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Prueba: Honda Insight (2/2)


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Primera parte de la prueba

Sobre el papel el Insight es un híbrido compacto algo más barato que un Prius, algo más tragón, y para nada enfocado al disfrute al volante ¿verdad? Así que te llamaría la atención si ahora te dijera que es una auténtica máquina de devorar curvas... Pero en cierto modo te he de decir que el coche de Honda me sorprendió de manera muy positiva en este aspecto.

Y es que tras analizar todos sus argumentos, como te contamos ayer, cuando me senté al volante de este coche me encontré una posición muy acertada de los mandos y un tacto de chasis y dirección tremendamente precisos y agradables. Obviamente, lo primero es lo primero, y gastamos un buen puñado de horas y kilómetros en pasear con él por ciudad.




Y es probablemente este entorno el ideal para el Insight. A fin de cuentas, si te moderas con el acelerador y el freno (cosa a la que ayuda la pantalla multifunción del cuadro de mandos, indicándote cuándo te pasas o aciertas con la presión sobre los dos pedales) puedes conseguir consumos que incluso los diésel más frugales serán incapaces de lograr.

Es un coche que además es silencioso, cómodo de maniobrar, con una suspensión bien adaptada y una visibilidad más que adecuada. El cambio CVT y el sistema Start&Stop se alían para facilitarte una vida pausada entre semáforos en rojo y aceleraciones, y al final del día mirarás con asombro consumos que bajan de los 5 litros en el ordenador de a bordo.

Es, de lejos, de los coches que más fácilmente han conseguido rebajar las cifras en ciudad conmigo de conductor, y ya sabes que yo no soy de esos que está mirando a ver cómo rebajar una décima de litro a base de ir a puntita de gas.

Si de cargar la compra se trata, o de colocar a los niños en las sillitas isofix, este es un coche también práctico y agradable, por lo que, en definitiva, podemos resumir que como herramienta urbana e interurbana es todo un campeón.



Pero con el tamaño que tiene, este Insight no debería tener miedo a salir a carretera abierta, y en cierto modo, problemas no hay, mientras sepamos a que atenernos. Si los cruceros que queremos mantener son los que la ley y Pere Navarro nos piden, no habrá ningún problema, más si nos centramos en autopistas, autovías y similares.

Aquí los consumos no son tan maravillosos como en la ciudad, y con un buen motor diésel podremos igualar o mejorar el rendimiento energético del Insight, que de todas maneras se muestra silencioso y con una suspensión bien cómoda que se traga todo lo que se encuentra por el asfalto.

La sensibilidad al viento lateral no es acusada, y el coche mantiene bien las trayectorias, aunque también se muestra con ganas de cambiar de dirección si nos lo proponemos. En este sentido no es un coche de esos que se note pesado, sino que, aún yendo sobre sus propios raíles, es fácil moverlo sobre la carretera, por lo que no es de esos de apunta y olvida, sino que exige un pelo más de conducción.



Los problemas con el Insight vienen cuando la carretera pica hacia arriba, y encima abandonas el doble carril por sentido para adentrarte en carreteras donde hay que adelantar con coches de cara. Mientras te quede carga en la batería, el motor eléctrico te ayudará durante un tiempo. Eso sí, pie a fondo, y tras unas cuantas cuestas y adelantamientos, secarás la batería, y entonces te encontrarás con un coche que se revoluciona y hace ruido, pero que no corre como a ti te gustaría, pues en ese instante sólo hay 88 caballos para empujarte, y no dan para mucho.

En estas condiciones de carretera abierta puedes contar con consumos de 4,4 litros si haces caso a los consejos del ordenador de a bordo, pero si te dedicas a adelantar y acelerar cuando vienen las cuestas arriba para no perder el ritmo (vamos, si llevas ritmo de conductor normal del siglo XXI) la cosa se puede ir hasta los 6,5-7 litros a los 100 kilómetros.

Si comparas estas cifras con un coche de gasolina, sale ganando, pero con un diésel no, pues no se mueve con la soltura de un Civic iCTDi, y encima tampoco gasta lo mismo.



Si te propones divertirte con el Insight por carreteras reviradas tendrás un dilema existencial. El chasis va realmente bien, la dirección es precisa, sensitiva y da mucha información, mientras el culo es ágil y se deja colocar en medio de los apoyos, con unos buenos frenos como aliados.

¿Y entonces? Pues resulta que motor y caja de cambios no se quieren apuntar a la fiesta. Uno porque le falta potencia por todas partes, y si te pones serio te "bebes" toda la electricidad de las baterías en medio minuto. Y luego, la caja de cambios continua variable, una vez más, se muestra incapaz de ayudar en reducciones, incluso jugando con las levas de detrás del volante para bloquear marchas.

A la postre uno recapacita y piensa... ¿Quién demonios va a ir a un puerto de montaña a sacar adrenalina con un Insight? Correcto, nadie (o casi nadie). Así que todo este punto sólo tiene cierto valor "a modo informativo". Realmente, si quieres un híbrido deportivo, para eso han inventado los de Honda el CR-Z, ¿no?



Extrayendo ya las conclusiones, lo que nos queda claro es que el Insight es un coche bien pensado y bien resuelto, pero que realmente sigue sin ser una alternativa clara en el mercado a los coches "normales". Me refiero con esto a que un coche diésel (sin salirnos de la marca, el mismo Civic i-CTDi) te ofrecerá un consumo medio mejor, sobre todo si sales bastante de ciudad (que es donde este híbrido tiene su gran punto a favor).

Por el mismo dinero del Insight además tienes coches mucho más solventes a la hora de hablar de prestaciones, y con más espacio en las plazas traseras.

Pero (y este es el gran pero) este es un coche ecológico, y los otros no. Comprarse un Insight no es comprarse un electrodoméstico de transporte más, es comprarse un pasito tecnológico hacia el futuro, colaborar en la causa híbrida y eléctrica... Es más lo que representa que lo que realmente aporta, y eso, en la adquisición de un coche, tiene su peso.

¿Y si lo comparamos con un Prius? Pues mejor esta pregunta nos la hacemos dentro de unas semanas (puedes imaginarte por qué), y sacamos todas las conclusiones posibles.

Fotos: Guille García Alfonsín, con la inestimable colaboración de Julio Fernandez Ceniceros

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