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Prueba: Nissan Cube 1.6i 16v Tekna Premium (2/2)


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Primera parte: Habitáculo, calidad y equipamiento

Como te decía ayer en la primera parte, lo primero que te saca el Cube al verlo es una sonrisa. Esto se debe a su peculiar estética pero, ¿mantendrá esa expresión a sus mandos? Pues la repuesta es variable, dependiendo de lo que esperes de él. Pretender el comportamiento de un turismo convencional en un automóvil tan ligero y alto es complicado, por lo que hay que cambiar el chip y verlo como un monovolumen. Sólo en este caso, queda bien situado frente a la competencia.

El pequeño Cube, con menos de cuatro metros de longitud y un peso que no alcanza los 1.200 kg, comparte un buen número de elementos mecánicos con el Note, pese a contar con un aspecto radicalmente diferente. Esto en la práctica es bueno, pues el monovolumen japonés se mueve realmente bien en todo tipo de vías. El Cube tiene un enfoque diferenciado, que se nota en suspensiones, frenos y carácter, mucho más suavizado.



El primer contacto con el Cube a sus mandos lo tuve en pleno centro de Madrid. Nada más salir de las instalaciones de Nissan te das cuenta de que conduces un vehículo especial y poco visto. No hay nadie que no gire su cabeza y le cambie la cara (para bien y para mal, hay de todo). Esto podría no ser importante de no ser por las barbaridades que algunos conductores realizan para poder observar todos los ángulos del Nissan. En más de una ocasión me he llevado un susto, pues se meten por todos lados para tratar de adelantarte y comprobar que la asimetría no continúa en el frontal.

Olvidando al resto del tráfico, realmente el Cube es fantástico. Su mayor altura y una postura al volante más erguida de lo normal permiten controlar a la perfección lo que ocurre unos metros más adelante. El motor de 1,6 litros no es ruidoso y apenas vibra, tiene buenos bajos y consigue un buen reprís en las tres primeras marchas, lo que facilita corretear con suma alegría El radio de giro es bueno, la dirección tiene la asistencia adecuada y su ligereza queda patente a la hora de cambiarnos de carril, siendo bastante ágil en esta situación.

Una vez salí del caos madrileño, tuve contacto directo con la autopista. Aquí las primeras impresiones fueron positivas, con bastante aplomo y un buen tacto de dirección. Sin embargo algo más tarde, dirección Marbella, me daría cuenta de que hasta 120 km/h la estabilidad lineal es la correspondiente a un segmento B, pero superando esa velocidad empiezan a saltar ciertas dudas sobre la pisada. Y es que a 140 km/h parece que el Cube se despega del suelo, restando algo de confianza. No es algo grave y terminas haciéndote a la idea, pero en los primeros días da un poco de respeto pisar el acelerador. En buenas manos podrá rodar realmente rápido y siempre con unos niveles de confort de segmentos superiores, y no me refiero a un compacto, sino a una auténtica berlina.

Los pasajeros disfrutan del blando mullido de sus asientos mientras la sonoridad es casi nula (salvo en aceleraciones fuertes en las que el motor se deja notar más de la cuenta). La velocidad máxima homologada queda lejos de la real en condiciones normales. No dudo que pueda alcanzarla pero a partir de 150 km/h le cuesta mucho aumentar el ritmo. El caso es que resulta lógico, con un parabrisas que más que ayudar al viento, es un auténtico paredón de fusilamiento para los mosquitos, que no siguen la estela del viento y terminarán estampados en la luna. Para que te hagas una idea, de Jaén a Marbella tuve que parar en tres ocasiones para limpiar el parabrisas, algo que nunca antes me había pasado. Otra circunstancia realmente importante que marcará tus desplazamientos es el viento lateral, que lo vuelve muy sensible y habrá que estar corrigiendo constantemente con la dirección para no invadir el carril de al lado. Es algo habitual en este tipo de modelos, pero no por ello hay que dejar de mencionarlo.

Otro punto que no le gusta al Cube es la brusquedad en las órdenes. Siendo suaves se menea en cualquier terreno sin complejos, pero de ser agresivos en la conducción, la respuesta se vuelve excesivamente nerviosa. Algo parecido ocurre si frenas en pleno apoyo a velocidades elevadas, con un contoneo anormal fruto de la suma del centro de gravedad alto, su ligereza, la altura y la corta batalla.

En carreteras secundarias no se platean problemas siempre que la vía no tenga curvas muy seguidas. En ese caso las oscilaciones de la carrocería serán las que limiten tu confianza, pues el Cube te hace más caso de lo que parece. El problema es que aunque el límite está alto, una vez que lo alcanzas sus reacciones no son tan previsibles, con un tren trasero demasiado ligero que puede darte más de un susto. Antes de llegar a este punto el control de estabilidad habrá comenzado su trabajo, algo que hace muy bien.

