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Prueba: Mazda MX-5 RC 2.0i Sportive Aut. (2/2)


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Primera parte: Habitáculo, equipamiento y primeras impresiones

La oferta mecánica en España de la gama MX-5 queda reducida a sólo dos motores, 1.8i 16v con 126 CV y 2.0i 16v con 160 CV. Sólo este último puede incorporar el cambio automático, dejando el manual para el resto. En cuanto a techos, el 1.8i 16v se puede elegir con capota de tela o rígida, siempre con acabado Active+. Por su parte el de 160 CV sólo llega con el nivel Sportive y techo metálico, una pena dado que con el nivel Active+ reduciría su precio notablemente.

La unidad que he tenido oportunidad de probar es el 2.0 Roadster Coupé Sportive Automático, es decir, la variante más cara de todas. Para arrancarlo no hay botones ni modernidades, y la clásica llave nos sirve de pasaporte a la diversión. En frío el bloque de dos litros despierta con un bramido bonito y ronco, que gustará especialmente a los más provocadores.



Una vez el ralentí se estabiliza, la sonoridad baja notablemente y se deja sentir suavemente, pero sin molestar. Sin entretenerme en otras cosas, decido insertar la D y comenzar la marcha. Según presiones el acelerador, la respuesta puede ser muy dulce y tranquila, o agresiva y "macarra". Los desarrollos del cambio son tirando a cortitos, especialmente en las cuatro primeras velocidades, lo que convierten a este MX-5 en un verdadero misil saliendo de los semáforos o al incorporarse en autopistas. En definitiva cualquier maniobra entre 0 y 120 km/h se hace en un pis-pas, dado que el cambio automático reduce lo necesario para salir disparado, y siempre aprovechando bien el alto régimen (hasta 7.000 rpm).

De todos modos no pienses que este MX-5 vuela, porque no lo hace. Basta decir que la velocidad máxima homologada es de 194 km/h, muy baja para las características generales de este roadster. Sin embargo no son las prestaciones puras lo que gusta, sino lo bien que se mueve en un uso cotidiano, sin baches de potencia ni falta de respuesta. Posiblemente en una Autobahn alemana se quedará corto y vehículos con motores más pequeños te adelantarán, pero no serán tan divertidos en otras circunstancias.



ZOOM-ZOOM ACÚSTICO

Y es que sí en algo destaca este Mazda es en su doble personalidad. Cumple de manera sensacional como vehículo de paseo, ideal para disfrutar de carreteras costeras, sin el techo y en buena compañía, pero tampoco defrauda a la hora de enlazar puertos de montañas con curvas muy cerradas. En teoría tiene todos los ingredientes para ser un juguete divertido: ligereza, tracción trasera, excelente reparto de pesos y bajo centro de gravedad. Los ajustes de suspensiones son claramente deportivos, y no se ha tenido en cuenta el confort; pese a ello, sin ser especialmente cómodo cuando circulamos por carreteras en estado mejorable o por ejemplo, al superar los cada vez más numerosos badenes que inundan las calles españolas, cumple mejor de lo esperado. En irregularidades tampoco se vuelve saltarín ni hay rebotes, lo que ayuda a mejorar la sensación de aplomo.

En marcha, por muchas curvas que aparezcan los balanceos son contenidos y la sensacional dirección, magnifica por tacto, dureza y rapidez, ayuda en esos momentos a realizar una trazada precisa y decidida (a alta velocidad no le vendría mal un punto más de dureza). Una vez dentro de la curva, sólo hace falta presionar ligeramente el acelerador para que el MX-5 se quede pegado al suelo En todo momento sabemos en qué parte de la curva estamos, dibujando con claridad la trazada marcada. Aquí no hay medias tintas. Gusta por la sensación de poder ir todavía más deprisa, con un límite de estabilidad muy elevado, independientemente de sí va capotado o no. Si por cualquier cosa se te va el pie y aceleras a fondo en pleno apoyo (no suele ocurrir de manera inconsciente), puedes sentir la viveza de sus reacciones (podemos llegar a deslizar la trasera con bastante facilidad), algo que el control de estabilidad corta por lo sano y lo hará regresar al camino correcto. Otra cosa es con este dispositivo desconectado, que si bien dejará al conductor una total libertad, exige de buenas manos que sepan controlar sus diabluras. Es muysencillo ir cruzando la trasera mientras enlazas una curva con otra, pero aquí cualquier despiste puede resultar fatal. En mojado lo mejor es mantener todos los elementos de seguridad conectados y no comprometer su juguetona trasera, volviéndose algo delicado.



Incómodo en viajes largos

En autopistas se siente bien pegado al suelo, independientemente de la velocidad, pero la sonoridad se vuelve algo molesta (especialmente por los ruidos que llegan del techo) y, junto con unos asientos muy duros y pequeños, terminan provocando mayor cansancio que en otros vehículos. De todas formas el comprador de un MX-5 no suele elegirlo por su capacidad rutera, sino por otras razones bien distintas. Dispone de control de velocidad, elemento casi indispensable hoy día en cualquier vehículo que vaya a usarse mínimamente por las autopistas españolas (por aquello de los radares). Algo que si me ha gustado es que circulando sin capota, a 120 km/h, el aire no es molesto y aunque la sonoridad es elevada, no es tan incómodo como otros descapotables. A partir de ahí la cosa empeora.

En carreteras secundarias se disfruta doblemente. Ya sea tranquilo o a machete, este MX-5 tiene todo lo necesario para sacarte una sonrisilla. Su lado tranquilo muestra un roadster dócil, manejable, ideal para disfrutar del paisaje a cielo abierto. Sí quieres guerra, también sabe comportarse y posiblemente esa carretera que ya te parecía aburrida por la cantidad de veces que has pasado por ella, se vuelve encantadora e incluso excitante.

