Categorías: Smart, Garaje, Utilitarios

Prueba: Smart ForTwo MHD Passion Aut. MY2011 (2/2)


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Primera parte: Habitáculo, equipamiento y rivales

Tras la primera entrega en la que te contaba todo lo relacionado con la primera impresión que tuve al encontrarme con el Smart ForTwo, ahora toca comprobar su comportamiento, las prestaciones y todo lo relacionado con su movilidad.

El Smart ForTwo es un automóvil de concepto diferenciado y como tal, sus maneras a la hora de circular con el también resultan peculiares. No hay nada parecido en comportamiento y aunque pueda parecer algo positivo, realmente no lo es. Salvo en ciudad, ámbito para el que ha sido diseñado, en el resto de vías se muestra torpe e incluso peligroso.



El Smart ForTwo de la prueba está equipado con un motor de un litro, doce válvulas y 71 CV, en combinación con el cambio manual pilotado con posibilidad de manejo totalmente automático. Por debajo queda una variante con 61 CV y por encima hay dos posibilidades adicionales: 1.0i Turbo con 84 CV, y el Brabus, más radical con nada menos que 102 CV. En diesel también se comercializa un 0.8 CDI con 54 CV, pero no interesa por precio y prestaciones.

Nada más arrancar el MHD 71 CV, lo que más llama la atención es su sonido. Muy característico, sus tres cilindros no pretenden ser discretos y, como comprobaré más adelante apurando las velocidades, llega a ser hasta deportivo. Esto por sí mismo ya te deja descolocado, aunque con una pequeña sonrisa en la boca.



SONIDO DEPORTIVO

Antes de iniciar la marcha, trato de encontrar la postura más cómoda al volante, pero sin embargo, tras varios intentos, no lo consigo. La falta de regulación en altura del asiento y de profundidad en el volante hacen que aquellas personas de talla alta se encuentren algo forzados. Tampoco ayudan los asientos con apoyacabezas integrados, con un respaldo que por sus formas no termina de recoger la espalda.



Viendo que no había mucho más que hacer, me adapto de la mejor manera posible y me pongo en marcha. El funcionamiento de la palanca de cambios es bien sencillo. Si deseamos utilizar el modo manual, lo único que hay que hacer es situar la palanca en "D" y posteriormente ir subiendo o bajando las velocidades con un simple toque. En caso de querer una despreocupación total, en la palanca hay un botón que con presionarlo, nos pasa inmediatamente al modo automático. De esta manera la única función en teoría que debe realizar el conductor es guiar el volante y manejar los frenos... aunque en la práctica, se hace necesario ahuecar ligeramente el pie del acelerador en los cambios para que no resulte excesivamente brusco, y aun así, no siempre se alcanza el éxito. Esta transmisión es demasiado lenta e incluso en modo manual, tarda en exceso para subir una velocidad. Las reducciones son algo más eficaces, aunque nunca rápidas.

Este detalle marca por completo la conducción del ForTwo. Sólo cuando la tranquilidad invade nuestro modo de pilotaje, la caja del ForTwo parece hacer bien su trabajo, con transiciones suaves y aunque perceptibles, nada incomodas. Por cierto, que en modo manual hay un indicador en la instrumentación que nos avisa de cuando debemos realizar el cambio de marcha para conseguir rebajar los consumos. En la práctica, lo deja tan bajo de vueltas que falta "chicha" para responder con cierta contundencia.



MÁS RÁPIDO DE LO QUE PIENSAS

Pero ojo, no pienses que el Smart es un automóvil lento. Tras compartir más de mil kilómetros con él por todo tipo de vías, me ha sorprendido la solvencia con la que se mueve en términos de prestaciones. Asombra su brusco tirón en ciudad, con aceleraciones que podrían dejarte con la boca abierta y, si a esto le sumamos las sensaciones, parecerá que vuelas. Alcanzar los 80 km/h desde parado es pan comido, y sólo a partir de ahí la fuerza se ralentiza hasta perjudicar las frías cifras en el 0 a 100 km/h (y pese a ello no son malas, con 13,7 segundos homologados). Para entender bien cómo se mueve, lo mejor es probar uno y no fijarse en los datos teóricos, pues no muestran la realidad de sus maneras.



En autopista supuestamente el ForTwo está limitado a 145 km/h, pero además de ser una velocidad que se alcanza con cierta facilidad en cuarta -la quinta demasiado larga se eterniza salvo con terreno favorable- los supera hasta conseguir superar los 155 km/h -comprobados en circuito cerrado y con la medición de un GPS-. Esto ya es sorprendente. Sin embargo no es nada aconsejable e incluso los 145 supuestamente limitados son algo elevados para las posibilidades de su chasis y tarado de suspensión.

Y es que el comportamiento queda muy marcado por la diferencia entre el ancho de vías del eje anterior y posterior. Mientras que la trasera parece ir bien pegada al suelo –en parte ayudado por el peso del motor-, las ruedas delanteras transmiten una sensación de flotabilidad que no ayudan a que el conductor trace curvas o incluso glorietas con tranquilidad. Por así decirlo es como si tratases de girar pero no lo consigues, necesitando más radio del que inicialmente pensabas. Con todo, la conducción deportiva queda descartada y sólo si eres un amante de las emociones fuertes y el riesgo, trataras de domarlo en esas circunstancias. De todos el ESP, siempre muy presente y que trabaja horas extras, trata de reducir los riesgos de accidente.

