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Prueba: Skoda Octavia Combi 2.0 TDI CR 170 CV RS DSG (2/2)


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Primera parte: Habitáculo, equipamiento y acabado

Como viene siendo habitual, en la primera entrega de esta prueba del Skoda Octavia Combi 2.0 TDI RS DSG ya pudiste leer aquellos apartados relacionados con el interior, equipamiento, calidad y diseño. Hoy la atención recae sobre su comportamiento, prestaciones, caja de cambios y las distintas valoraciones generales.

El motor empleado en este Octavia RS es un dos litros diesel con 170 CV. Gracias al empleo del sistema de inyección common-rail se ha suavizado mucho la respuesta respecto al anterior bomba-inyector, a la vez que se han mantenido las prestaciones en niveles muy buenos y siempre con consumos ajustados.



EXCELENTE COMBINACIÓN MOTOR-CAMBIO

Para ponerlo en funcionamiento es necesario recurrir a la clásica llave de tipo tradicional –no hay botón Start-, pisar el freno y comprobar que la palanca de cambios está situada en punto muerto (N) o en posición parking (P). Nada más arrancar el ruido que llega al interior es bastante contenido, al igual que el nivel de vibraciones, si bien desde fuera cualquiera se puede percatar de que el combustible empleado en este automóvil es el gasoil. Según va tomando temperatura la sonoridad se va reduciendo y en marcha no se pueden poner pegas en cuanto a ruidos en general o vibraciones, permitiendo una conversación en tono normal incluso a alta velocidad. Ni siquiera cuando el excelente cambio DSG apura las marchas hasta las 5.000 rpm la sonoridad se vuelve un incordio, aunque claro, en esos momentos se echa de menos un sonido más acorde con las circunstancias.



Lo que más me ha gustado del conjunto motor-cambio es la dualidad de uso que permite. Por un lado podemos circular con total tranquilidad como en cualquier otro vehículo, momento en el que la gestión electrónica de la caja DSG entiende que no queremos sacar el máximo provecho al motor y trata siempre de circular con la velocidad más alta para reducir el consumo. Por respuesta y suavidad es muy agradable mientras que los distintos cambios se realizan con rapidez y en ocasiones llegan a ser imperceptibles. Por otro lado los 170 CV disponibles dan mucho de sí para poder circular rápido, y en cuanto nuestro tipo de conducción es por así decirlo más dinámico de lo habitual, sólo con presionar el pedal del acelerador a fondo es suficiente para que el DSG reduzca las marchas necesarias de golpe de manera instantánea, y por tanto, siendo mucho más rápido que uno manual. El modo Sport (S) suele jugar con marchas más cortas para contar con una superior reserva de potencia, y si convierte en la opción estupenda para divertirse por carreteras de montaña –en D posiblemente podrían producirse algunos cambios de marchas en apoyo al no apurarlas tanto-.



Levas opcionales por 15 €

Como todo DSG, este Octavia también permite un manejo manual mediante la propia palanca o las levas situadas tras el volante -opcionales con un precio de risa, sólo 15 €-. Giran de manera solidaria con el volante y tienen un tamaño algo pequeño, por lo que no siempre se encuentran. Lo mejor es que las reducciones se hacen en un tiempo mínimo, mientras que para subir una velocidad tarda algo más, pero en cualquier caso, con una rapidez sensacional.

El único "pero" que se le puede sacar a esta caja DSG es cuando el motor está frío, siendo un poco menos suave que cuando ya ha tomado temperatura. Por lo demás, nada que objetar, siendo muy aconsejable por todo lo mencionado, a lo que habría que sumar lo cómodo que resulta en tráfico urbano, olvidándonos del pesado pedal de embrague.



Una versión deportiva, hasta hace no mucho, siempre estaba asociada a motores de gasolina. Sin embargo en los últimos tiempos han proliferado las variantes dinámicas con bloques diesel, algo que para muchos es un sacrilegio y que jamás aceptarán. La razón es muy sencilla: no es lo mismo tener que realizar los cambios a un régimen entre las 4 y 5.000 rpm, que poder estirar el motor hasta las bien pasadas las 7.000... Sin embargo, con las cajas de doble embrague actuales esto se disimula relativamente, y la propia DSG en este caso se encarga de aprovechar al máximo la potencia disponible. Por tanto, aunque siguen siendo mundos de sensaciones diferentes, las diferencias se recortan.

Consumos ajustados

Los consumos obtenidos durante la prueba se pueden considerar más que satisfactorios. En ciclo urbano es raro superar los 8,5 L/100 km mientras que en vías de segundo orden, a 90-100 km/h de crucero, lo habitual es rondar los 5,0 L/100. Ya en autopista, a 120-130 km/h de media, el consumo se queda por debajo de los 6,0 L/100. Por tanto son cifras siempre bajas y más que buenas para un 170 CV. Además, en conducción deportiva tampoco suben en exceso.



EXCELENTE COMPORTAMIENTO

El comportamiento general del Octavia Combi es muy bueno, mostrando unas maneras que permiten a cualquier tipo de conductor sacar un muy buen provecho del caballaje disponible. Con una estabilizadora más gruesa, suspensión rebajada y muelles más duros, no se puede decir que sea tan cómodo como el resto de la gama Octavia, pero logra un compromiso muy coherente entre estabilidad y confort. Puede que para algunos se eche de menos una capacidad de filtrado superior, pero claro, entonces el comportamiento tampoco sería tan bueno.



