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Categorías: Pruebas, Etc., Descapotables, Deportivos

Prueba: Campagna T-Rex 14R


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¿Necesitas cuatro ruedas para divertirte? Hoy te traemos una prueba de un aparato extraño, raro, único, que intenta demostrarnos que con tres es suficiente. No hace falta tener 500 caballos y cientos de miles de euros para emocionarte tras un volante, basta con prescindir de un para brisas, y acercarte al suelo para que la adrenalina se dispare por tu torrente sanguíneo.

Se trata del Campagna T-Rex 14R, un modelo que lleva en el mercado prácticamente 20 años, pero que sigue siendo tan atractivo e interesante como siempre. Piénsalo: hasta Volkswagen quiso probar la fórmula con el interesante con el GX3, que desgraciadamente se quedó en nada por consideraciones legales sobre la seguridad del aparato.

Nuestro compañero Noah Joseph tuvo la oportunidad el mes pasado de ponerse tras el volante del Campagna canadiense y pasar un memorable día comprobando cómo se puede uno divertir con un aparato relativamente barato, muy ligero, y mecánicamente muy sencillo. Vale, ocupa como un coche, si llueve te mojas, y si dejas algo de valor a la vista cuando aparcas, te lo robarán a buen seguro, pero las sensaciones compensan como para planteártelo como aparato para divertirse los fines de semana.

No te pierdas la prueba, tras el salto.

Por más que en el fondo de nuestra mente queramos aplaudir todo coche que es capaz de reducir sus emisiones contaminantes y consumo de combustible, previniendonos de acabar como los dinosaurios, extinguidos de la faz de la tierra, en el fondo de nuestro corazón nos gustan los coches que más gasolina gastan. Ponerle el nombre de un dinosaurio a uno de estos aparatos que queman gasolina sin sentido es, en cierto modo, una broma con cierto toque morbo.

Cuando los chicos de Ford quisieron lanzar una versión prestacional del F-150, la bautizaron como Raptor. Cuando Saleen diseñó el sucesor del S7, lo bautizó como Raptor, de nuevo. Pero antes que ellos, una pequeña empresa de Canadá ya estaba fabricando un triciclo con nombre de dinosaurio: el T-Rex.

Nos fuimos a Montreal a probar su variante 14R, preguntándonos si su nombre de dinosaurio venía por los años que ya lleva en el mercado, con una extinción próxima, o si en cambio tenía más que ver con su apetito voraz, capaz de devorar lo que se ponga en su camino.



Campagna Motors lleva fabricando el T-Rex desde comienzos de los años noventa, y aunque algunos componentes han cambiado, la mayor parte de la fórmula del T-Rex permanece inalterada. La compañía se fusionó con otra de similares características llamada Cirbin, que había desarrollado el V13R años atrás, fabricando ambos modelos en la misma línea de Boucherville, Quebec, justo al otro lado del río que le separa de Montreal.

Como en el V13R, el R-Rex tiene dos ruedas delante, con una detrás. Abierto en su mayor parte, con dos asientos en paralelo y unos mandos muy similares a los de un coche convencional.

El T-Rex tiene un enfoque más deportivo, mientras el V13R es más... ¿chopper?, contando con motor Harley-Davidson. Está basado en el corazón de una Ninja ZX-14 de Kawasaki, con 1,4 litros extraídos de cuatro cilindros, con 197 caballos saliendo de sus entrañas y 153 Nm de par máximo. Todo se reparte a través de los 295 milímetros de anchura del neumático trasero, que se acopla mediante cadena a la caja de seis velocidades secuencial de la propia Kawasaki, a la que se le ha aplicado un sistema de marcha atrás adicional. Desgraciadamente para Campagna, Kawasaki no les vende las piezas que necesita sueltas, sino que hay que sacrificar una ZX-14 (ZZR 1400) completa para dar vida a un 14R.



