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Fórmula 1, la columna de opinión: GP de Canadá



La lluvia ha dado gran parte de los mejores momentos de este pseudodeporte, pseudoespectáculo circense que llamamos Fórmula 1. Michael Schumacher, Ayrton Senna, Jim Clark, Olivier Panis, y tantos otros no serían tan grandes si no hubieran logrado gestas inigualables en circuitos donde caía una tromba de agua impresionante.

La lluvia es ese líquido elemento que separa a los hombres de los niños (o mejor dicho, a los prudentes de los imprudentes), y eliminarla como factor decisivo es una decisión que no tiene sentido.

Puede que la FIA, ayer, decidiera cortar la carrera "por la seguridad de los pilotos", pero piensa también que la cortaron porque detrás de los chorros de agua que levantan los coches, la televisión no puede grabar, y el helicóptero no puede volar tampoco "como Dios manda".

Porque, hoy por hoy, en la F1 cuenta más que todos puedan ganar, y que eso se pueda ver en la tele, que medir la calidad de los conductores.

Y es que esa es la única manera de explicar que se saliera tras el Safety Car, que luego se parara la carrera en la vuelta 20, y que se esperara a reanudarla cuando ya existía un carril completamente seco en el asfalto.

Es una decisión que nadie podrá defender. Los coches son seguros ante accidentes, y si bien la pista está mucho más complicada, los pilotos tienen que adaptarse a ella, y rodar al ritmo que las condiciones meteorológicas le dejen. Suspender una carrera por la lluvia, o retrasarla hasta que se acabe es algo que hacen en algunas fórmulas americanas solo por el espectáculo, y eso es lo que parece querer hacer la FOM con la F1, con el apoyo de la FIA.

Y es que en condiciones mojadas probablemente pilotos como Kobahashi y Schumacher habrían logrado un mejor resultado que el que a la postre sacaron del Gran Premio, pues está contrastada su calidad bajo el líquido elemento, pero no cuentan con coches capaces de dar prestaciones.

Convendría echar la vista atrás, y recordar victorias sobre mojado extremo, pues a mí me vienen a la mente muchas de Schumacher con un Ferrari poco competitivo, o el podio de Alonso en Brasil aquel año que acabó estrellado contra el muro, carrera que ganó Fisichella con un lento Jordan.

Podría hablaros de la carrera, del excelente papelón que hizo Button atacando como pocas veces se le ha visto, de la fragilidad en ocasiones de Vettel, que falla cuando se le presiona porque todavía está un poco verde, o de un Massa que sorprendió en positivo tras muchas carreras en las que uno se preguntaba qué demonios hacía en Ferrari. Pero no, he preferido centrar mis comentarios sobre una crítica que sé que nadie de la organización va a leer, pero que realmente me preocupa. ¿Se acabaron las carreras en lluvia con neumático de agua extrema en la F1? Eso parece.

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