Opel aprueba su plan de reestructuración; más inversiones para fabricar más modelos

Opel ha optado finalmente por la estrategia del estímulo para sacar a la compañía de su particular crisis. En lugar de seguir metiendo la tijera en plan salvaje (si bien no cabe echar las campanas al vuelo), la casa del rayo quiere volver a la rentabilidad con un nuevo plan de empresa a cuatro años que contempla una inversión masiva para lanzar nuevos modelos y reposicionar la marca.
Dos de estos coches todavía por anunciar son el derivado cabrio del Astra (que podría convertirse en un modelo propio y diferenciado dentro del catálogo de Opel) y el Adam, que hace nada pudimos ver en cueros vivos. Habrá más, aunque no sabemos qué habrá sucedido con el nuevo tope de gama ahora que Opel piensa cambiar ligeramente de orientación.
Ni GM ni la propia Opel han dado los pormenores de esta nueva estrategia con la que se espera devolver al fabricante alemán a una "rentabilidad sostenible" (que es otra de forma de decir que no quiere un parche rápido con el riesgo potencial de incurrir en nuevas pérdidas más adelante), pero sabemos que uno de sus puntos clave pasa por volver a producir vehículos más asequibles y cercanos a su antigua base de consumidores; que no es otra que el europeo medio.
Por supuesto, PSA también tendrá un papel destacado en el futuro de Opel. El grupo francés formado por Peugeot y Citroën hará piña con Opel para realizar compras conjuntas a sus proveedores y compartir algunos componentes particularmente costosos, mientras los de Rüsselsheim siguen concentrados en incrementar sus exportaciones a los mercados de fuera de Europa, que en estos momentos son prácticamente insignificantes.
