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Contacto en Suiza: Chevrolet Camaro 6.2i V8 Cabrio


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Hasta Suiza me he venido con Chevrolet para probar las últimas novedades incorporadas a su gama europea. A lo largo de los próximos días irás conociéndolas más en detalle, pero si te parece, vamos a empezar con el que ya es el modelo más emocionante de todos: el Camaro.

Muchos han sido los que llevaban años pidiéndole a Chevrolet que importara algunas unidades del popular pony car al viejo continente y tras varios intentos, por fin podrán adquirirlo. Han pasado unos cuantos meses desde que fuera planeada su comercialización y hasta que finalmente ha llegado a Europa, pero es que la enorme demanda que tiene en Estados Unidos tampoco está dejando muchas unidades libres para el comercio exterior.

Por ahora sólo 2.000 coches podrán pisar suelo europeo, combinando 500 unidades de cada versión: coupé o cabrio, con cambio manual o automático. Esto es debido a que se rigen por una homologación distinta a la empleada para vehículos de alto volumen de producción.



En Europa este modelo llega con algunos cambios respecto al norteamericano. Entre ellos están las ópticas posteriores con diodos LED y unos espejos retrovisores más grandes. También hay algunas modificaciones en el interior que tratan de mejorar la calidad percibida, mientras que el equipamiento se ha completado hasta contar con casi todo lo imprescindible y más, salvo por la ausencia de un navegador integrado en el salpicadero.

Todas las unidades están equipadas con el motor 6.2i V8 de 432 CV (405 en los automáticos), más que suficientes para lanzar a este deportivo hasta los 250 km/h de velocidad máxima y alcanzar los 100 km/h desde parado en sólo 5,2 segundos. Lo peor posiblemente sea el consumo, homologado en 14,1 L/100 en ciclo combinado, con unas emisiones de 329 g/km de CO2.



En lo relativo a los precios, la oferta para España es la siguiente:
  • Camaro 6.2i V8 432 CV Coupé 43.900 €
  • Camaro 6.2i V8 405 CV Coupé Aut. 45.900 €
  • Camaro 6.2i V8 432 CV Cabrio 49.900 €
  • Camaro 6.2i V8 405 CV Cabrio Aut. 51.900 €


El equipamiento como decía algo más arriba es realmente rico. Entre lo más importante destacamos:
  • ABS + EBD
  • ESP + TCS
  • Faros bi-xenón
  • Lavafaros
  • Control de velocidad
  • Aire acondicionado
  • Ordenador de viaje
  • Head Up Display
  • Radio CD MP3
  • Equipo de sonido Boston Acoustics
  • Puerto USB
  • Control por voz
  • Bluetooth
  • Asientos eléctricos
  • Asientos térmicos
  • Llantas de aleación de 20 pulgadas
  • Encendido automático de luces
  • Sensor de lluvia
  • Elevalunas eléctricos
  • Cierre centralizado con mando
  • Instrumentación adicional
  • Colas de escape cromadas
  • Ópticas LEDs posteriores
  • Cámara de visión posterior
  • Sensores de aparcamiento
  • Sensor de presión de los neumáticos
  • Volante deportivo multifunción forrado en piel
  • Alerón posterior
  • Alarma antirrobo
Entre las únicas opciones disponibles encontramos:
  • Pack 20 Aniversario, 2.000 €
  • Llantas de aleación pulidas, 500 €
  • Tapizado en piel "Infierno Orange", 500 €
  • Pintura metalizada, 800 €
  • Pintura especial, 1.000 €
  • Bandas decorativas exteriores, 500 €
  • Techo solar eléctrico, 1.000 € (Coupé)


EN MARCHA

Pero supongo que más allá de la teoría, lo que quieres saber es que impresión me ha dejado. Pues bien, he de decir que nada más llegar al aeropuerto de Berna y tras una pequeña introducción, los asistentes al evento casi nos dábamos de tortas por conducir un Camaro. Y es que este modelo ha levantado tanta expectación que nadie quería esperarse hasta el día siguiente para poder catarlo.

En plena revolución con la prensa nacional pidiendo una versión en concreto de "x" color, carrocería y cambio, tuve la suerte de apropiarme un cabriolet con caja manual de color negro. Todo un acierto estéticamente hablando si lo estás viendo en vivo, pero una verdadera pesadilla para encontrar el sitio correcto que inmortalice el momento y lo plasme cómo verdaderamente quieres. Pero bueno, tampoco iba a poner muchas pegas, pues mientras el resto seguía luchando por un coche, yo ya tenía las llaves del mío en la mano.