El resultado de esta extraña mezcla entre moto y coche es algo que no se parece a nada de lo que te puedas cruzar por la carretera. Comparado con el V13R, el 14R es mucho más potente, pero con 58.349 dólares de tarifa base (48.000€ al cambio, aproximadamente), también es bastante más caro. De hecho es más caro que un Ariel Atom básico. El T-Rex apenas se levanta sobre la carretera, pero cuenta con un refuerzo superior en forma de techo, dominado por la toma de aire superior central, y unos pilares que darían lugar de asiento a un parabrisas que... no existe.

Carece de puertas, ofreciendo unas enormes entradas al habitáculo, aunque resulta complicado embutirse dentro de él. Hay que retirar el volante, sentarse en el umbral de la puerta, deslizar los pies, y luego deslizar tu culo al asiento, que apenas se levanta sobre la carretera. Parece que te estás "tirando" en un Lamborghini de lo bajo que vas.



Una vez estamos dentro con el cinturón abrochado y el casco colocado, volvemos a poner el volante en su lugar. Los chicos de Campagna nos recomiendan "no sacar la mano para tocar el asfalto que pasa a toda velocidad bajo nosotros". ¿De verdad hace falta esa recomendación? Nos comentan que no es la primera persona que lo hace...

Resulta muy interesante quedarse con el movimiento de los órganos mecánicos (suspensión, ruedas...) mientras rodamos los primeros metros.

Pero estas curiosidades quedan completamente eclipsadas cuando empezamos a acelerar. El motor, situado tras la espalda del conductor, ofrece calor, vibraciones y sonido inesperados. Pero el sonido del motor es sólo una parte del tacto "puro y duro" del aparato. Con 92 litros de capacidad de almacenamiento en forma de dos maletas colocadas en los laterales de la rueda trasera, el T-Rex ofrece algo más de versatilidad que una motocicleta, pero claro, necesita el espacio de aparcamiento de un coche, dejando además todo a la vista de los transeuntes.

Lo bueno de estas pegas es que las sensaciones se multiplican. Al carecer de parabrisas o techo "convencional", la sensación del aire en nuestra cara a medida que aceleramos nos recuerda a la de una moto, con el extra de seguridad con el que cuentas. Resulta divertido y entretenido de conducir, más que muchos coches más potentes y caros del mercado.

La sensación de velocidad es muy superior a cualquier coche de cuatro ruedas cerrado, y eso es gran parte de la esencia de la diversión al volante con este aparato. Pesa sólo 470 kilos, gracias a lo cual es capaz de hacer el 0 a 100 en menos de cuatro segundos, camino de una velocidad punta de más de 230 km/h. Dice Campagna que su T-Rex es capaz de ofrecer hasta 1,3 G de aceleración centrípeta, lo que es una auténtica animalada, a la altura sólo de los mejores deportivos del planeta.



Cuando lo conduces no te puedes olvidar de que sólo hay una rueda motriz, y que puedes perder tracción si te propasas con el acelerador. También hay que tener cuidado con la mordida del embrague, que no deja de ser "de moto".

Tras un día disfrutando todo lo que puede ofrecernos el T-Rex, volvimos a la factoría de Campagna para devolverlo a sus creadores. Un Acura TL nos esperaba para devolvernos a casa, y claro, tan pronto nos sentamos en él se nos antojó aburrido, pesado, soso...

Y es que al final del día pudimos responder a la pregunta inicial que nos planteamos cuando nos dieron las llaves del T-Rex: puede que no sea tan viejo o esté tan cerca de su desaparición como estaba su homónimo dinosaurio, pero te podemos asegurar que es tan fiero y brutal como aquel. En un negocio como el automovilístico, donde las ayudas electrónicas están inundando y robando las sensaciones de conducción, aparatos como el T-Rex nos recuerdan cómo divertirnos, sin necesidad de ir a velocidades ilegales, de hecho.

[Prueba original por Noah Joseph]


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