¿Y en ciudad? Pues aquí tampoco desentona. Las contenidas dimensiones del MX-5 lo convierten en un automóvil muy manejable. A sus mandos parece que somos unos enanos en un mundo de gigantes. Cualquier vehículo que se pare a tu lado tendrá la maneta de las puertas a superior altura y, al entrar en parking, para coger los tiques hay que estirarse. Excelente es su radio de giro, que permite realizar cambios de sentido en muy pocos metros. A la hora de aparcar, a pesar de no disponer de sensores sonoros, la maniobra no requiere problemas. El cambio automático se vuelve un aliado especial en atascos, añadiendo un plus de comodidad.



Cambio automático en modo secuencial algo lento

Y precisamente el cambio es una de las novedades que recibió en el último restyling. Tiene tres modos: secuencial, automático y una tercera modalidad que en modo automático permite bajar/subir una marcha en un momento puntual, para más tarde regresar por sí sólo a la "D". Es posiblemente una de las mejores ideas de esta transmisión, pues no obliga a cambiar a manual para decidir en un momento determinado nuestra intervención. En cuanto al modo secuencial, no llega a ser todo lo rápido que uno desea, aunque cumple con nota. Las levas, situadas tras el volante y con iluminación, están perfectamente medidas y son manejables en cualquier circunstancia. En modo automático hay ocasiones en las que pueden aparecer algunos tirones, especialmente cuando se exprime al máximo la mecánica, lo que resulta algo molesto. No es la primera vez que experimento algo parecido en una caja automática, dando la sensación de que no digiere el trabajo duro. En cuanto a las retenciones, por sí sólo no lo hace salvo que sea necesario por ir a un régimen muy bajo, obligando al conductor a presionar las levas tantas veces como marchas se quieran bajar para ello.

CONSUMOS SENSIBLES

Uno de los peores puntos de este Mazda es el consumo urbano. Por mucho que te esfuerces no hay manera de bajarlo de los 13,0 L/100 km, siendo la cifra habitual más cercana a los 15,0. Sin embargo en autopista, a ritmos entre 120-140 km/h, el gasto se reduce hasta los 8.0 L/100, dato más que asumible para un bloque de dos litros con 160 CV. En carreteras secundarias ronda los 7,0 L/100 e incluso menos, según lo que le exijamos. Los tramos de montaña pueden dejar seco el tanque en pocos kilómetros (oscila entre 15-18 L/100), pero las cifras suben proporcionalmente a la diversión que provoca, por lo que yo al menos se lo perdono (espero que no lo tengan en cuenta los de Greenpeace). En general con sus 50 litros podemos realizar unos 550-600 km sin demasiados problemas, siempre mezclando todo tipo de trazados.

Antes de terminar el análisis, no quiero pasar por alto el techo, novedad absoluta y específica de esta tercera generación. Con manejo eléctrico, sólo es necesario desbloquear un tirador en el techo, para a golpe de botón descapotarlo. Para su cierre, la maniobra inversa. En otros vehículos también se puede hacer desde el mando a distancia (BMW Z4), pero en este caso sería imposible dado que el desbloqueo es obligatoriamente manual. Requiere estar en parado y, si lo hacemos con el cambio en posición "parking", no es necesario el freno de mano. Quizás pierda glamur respecto al de lona, pero aporta un plus en seguridad, resulta notablemente más cómodo y, estéticamente, está muy conseguido.



ALGUNOS DATOS
  • Cilindrada: 1.999 cc
  • Potencia: 160 CV
  • Par máximo: 188 Nm
  • Velocidad máxima: 194 km/h
  • Aceleración 0-100 km/h: 8,9 seg
  • Consumo medio: 7,9 L/100
  • Emisiones CO2: 188 g/km
  • Cambio: Automático, seis velocidades
  • Tracción: Posterior
  • Peso: 1.175 kg
  • Maletero: 150 litros
  • Depósito: 50 litros
  • Longitud: 4,02 metros
  • Anchura: 1,72 metros
  • Altura: 1,25 metros
  • Batalla: 2,33 metros
  • Neumáticos: 205/45/R17


VIRTUDES
  • Comportamiento dinámico
  • Techo rígido con mando eléctrico
  • Equipamiento completo
DEFECTOS
  • Sonoridad, calidad de rodadura
  • Asientos pequeños
  • Consumos sensibles
VALORACIÓN: 8,1
  • Habitabilidad: 6
  • Maletero: 6,5
  • Calidad de acabado: 7,5
  • Sonoridad: 7
  • Confort de marcha: 7
  • Comportamiento: 9,5
  • Frenos: 9.5
  • Dirección: 9,5
  • Cambio: 9
  • Prestaciones: 8,5
  • Aceleración: 9
  • Recuperaciones: 9
  • Consumos: 7
  • Equipamiento: 8,5
  • Valor-Precio: 8
CONCLUSIÓN

La parte más complicada de explicar posiblemente sea esta. Ser objetivo cuesta mucho en ocasiones en las que el corazón tiene que lidiar con la razón. Como producto, el MX-5 es único. No hay nada parecido que sea tan divertido y eficaz. Con la introducción del techo metálico, la dualidad de uso llega garantizando además mayor seguridad y la comodidad del manejo eléctrico. El cambio automático es eficaz, aunque no parece que sea la opción más apropiada en un automóvil que invita a conducir en todos los aspectos. ¿Me lo compraría? Sí, es más, posiblemente si alguien me preguntara qué valoración personal le pondría, rascaría el 10... y con unos asientos más amplios y cómodos, se lo llevaría sin lugar a dudas. Sencillamente cumple lo que promete y no se queda a medio camino. Con coches así da gusto.


Texto y fotos por Enrique García (también en Facebook)

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