La distancia al parking, que normalmente me hubiera llevado unos minutos, la cubrí en segundos. Pero claro, esas llaves casi quemaban en el bolsillo. Según me fui acercando al lugar de estacionamiento iban saliendo algunas unidades de los compañeros más rápidos, y ahí es donde caí enamorado.



En el cara a cara, como en las fotos, es un coche que cautiva. Un descapotable que para nosotros sólo existe en las películas, con sus clásicas franjas decorativas y ese aspecto de depredador natural que ya cuesta encontrar en las calles europeas, movido por un motor cuyos ocho cilindros no están ahí sólo para consumir litros sin piedad, sino también para disfrutar dejando que los kilómetros se deslicen bajo sus ruedas.

Lo primero que hago al llegar a mi coche es dejar el portátil en el maletero, y aquí ya empiezan las impresiones menos positivas: por volumen, es escaso, y con dos portátiles y una maleta de cabina de avión, la cosa ya empieza a complicarse. Pero bueno, también es cierto que no es un coche para ir de vacaciones con el armario...



Abro la puerta y me pongo a sus mandos. Antes de analizar nada toqueteo los botones que regulan el asiento para encontrarme cómodo y, una vez alcanzada la postura correcta, me percato de que el morro parece infinito... y el interior muy ancho. Es verdad que no es pequeño, pero los 4,83 metros de longitud desde el habitáculo parecen seis. Hay mucho coche tanto por delante como hacía atrás. Con una postura de conducción tirando a bajita, todos los mandos me parecen estar en su justo sitio.



Toqueteando los distintos plásticos es cierto que se nota que no es un producto pensado para Europa desde un inicio, aunque hay que dejar claro que no aparenta mala calidad. Simplemente algunos detalles no están a la altura, y el abuso de los materiales duros no consigue hacerte cambiar de opinión. Sin embargo, tiene detalles atractivos, como el cuero utilizado para tapizar la banda central del salpicadero y la cara interna de las puertas, un buen número de elementos pintados, cromados por todas partes y ajustes más que correctos. A todo esto acompaña una atractiva iluminación interior por LEDs que además de llamativa, cumple muy bien su función. Menos me ha gustado que para consultar el rutómetro no hubiese una luz específica y haya que conectar el plafón central, bastante molesto para el conductor.



Por espacio en las plazas delanteras no se pueden poner pegas, incluso con la capota puesta. Tanto por altura como en anchura o cota longitudinal está más que servido. Otro mundo son las posteriores, muy justas en espacio para las piernas a poco que el pasajero delantero supere el metrosetenta. Por debajo de esa cota, es utilizable para personas de mediana estatura. Anchura y altura aquí no son malas, aunque tampoco sobra espacio.



Analizado el interior, toca arrancar y ponerse a jugar con los 432 CV. Para ponerlo en marcha no hay arranque por botón así que giramos la llave y... ¡Madre mía! El sonido que inunda mis oídos es sobrecogedor. Sus ocho cilindros acaban de despertar y sin haber tocado el acelerador, mi corazón ya está a mil. Meto primera y tras intentar no romperme un tobillo con su durísimo embrague, hago lo propio para conservar mi muñeca en buen estado, pues la palanca de cambios también requiere más resistencia de la habitual. Aquí todo es a lo bestia, desde el bramido del motor, hasta el tacto de los principales elementos con la única salvedad de la dirección, muy correcta viendo la situación general.



Salimos del parking y seguimos la ruta marcada que nos llevaría desde el aeropuerto de Berna hasta La Chaux de Fonds, lugar donde nació Louis Chevrolet, fundador de la compañía que en estos días cumple 100 años. En este trazado está previsto que podamos pisar desde vías de montaña de las de verdad -con tramos en los que dos coches lo tienen complicado para pasar- hasta vías rápidas y algo de ciudad.

Acostumbrado ya a la dureza de todos sus mandos, hay que destacar más que las buenas prestaciones lógicas teniendo en cuenta la potencia del motor, la sensación de poderío que se siente al conducirlo. Es algo casi inexplicable. Da la sensación de que eres el dueño del mundo y nadie podría hacerte sombra. Pisar el acelerador en segunda es quedarte pegado al asiento y mientras eso ocurre, tus odios se deleitan con una mágica música que emite el escape y corroe de envidia -sana esperamos- al resto de conductores.



