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¿Usado mejor que nuevo? Dame un MINI R53, que el R56 no lo quiero



Bienvenido a la era moderna de la industria del automóvil, un lugar donde cada generación los coches pierden encanto y ganan... Bueno, realmente no sé lo que ganan, pero se supone que hacen más felices a sus compradores potenciales, ese grupo de individuos que los usan para el "feo" cometido de transportarse de A a B en máximo confort, mínimo tiempo, máximo estilo, mínimo riesgo.

Pero yo no soy de esos (y probablemente tú tampoco, habida cuenta que estás leyendo esto). Hay días en los que me pregunto a que altura del pliego de condiciones inicial de los proyectos de los nuevos coches se encuentra el placer de conducción, y hasta qué punto este es un factor definitorio en la puesta a punto de los mismos. Pero esa pregunta tiene una respuesta fácil: está muy, muy abajo realmente.

Y su lógica tiene, pues los apasionados a disfrutar de las curvas somos un grupo muy reducido de personas, pero hay algo injusto en todo esto, y es que cada día parece más claro que, o tienes un buen puñado de billetes para gastar, o no eres "digno merecedor" de un coche que transmita sensaciones a través de su volante.

Y es que se pueden contar con los dedos de una mano ya hoy en día los coches que tienen alma y carácter, y que te lo transmiten a través de todos los aspectos posibles, y en especial, uno de ellos: la dirección.

No es la primera vez que me quejo en esta página sobre lo poco involucrantes que son las direcciones de los coches últimamente, pero es que en los últimos días tuve la oportunidad de volver a sufrir un poco más y ver que no sólo se trata de un mito, sino de una auténtica realidad.

Cuando BMW lanzó al mercado el nuevo MINI "original", y su variante Cooper S (código interno R53), pasé mucho tiempo al volante de varias unidades, con y sin kit JCW, y en diversos estados de preparación. Pero con llantas grandes o pequeñas, con suspensión más dura o más blanda, el recuerdo que tenía era fenomenal, con una dirección precisa, que transmitía a la perfección la cantidad de agarre disponible, que invitaba a jugar a colocar la trasera a voluntad. Un coche que tenía sus claros problemas: poco recorrido de suspensión, algo rebotón, tal vez demasiado duro como para disfrutarlo en largos viajes, y probablemente demasiado ansioso por ir de lado "de cuatro ruedas".

El MINI evolucionó, y en su siguiente generación creció pero manteniendo el diseño casi clavado. El nuevo Cooper S (R56) y su motor turbo de inyección directa es más rápido, su interior está mejor acabado, gasta menos combustible, es más espacioso, y casi imperceptiblemente más feo (demasiado gordo para mi gusto en su morro por la nueva normativa anti atropellos).

Pero tras probar varias unidades, sin tiempo para volver a montarme en el R53 a las pocas horas, me quedé confundido con una dirección mucho más filtrada. El coche seguía siendo capaz de colocar su trasera, pero ya no de la misma manera. Más recorrido de suspensión, tarados de muelle y amortiguador más lógicos, un motor mucho más progresivo y plano en su curva de par... El R56 era un mejor medio de transporte, pero ¿era un mejor MINI?

La respuesta a mi cuestión la conseguí sacar hace unos días, pudiendo probar casi de manera consecutiva varios R53 y R56, hasta sacar una conclusión muy sencilla: yo me quedaba con el R53, con el Cooper S "viejo". El otro es para el que quiera un buen medio de transporte. Lo acepto, es más cómodo, gasta menos, está mejor hecho por dentro, es más sólido, mejores mandos, más fácil de conducir, tiene mejor pisada en la carretera... Todo lo que quieras. Pero con el R56 BMW mató lo que hacía grande al R53 (al menos en gran parte), pues perdió la esencia, el alma de MINI, esa dirección que tanto te contaba cómo se agarraban los Bridgestone ahora ya no existe. Esa sensación de entrar en las curvas y salir de lado derrapando de cuatro ruedas mientras el autoblocante reparte par y el volante da pequeños latigazos no tiene precio, y ya no está ahí.

No nos engañemos, el R56 es más rápido también, y en el curva a curva probablemente machaque al R53, pero la velocidad no lo es todo, y yo no me compro un coche por sus tiempos en un tramo, sino por la cantidad de sonrisas que puedo obtener en dicho espacio.

Vale, el R56 sigue siendo, ante la competencia, un coche con mucho más carácter, más divertido de conducir que por ejemplo el A1 de Audi, pero el R53 era mejor. Visto lo visto, si amas la diversión de conducción y te gusta un MINI Cooper S, compra el R53. Te ahorrarás un dineral, y encima tendrás un compañero de viaje más divertido.

Si el próximo MINI se refina más... ¿a dónde llegaremos?

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