En una glorieta situada en pendiente, sin peralte y con el suelo mojado, la adherencia de los neumáticos (algo gastados en nuestra unidad) no fue la idónea. Pese a ello, el Cube superó la prueba con nota. Entra bien, clava el morro y una vez apoyado, la inercia es la que provoca un ligero deslizamiento del eje delantero que el ESP frena al instante, evitando perder el control. En la práctica es tan bueno como otros, pero al volante se siente una sensación diferente, como si no se fuera a superar la prueba. Para sacarle partido lo mejor es ir aumentando los límites según te vayas familiarizando a sus maneras, para finalmente rodar por todo tipo de trazados tan rápido como el resto. El Citroën C3 Picasso, probado hace unas semanas, tiene un comportamiento parecido, por lo que está dentro de lo lógico por maneras. En comparación con un Punto, Ibiza o 207, la situación es bien diferente, más aún frente a un MINI o un MiTo, mucho más preparados para una conducción decidida. Esto no debe suponer un problema para el conductor tipo del Cube, que buscará otras cualidades antes que un marcado carácter dinámico. Su filosofía es muy tranquila, para conducir sin prisas y disfrutando del elevado confort que te brinda. Es en este punto donde el Cube no tiene rival y te termina enganchando; a mí me ha dejado huella.

El tacto de la dirección me ha gustado. No es ni lenta ni rápida, pero se muestra acorde a lo que esperas, con suficiente información. Los frenos en cambio parece que no estaban en su mejor momento, al menos en la unidad probada. El pedal ya de por sí no es cómodo por su situación (demasiado adelantado), y su dosificación requiere algo de práctica para pillarle el punto. El primer tramo resulta muy blando, algo que cambia radicalmente presionando más fuerte.

MOTOR SOLVENTE

Al compartir motor con el Note, ya me había hecho una idea de lo que daría de sí incluso antes de probarlo. Sin embargo aquí el bloque de 1,6 litros cunde algo menos debido a unos desarrollos más largos, pensados para reducir la sonoridad y los consumos. En las tres primeras velocidades su respuesta es muy buena, quedando algo descolgado en las dos últimas marchas. Es por esto que las recuperaciones en marchas largas sean algo lentas, mientras que en ciudad y tramos lentos la buena elasticidad del motor y escalonamiento del cambio no te obliguen a reducir para superar todo lo que nos venga. Con 110 CV tampoco queda cojo y en autopista se puede rodar muy rápido. Mantener cruceros de 130 km/h con tres pasajeros no fue un problema y en repechos no se viene abajo. Pero lo mejor de este motor está en la dulzura de su respuesta, siempre suave y silenciosa.

El tema de los consumos no termina de convencerme. Realizando una conducción tranquila, a velocidades legales (120 km/h) se pueden obtener cifras entorno a los 7,5 L/100 km, algo más si hay viento. Lo malo es que incrementar algo más la velocidad supone pasar a unos 9,5 L/100 a 140 km/h como mínimo. En carretera ronda los 6,0 L/100 y, ya en ciudad, los 8,5 L/100, un dato este último muy bueno en comparación con modelos similares. Con un depósito se pueden realizar con facilidad 600 km, lo que tampoco te obligará a parar cada poco. La media durante la prueba fue de 8,1 L/100, con mucha ciudad y autopista, y menos carreteras secundarias y de montaña.

ALGUNOS DATOS

  • Cilindrada: 1.598 cc
  • Potencia: 110 CV
  • Par máximo: 153 Nm (4.400 rpm)
  • Velocidad máxima: 175 km/h
  • Aceleración 0-100 km/h: 11,3 seg
  • Consumo medio: 6,6 L/100
  • Emisiones de CO2: 151 g/km
  • Cambio: manual de cinco velocidades
  • Longitud: 3,98 m
  • Anchura: 1,69 m
  • Altura: 1,67 m
  • Batalla: 2,53 m
  • Depósito: 52 litros
  • Maletero: 255/400 litros

VIRTUDES

  • Habitáculo amplio y equipamiento
  • Confort de marcha
  • Motor solvente

DEFECTOS

  • Balanceos de carrocería
  • Frenos algo justos
  • Detalles de acabado



VALORACIÓN: 7,6

  • Habitabilidad: 9
  • Maletero: 8
  • Calidad percibida: 7,5
  • Sonoridad: 8
  • Confort de marcha: 9
  • Comportamiento: 7
  • Frenos: 6
  • Dirección: 7,5
  • Cambio: 7,5
  • Prestaciones: 7
  • Aceleración: 8
  • Recuperaciones: 7,5
  • Consumos: 7
  • Equipamiento: 8,5
  • Valor-Precio: 7,5


CONCLUSIÓN

El Cube no es un producto dirigido a todo el mundo. Es un automóvil diferente, especial, que o lo amas o lo odias. Aquí no hay término medio. Como segundo coche es sensacional e incluso como principal siempre que tengas en cuenta sus limitaciones. Los acabados quizás no son los más elaborados del segmento, y tampoco resulta barato, pero su equipamiento trata de compensar estos dos aspectos con una dotación realmente buena. Pero ¿me lo compraría? Sí. Es el típico coche que lo estacionas en el aparcamiento del supermercado y lo encuentras a la primera. Su diseño es diferente, exclusivo y personal y, pese a ello, es más coche de lo que su estética podría inducir. Si buscas un automóvil pequeño, versátil y funcional, no lo dejes a un lado. En vivo gana y aunque ahora mismo no es discreto, en cuanto lleve unos meses será más común, lo que te permitirá disfrutar al 100% de su habitáculo, pensado para querer no salir de él.


Texto y fotos por Enrique García, también en
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