El Camaro correr, corre y mucho. Pero no es esto lo mejor del coche. Quiero dejar bien claro que es un automóvil en el que las sensaciones son muy superiores y posiblemente habrá productos con 150 CV menos que le saquen los colores, pero no podrán ni de lejos acercarse al estimulante sonido y brutal par que tiene el Chevrolet. Es un motor muy elástico que funciona bien desde muy abajo y cambia de sonido radicalmente por encima de las 3.500 rpm. La única velocidad que se le atraganta un poco es la sexta, pues a 80 km/h era incapaz de ganar velocidad. Eso sí, fue engranar una menos y la cosa cambió de golpe, recuperando con mucha facilidad.



El tema de los consumos creo que a nadie le sorprenderá. Terminado el recorrido de algo más de 160 km, el ordenador de viaje indicaba una media de 17,4 L/100, nada mal teniendo en cuenta que otros compañeros no lo habían bajado de 20 L/100. En cualquier caso esto es algo exagerado y no muy real, pues no creo que un usuario normal conduzca de la misma manera que lo hemos hecho nosotros (seguramente sí los fines de semana, pero no a diario si decide llevarlo al trabajo).



En cuanto al comportamiento, se puede decir que sorprende por lo cómodo que es. Su estética y el sonido que emite el motor engañan de primeras y sobre todo al ver el primer bache uno piensa, adiós costilla. Pero no; este Camaro cuida a sus ocupantes de manera que sin balancear mucho es capaz de filtrar las irregularidades de las estupendas carreteras suizas. Posiblemente en España resulte algo más brusco y rebotón, pero ahí la culpa no es de Chevrolet, sino del Ministerio de Fomento.

Al aligerar la marcha lo peor del Camaro es que tiende a perder tracción. Y cuando no lo hace, empuja tanto que parece que se levantan las ruedas delanteras, como si fuese a despegar. En una carretera llena de curvas me termine convenciendo de que este coche, por mucha estética y motor, no deja de ser un cordero con piel de lobo. Es verdad que se puede rodar muy rápido, pero la dirección a ciertas velocidades ya no resulta tan precisa y la elevada masa del conjunto no ayuda a encontrar ese punto entre agilidad y eficacia, resultando más torpón de lo esperado.



Pese a esto, te puedo decir que me ha parecido muy satisfactorio en términos generales especialmente por resultar cómodo en el día a día. Vale que no es típico coche para ir al trabajo -más que nada por el consumo- pero si hay que realizar algún desplazamiento largo, este Chevrolet cumple muy bien su cometido, y tampoco te obliga a llamar al masajista tan pronto como abandonas el asiento del conductor -un Cupra R es mucho más incómodo, al igual que un MINI Cooper S con suspensión deportiva, capaces ambos de dejarte un par de costillas rotas en el primer bachecín que te encuentres-.



En cuanto al techo, en los cabriolet se ha resuelto de la manera más económica posible y, también es cierto, engorrosa. Pese a que incluye accionamiento eléctrico, se hace necesario poner una funda que protege la loneta una vez queda plegada tras los asientos posteriores. Es una pena que no lleve una tapa abatible tan común en otros cabrios que no obliga a bajarse del coche. Tampoco parece de recibo que para terminar de capotarlo haya que girar un mando en el techo, al más puro estilo del Renault Wind, coche que por cierto cuesta 2,5 veces menos.



Por lo demás es enorme, pero no tan amplio. Está muy equipado, pero también es algo caro. Resulta divertido, pero no lo suficiente como su imagen dicta... Y así podría estar todo el día, llenando de contradicciones y puntos opuestos el artículo. Todo lo bueno es mejorable, pero lo malo no lo es tanto. El Camaro es un modelo de nicho que llegará a un público muy particular al que el consumo, las plazas traseras pequeñas o el maletero justo no le importan, al igual que tampoco el comportamiento en montaña. Es un coche que se compra por estética, por ser casi un mito del cine y sobre todo un auténtico pony car, por estos lares todavía exótico. Quien quiera efectividad, lo mejor que puede hacer es irse a Nissan y comprar un 370Z, más barato y rápido.



Personalmente, y con esto ya me despido, si pudiera tendría uno. Es tan sumamente bello como abrumador cuando sus ocho cilindros se dejan sentir, y aunque no está al alcance de todos los bolsillos, son los 432 CV más accesibles del mercado. Recuerda que hay un Camaro desde 43.900 € así que ya sabes, si no te importa el consumo... no sé qué haces leyendo esto y no reservando uno.



Nota: Salvo que ya estés en el conce, no te quedes muy lejos del ordenador porque en las próximas horas volveremos con más novedades. Mientras tomamos un respiro, disfruta de la galería de imágenes del Camaro junto a su admiradora número uno, con tan buen apetito como el protagonista de este artículo.


Texto y fotos en vivo por Enrique García, también en
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