Las oscilaciones de la carrocería son siempre contenidas, lo que ayuda a dibujar mejor las curvas y ganar en sensación de seguridad. La dirección guía muy bien a las ruedas por el camino marcado, aunque para mi gusto es algo lenta, debiendo girar más de la cuenta el volante. Por así decirlo no es de esas que con un estornudo ya te ha movido el coche para todos los lados -como en los MINI-. Tampoco resulta especialmente informativa, por lo que en ocasiones podrías echar de menos saber que ocurre entre las ruedas y el asfalto. Pero eso sí, por asistencia no hay reproches, teniendo un calibrado más bien pensado para público más general y menos dinámico.

En condiciones en las que el ritmo de marcha es demasiado vivo puede pasar que el control de estabilidad nos avise de que estamos jugando con los límites. Sin embargo entra de manera muy discreta, dejando que el conductor retome el control absoluto.

En ciudad me ha encantado la excelente visibilidad que proporciona su elevada superficie acristalada. Tanto en cruces como en maniobras de aparcamiento es sencillo tenerlo todo controlado, y en las segundas ni siquiera he echado de menos el sensor de parking posterior (opcional, al igual que los delanteros). Con 4,60 metros de longitud no es que se pueda decir que es el modelo apropiado para la ciudad, pero al menos si encuentras un sitio no te dejarás la piel tratando de averiguar dónde quedan las esquinas.



Cómodo en viajes largos

Tanto en autovía como en carreteras de montaña ha mostrado muy buenas maneras. En las primeras consigue rodar a ritmos rápidos con una facilidad pasmosa, mientras que en las segundas parece algo más ligero de lo que luego realmente es. Sólo en algunas ocasiones, apurando al máximo las posibilidades del bastidor, se da uno cuenta de que la base tomada es de compacto, con una batalla más recortada y una pisada menos contundente que por ejemplo en un Mazda6 -toda una referencia en dinamismo- o un Citroën C5 -cómodo como pocos-. De todos modos en Skoda ya tienen una berlina media en condiciones. Se llama Superb y puede sacar los colores en algunos apartados a muchos modelos más grandes.

Volviendo al Octavia, me ha gustado mucho el sistema de iluminación. De serie cuenta con las ópticas delanteras direccionales y lámpara de gas, tanto para las cortas como para largas. Esto permite un haz más claro y siempre enfocando la trayectoria marcada. Sin duda alguna, un elemento que en aquellas versiones en las que es opcional debería tenerse muy en cuenta, pues ganamos en seguridad y aquí nunca es buena escatimar un puñado de euros.



ALGUNOS DATOS
  • Cilindrada: 1.968cc
  • Potencia: 170 CV
  • Par máximo: 350 Nm
  • Velocidad máxima: 223 km/h
  • Aceleración 0-100 km/h: 8,4 seg
  • Consumo medio: 6,0 L/100
  • Emisiones CO2: 159 g/km
  • Cambio: secuencial, seis velocidades
  • Depósito combustible: 55 litros
  • Capacidad maletero: desde 580 litros
  • Longitud: 4,59 metros
  • Anchura: 1,76 metros
  • Altura: 1,45 metros
  • Batalla: 2,57 metros
  • Peso: 1.520 kg
  • Neumáticos: 225/45 R17 (225/40 R18 opcionales)


VIRTUDES
  • Conjunto motor-cambio
  • Excesivamente discreto
  • Maletero impresionante
DEFECTOS
  • Calidad de algunos plásticos
  • Plaza central trasera justa
  • Excesivamente discreto


VALORACIÓN
  • Habitabilidad: 8,5
  • Maletero: 9
  • Calidad percibida: 8
  • Sonoridad: 7,5
  • Confort de marcha: 8
  • Comportamiento: 8,5
  • Frenos: 8
  • Dirección: 8
  • Cambio: 8,5
  • Prestaciones: 8
  • Aceleración: 8
  • Recuperaciones: 8,5
  • Consumos: 8
  • Equipamiento: 7,5
  • Valor-Precio: 7,5


CONCLUSIÓN

El Skoda Octavia Combi es de por si excelente producto por su buen equilibrio general. Es amplio, versátil, está bien terminado y no es caro. En este acabado RS con motor diésel de 170 CV y cambio DSG suma unas prestaciones de primer nivel, unos consumos siempre ajustados y una caja excelente en su funcionamiento. El precio final ya no es tan comedido, pero bien es cierto que la dotación es completa y ofrece mucho. Es importante tener en cuenta los posibles descuentos, pues con ellos es todo un caramelo. Eso sí, como versión equilibrada está el 2.0 TDI 140 CV Collection y caja DSG, aunque entonces su estética es todavía más conservadora si cabe.

¿Lo recomendaría? Sí, sin dudarlo. Más allá de considerarlo como un compacto o una berlina, hay que tener presente sus cualidades y equilibrio general. No es el más capaz para los pasajeros, pero tampoco se queda justo. La dotación es interesante y la presentación, aunque sobria, está a buen nivel. Los defectos, por llamarlos de alguna manera, puede que incluso no lo sean para muchos, por lo que aquí la percepción personal de cada uno es la clave.


Texto y fotos por Enrique García, también en Facebook

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