el centro de la ciudad, facilitar y acortar los tiempos que uno tarda en llegar a su trabajo, mejorar la eficiencia de los sistemas de calefacción y acondicionamiento de aire, acercarnos más a los centros comerciales... Y modificar nuestras rutinas de desplazamiento.


La ciudad vertical prescinde del coche para casi todos sus ciudadanos, y sustituye gran parte de los desplazamientos horizontales por otros verticales. Ya no hace falta recorrer kilómetros con el coche, sino movernos en ascensores que se mueven decenas o centenares de plantas para llevarnos a donde necesitamos estar.

Este conjunto de arquitectos, todos ellos geniales en su campo, también comparten unas estadísticas cuando menos curiosas: el número de patentes, la inventiva y el desarrollo de negocios es función directa de la cantidad de interacciones que tienen las personas entre sí. Esto quiere decir que aquellas ciudades con más espacios comunes, con encuentros fortuitos en calles, plazas o halls de grandes edificios dan lugar a una sociedad más próspera en innovación y desarrollo.

Bajo esta batuta, es obvio que lo que interesa a las grandes ciudades es potenciar ese aspecto del "paseo a pie" hasta el trabajo, y el refuerzo del transporte público. Basta con que mires a un ciudadano de una urbe como Nueva York, y le preguntes si cuenta con coche propio. La gran mayoría de ellos ni lo tiene, ni lo necesita. La simple idea de tener un coche como medio de transporte ni se les pasa por la mente. Pero, ¿por qué? La mayor parte de los trayectos en Nueva York se pueden hacer en transporte público o a pie, y sus habitantes pueden ahorrar en vehículo propio, en garaje y en muchos otros aspectos.

Roma o Los Ángeles son antítesis de este principio. La primera es una ciudad caótica en lo que se refiere al tráfico, donde todo el mundo se mueve con "su" coche, creando accidentes, contaminación y desesperación. Los Ángeles está desarrollada en un formato horizontal, como muchas otras ciudades estadounidenses, donde es necesario tener un coche para moverse, puesto que la ciudad es amplísima, y la densidad de población es relativamente baja.

Tenemos un problema socio-cultural, al valorar el transporte público como algo "de gente de segunda", dando preferencia al "aura" de llevar "nuestro" coche

Si estuviéramos en una época en la que los combustibles no fueran un problema, tal vez nos podríamos plantear que todo esto no tiene importancia, y estamos ante modelos distintos de ver las ciudades del futuro. Urbanizaciones horizontales contra apilamiento vertical. Pero la realidad es que tenemos un problema energético y un problema de "super-población" en ciudades. Un problema que no es fácil de enfocar y afrontar, pero que dará, más pronto o más tarde, con el final de gran parte de los automóviles urbanos tal y como los conocemos.

En nuestra querida España tenemos además un problema socio-cultural con el automóvil. Renunciar al transporte personal resulta complicado, pero cuando uno mira las cifras, resulta también complicado defenderlo. El transporte personal en nuestro propio coche nos da libertad horaria, y nos permite aislarnos en nuestro mundo, sentirnos dueños de nuestro destino, tener el control. Depender del transporte público modifica esa visión, y nos acarrea valorar la vida como dependientes de un agente externo.

Tras años de experiencias en las dos ciudades más pobladas de España, Madrid y Barcelona, a uno le queda claro que la mayor parte de los viajes tienen más sentido si se realizan en transporte urbano. Es más económico, y te evita problemas como la búsqueda de un parking, los atascos...

Tal vez nuestro mayor problema sea que no contamos con la infraestructura adecuada para gestionar viajes de corta y larga distancia. Los horarios de los trenes muchas veces no cuadran como deberían para poder convertir al tren en la primera opción para viajar de ciudad a ciudad, y luego emplear el metro o el bus para moverse localmente.

