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Categorías: Industria

La ardua tarea de Obama: Vender acciones de General Motors



Hecho: Sin la intervención del Gobierno Federal, General Motors y Chrysler se habrían ido "al garete", destruyendo millones de empleos en Estados Unidos, y creando un problema económico de dimensiones catastróficas, difíciles de imaginar. Cierto, un proceso de bancarrota sin ayudas habría acabado con liquidación de activos que habrían dado lugar a nuevas compañías reestructuradas de diferente manera a la que conocemos ahora, pero seguramente en su reconstrucción se habrían cerrado más fábricas y se habría despedido a más gente de la que ya de por sí se fue a la calle con la reorganización "controlada y subvencionada" de dos de las tres grandes de Detroit.

Hecho: Esta intervención, en forma de inyección económica a base de préstamo a cambio de acciones va a acabar costando dinero a los estadounidenses. De ello no hay duda. El problema no está en el dinero que les va a costar, y que tanto está criticando el bando que acaba de perder las elecciones en el gigante americano. El problema real está en valorar cuánto dinero habría perdido cada ciudadano de haberse producido la hecatombe de Detroit sin un control milimétrico desde la Casa Blanca.

La realidad es que sin una bancarrota controlada, las consecuencias económicas probablemente aún se notarían, y Estados Unidos no estaría creciendo como lo está haciendo ahora.

La papeleta complicada le llega ahora a Obama y su equipo, que tienen que plantearse cómo se deshacen de las acciones de General Motors, de la que todavía controlan un 32% del accionariado.

Parece claro que el Tesoro de los Estados Unidos va a perder dinero vendiendo las acciones de GM. La pregunta es cuánto va a perder, y a cambio de cuántos millones de puestos de trabajo salvados

Como bien recordaras, la ayuda proporcionada a Chrysler ha sido ya recuperada según lo acordado. Fiat y Chrysler se encargaron de devolver el dinero que se les había prestado desde el gobierno.

General Motors también ha aportado dinero al asunto. De los 51.000 millones de dólares (40.000 millones de euros aproximadamente) prestados por el Tesoro de los EEUU, 24.000 millones ya han sido recuperados. Pero ahora toca desinvertir, y esta es la maniobra más complicada.

El mercado accionarial sabe que el Tesoro va a soltar esas acciones, y está forzado a hacerlo a corto plazo. Así que el precio por acción de General Motors no termina de subir, ante la expectativa de ver cómo salen las acciones que controla el gobierno de los EEUU al mercado. Una salida en forma de oferta de un 32% generaría una caída de precio a buen seguro, creando más oferta que demanda, y depreciando el valor de General Motors.

Esta situación sería mala para el Tesoro, que no lograría recuperar todo el dinero que invirtió en General Motors. Y tampoco sería buena para los accionistas de GM, que verían el valor de sus activos en caída libre.

Pero es que las alternativas tampoco son muy claras. Si mañana, al precio al que están las acciones actualmente de GM, el Tesoro las colocara íntegras sin variación de precio, perdería cerca de 14.000 millones de dólares, una cifra muy importante. Si se espera un poco más, las acumuladas pérdidas en Europa (gracias a Opel), los problemas con PSA y la desaceleración asiática pondrían en peligro el precio por acción de General Motors, lo que expondría al Tesoro a perder todavía más dinero.

General Motors podría hacerse con las acciones que controla el Tesoro, ya que cuenta con una línea de crédito por valor de 11.0000 millones de dólares, dinero suficiente para comprarlas a precio de mercado. Hacer esta maniobra evitaría la salida de las acciones al mercado público, con lo que se protegería el valor de la compañía.

La alternativa más interesante para el Tesoro no sería ninguna de las dos. Según los analistas, lo ideal sería que GM comprara la mitad de ese 32% del accionariado, el 16%, dejando al Tesoro con la tarea de vender el resto de acciones. Reduciendo el paquete disponible al público, estas acciones se revalorizarían, con lo que sería la situación más beneficiosa para que el Tesoro pierda lo mínimo posible.

El problema de toda esta película es que hay demasiados intereses cruzados. Y parece que las partes que estaban en contra del paquete de rescate a la industria automovilística están esperando a que el Tesoro venda las acciones de GM y pierda dinero para saltar sobre ellos y señalarles como malos gestores.

A fin de cuentas, es evidente que el Gobierno de Estados Unidos va a perder dinero con esta maniobra. La cuestión es saber cuánto pierde, y qué contraprestaciones laborales, en forma de protección de puestos de empleo, se ha logrado a cambio. Desde Europa es fácil opinar, pero parece más que obvio que la inyección económica, a toro pasado, fue todo un acierto.

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