Las suspensiones son duras, mucho. Tanto que incluso en ciudad marcan excesivamente el confort. Para no tener problemas de estabilidad, Smart ha tratado de minimizar los balanceos reduciendo el recorrido y la extensión de los amortiguadores, consiguiendo un viraje casi plano, pero también una nula capacidad de absorción de los baches, con golpes secos y rebotes en cuanto el firme no está inmaculado.



Por lo demás, y asumiendo estos defectos, el Smart es el auténtico rey de las ciudades. Ágil en los cambios de carril, además se aparca en cualquier sitio. La dirección, sin asistencia en nuestra unidad, tampoco pesa en exceso y en cuanto hay un mínimo movimiento, se mueve fácilmente.

En cuanto a los consumos, salvo en ciudad en el que el sistema Stop&Start ayuda a reducir las cifras, son normales. Lo lógico es rondar los 5,7 L/100 en carretera, 6,8 L/100 en autopista y, en ciudad, unos más contenidos 5,6 L/100. En conducción deportiva se acerca a los 10,0 L/100 sin demasiados problemas y, si buscas la máxima eficiencia, te costará bajar de los 5,0 L/100. Para los que no quieran utilizar el Stop&Start, hay un botón situado justo delante de la palanca de cambios que permite desconectarlo. Sin embargo no me parece necesario, pues no es incómodo y aunque sí vibra mucho, al no tener embrague tampoco se transmite tan directamente al conductor. Por cierto, este MHD aprovecha cualquier momento para parar el motor, y lo hace incluso antes de estar completamente parado. Basta decir que en maniobras de aparcamiento puede pararlo, y al insertar la "R" y soltar el freno, volver a arrancarlo.



En definitiva el Smart ForTwo es ideal para ciudades, pero nada aconsejable si de vez en cuando sales a carreteras. Y no por prestaciones, sino por la incomodidad de la suspensión y sus raras reacciones. Para estos menesteres, es mejor optar por el Toyota iQ, mucho más coche en cualquier circunstancia, más cómodo y, curiosamente, más lento -el 69 CV- y barato.

ALGUNOS DATOS

  • Cilindrada: 999cc
  • Potencia: 71 CV
  • Par máximo: 92 Nm
  • Velocidad máxima: 145 km/h
  • Aceleración 0-100: 13,7 seg
  • Consumo medio: 4,3 L/100
  • Emisiones CO2: 98 g/km
  • Cambio: secuencial, cinco velocidades
  • Depósito: 33 litros
  • Maletero: 220 litros
  • Longitud: 2,69 metros
  • Anchura: 1,55 metros
  • Altura: 1,56 metros
  • Batalla: 1,86 metros
  • Neumáticos: 155/60/R15 (del), 175/60/R15 (detrás)


VIRTUDES

  • Manejabilidad en ciudad
  • Prestaciones
  • Calidad de acabado
DEFECTOS
  • Precio algo elevado
  • Comportamiento
  • Confort de suspensión
VALORACIÓN
  • Habitabilidad: 7
  • Maletero: 7,5
  • Calidad percibida: 8
  • Sonoridad: 6,5
  • Confort de marcha: 5
  • Iluminación: 8
  • Visibilidad: 9
  • Comportamiento: 5
  • Comportamiento en campo: N/A
  • Frenos: 8
  • Dirección: 7,5
  • Cambio: 6
  • Prestaciones: 8
  • Aceleración: 7,5
  • Recuperaciones: 7,5
  • Consumos: 7,5
  • Equipamiento: 7,5
  • Opciones: 8,5
  • Valor/precio: 6,5


CONCLUSIÓN

El auténtico rey de las ciudades debe quedarse allí, en el lugar para el que ha sido desarrollado. Tratar de realizar desplazamientos más allá del extra-radio supone lidiar con unas reacciones y una suspensión que no ayudan a conductor y pasajero a realizar un viaje placentero. Por si esto es poco, la sonoridad llega a ser desconcertante a partir de los 100 km/h, y se hace incluso complicado mantener una conversación (al ruido aerodinámico se suma el del motor, que se encuentra justo detrás de los asientos). Tampoco es barato, pero sí está muy bien terminado y es una auténtica gozada aparcar en espacios mínimos.

Para el día a día, es un automóvil muy válido, pero sus limitaciones hacen casi obligatorio tener otro vehículo en el garaje. Si no puedes permitirte dos coches, quieres uno muy fácil de estacionar y el uso mayoritario es en ciudad, opta por un iQ 1.3 VVT, también muy pequeño (menos de tres metros de longitud) y mucho más estable y cómodo en cualquier circunstancia. Eso sí, el precio ya no es tan accesible, aunque viene muy bien equipado.

¿Lo compraría? Sí, desde luego. Esto puede parecer algo incoherente tras haber leído la prueba, pero es que es un automóvil que en el día te conquista. Es algo que no se puede explicar con una lógica natural, pero lo cierto es que terminas encontrando un punto positivo a todas esas rarezas o defectos. Convive con uno unos días y luego nos cuentas, pues es lo mejor para entender la filosofía Smart.


Texto y fotos por Enrique García, también en Facebook

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