Pero más allá de ese "principal" problema, está el problema socio-cultural que os comentaba anteriormente. Vemos mal movernos en transporte público. Como sociedad, mucha gente considera que "es de segundas" moverse en metro, en bus o en tren, y que es más "elegante" ir cada cual en su propio coche. Esto, no hace falta que te lo explique, carece de sentido desde el punto de vista racional, pero es como funcionamos.

Desde el punto de vista del apasionado por los coches, viviría 24 horas pegado a un volante, y soy de esos que prefiere hacer tres horas y pico de coche a ser llevado en tren de un lado a otro. Pero no es menos cierto que cuando te cae un diluvio universal, te nieva, o estás cansado, el tren puede ser una mejor opción. Y eso hablando de viajes de media distancia. Cuando ya hablamos del calle a calle, cuando no se puede ir a pie, la alternativa más sensata suele ser el metro, allí donde lo haya. Podrás pensar en cosas como llevar la compra semanal hasta tu casa, pero para eso existe el reparto a domicilio, ¿no?



Conceptos como el GM Puma podrían servir como base estructural para la movilidad urbana sostenible bajo un régimen de alquiler similar al "bicing"

El coche debería quedarse como una herramienta más opcional y pasional que otra cosa. Opcional para aquellos que tienen que moverse de un lugar a otro donde los medios de transporte públicos no llegan. Para aquellos que tienen que hacer el transporte de grandes mercancías, o para aquellos que disfrutan del mero hecho de tomar y enlazar curvas.

Predecir el futuro siempre es complicado, pero yo no apostaría por ver coches en las ciudades, tal y como vemos ahora, dentro de cincuenta años. Y es que su reinado debería ir en caída libre a medida que nuestros políticos sean capaces de invertir en infraestructuras con apuestas realistas, que estén más allá de la rentabilidad a corto plazo. Reforzar y crear infraestructuras no debería estar condicionado exclusivamente a la rentabilidad de una ruta, sino a cumplir y cubrir las necesidades posibles de los ciudadanos, hasta que estos lleguen a considerar que, ante la oferta existente, no tenga sentido el transporte individual. De la misma manera que existe la "ansiedad" en el caso de los coches eléctricos "por si te quedas sin batería", el transporte urbano genera la "ansiedad" de no tener la certeza de si puedes depender de él (por huelgas y problemas técnicos) y por no contar con los horarios perfectamente armonizados.

El futuro está en la movilidad urbana sostenible, en transportes urbanos mucho más compactos y eficientes que los coches, energéticamente limpios. Tal vez el metro no sea la solución, tal vez no lo sea el bus, sino quizá alguna suerte de Segway cabinado y compartido entre los ciudadanos, más allá del término de posesión. Porque un sistema de este tipo elimina la obligación de generar rutas pre-planificadas, y abre a las necesidades de los ciudadanos la disponibilidad del transporte.

Pero igual el problema, además, no sea sólo nuestra grima al uso de servicios de transporte colectivo público, que este no tenga horarios y rutas del todo adecuados. Tal vez tenga algo que ver con nuestra mentalidad consumista y posesiva. La necesidad de tener un vehículo a nuestro nombre, aunque lo utilicemos sólo el 2% del tiempo (y me señalo a mí mismo, que quiero tener "muchos" coches en mi garaje por puro capricho).

Parece mentira, en todo caso, que un loco de los coches como yo se encuentre aquí, haciendo una oda por la movilidad sostenible del futuro, sin el coche como gran aliado. Al menos sin el coche tal y como lo concebimos hoy en día en nuestra sociedad. No ya por nuestro propio beneficio personal en ahorro económico y de tiempo, sino por pura necesidad como sociedad de optar por una movilidad sostenible a largo plazo, que no lastre nuestro medio ambiente, y nos permita seguir desarrollándonos.

Y tú, ¿qué opinas de todo esto?

Reader Comments (Page 1 of 1)

Autoblog Español

Autoblog en español bloggers (30 días)

#BloggerPostsCmts
1Enrique Garca2078
2Guillermo Alfonsin13870
3Daniel Murias918