Categorías: Fiat, Garaje, Utilitarios
Prueba: Fiat 500C 1,4 Lounge (2/2)
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Primera parte de la prueba
¿Te imaginas un 500C "azul cha cha cha" chillando ruedas en un puerto de montaña en cada curva enlazada mientras intenta batir el mejor tiempo del tramo del rally del año pasado? Yo tampoco... La verdad. El 500C es un coche nacido y pensado para lo que es: Viajes urbanos e interurbanos, movilidad, versatilidad, y disfrute de los días de buen clima con brisilla en el pelo.
Allí donde el MINI va duro como una roca para garantizar esa sensación de kart tan característica, el Fiat ha de buscar un tipo de comportamiento más suave y dulce, para que su cliente/a tipo no se rompa el cuello en cada bache o badén. Para sensaciones fuertes ya están los Abarth... El 500C es un coche, digamos, más refinado, ¿no?
Gallery: Prueba: Fiat 500C Lounge 1,4
Es por todo esto que no me sorprendió para nada lo bien que se desenvolvía esta pelotilla en el tráfico urbano. El motor 1,4 16 válvulas gasolina de distribución fija suena mucho más gordo de lo que en realidad es, y de hecho, le falta una buena inyección de bajos para redondear el conjunto. Y es que si bien arriba se estira con ganas (como veremos más tarde), en la parte baja del cuenta vueltas está bien vacío. Recuerda mucho a aquellos primeros dieciséis válvulas de principios de los 90.
Como el coche cuenta con dos programaciones de funcionamiento (Sport y normal) para el tarado de la bomba de dirección asistida y para la respuesta al pedal del acelerador, no queda otra que arreglárnoslas y elegir siempre el funcionamiento más deportivo, pues de esta manera se consigue que el acelerador actúe con más decisión sobre el motor, y tengamos una respuesta digna desde los primeros metros.
De hecho, mi opinión personal es que el botón Sport sobra, dado que te puedes tirar toda la vida con él activado, y sólo pensarás en desconectarlo si andas maniobrando para aligerar un poco el peso de la dirección.
El coche de pruebas contaba con sistema Start&Stop, algo cada vez más normal, y que ayuda a conseguir, junto con una mecánica bien afinada, unos consumos bastante dignos en trazados urbanos. La visibilidad alrededor del coche es buena, aunque con el techo replegado se pierde un poco el horizonte posterior, y podemos girar en escasos metros, aparcando en sitios realmente reducidos.
Las banquetas, como te comentábamos ayer, van muy altas, y eso ayuda a la posición de la cadera, que facilita entrar del coche y salir prácticamente de pie, con lo que el esfuerzo es mínimo, sobre todo para esas personas con la movilidad más comprometida. Y es que yo soy de los que me gusta "tirarme" al asiento desde arriba, pero he de reconocer que gran parte de la población agradecerá encontrar sus posaderas acomodadas a la altura de una silla de cocina, como en este coche.
A medida que evolucionamos por la ciudad, descubrimos una suspensión que se traga bien los baches. No es un coche duro, rígido o mal amortiguado. Para nada. El volante tiene un efecto de autocentrado un poco artificial en el modo Sport que resta un pelo de gusto a la conducción urbana, pero nada que nos deba alarmar.
Si nos toca hacer la compra con este pequeño coche, tampoco tendremos demasiados problemas, pues el maletero es sorprendente para las dimensiones externas del coche, y siempre puedes abatir los asientos en busca de más espacio. Lo que limita todo el tema es la exigua boca de carga... Pero el diseño no daba para otra cosa.
La pelota también se sale fuera de la ciudad
Pero donde realmente a mi me empezó a sorprender el 500C fue en carretera abierta. Con un coche tan corto entre ejes, uno espera inestabilidad a alta velocidad, y tener que ir corrigiendo trayectorias todo el rato. Pero no. El 500C sirve para hacer viajes meridianamente largos sin problemas, siempre y cuando el asfalto esté perfectamente liso.
La batalla es la que es, y no se pueden obrar milagros con ella, así que si pillamos juntas de dilatación mal alineadas, o agujeros en el firme de gran tamaño (y de esos hay muchos por las autovías españolas...) nos asustaremos más que con un compacto, pues el coche se desmandará un poco meneándose. Al final es cuestión de confianza. Si sigues con el volante en el sitio, el coche no se va de la trayectoria, pero la suspensión, tirando a blanda y con muelles poco secos, hace que el tema "se mueva", y nos haga subir un par de razones al cuello.
El techo puede actuarse hasta los 60 km/h, y si nos lo hemos dejado abierto, podremos circular con el sin demasiados problemas hasta más de 140 de marcador en las plazas delanteras. Los habitantes de la parte posterior del coche sufrirán, y mucho, y gritarán, mucho también, pero con el ruido del aire probablemente te olvides de que están allí, y sólo sus collejas te harán pensar en algo más que disfrutar, parando seguidamente para subir el techo un poco.
Si éste no va completamente desplegado pero tampoco completamente recogido, las turbulencias aerodinámicas que se generan dentro son más importantes, con molestias sonoras para todos los pasajeros. Así que en ese sentido, al menos es mi opinión, o vas abierto del todo, o vas cerrado del todo.
Sea como fuere, yendo en los dos asientos delanteros nunca tendrás esa sensación pura de cabrio de un descapotable "de los de toda la vida" como un MX-5... Los arcos de las puertas y el marco superior del parabrisas te hacen sentir más enlatado que libre.
Volviendo sobre las cualidades del coche en carretera abierta, te comentaré también que el motor, en estas circunstancias, sigue sin tragar mucho, y es capaz de llevar el coche a velocidades tremendamente ilegales de marcador (miente mucho, por cierto... como pudimos comprobar con un medidor de velocidad GPS). Los problemas llegan a la hora de adelantar. A ver, no me mal interpretes, anda como cualquier coche de 10 kg/CV, pero en mi opinión, eso es poco si eres de los que gustas de adelantar cuesta arriba... Así que como no hay mucho motor por debajo de 4.500 vueltas, y la relación peso/potencia no es una maravilla, te tocará jugar con el cambio de marchas constantemente. ¿Es esto un problema? Para nada, porque los recorridos son cortos, y el tacto delicioso, con una posición cercana al volante que (aunque estéticamente puede no ser una maravilla) ergonómicamente es todo un acierto.
Lo más sorprendente es que pasan los kilómetros, y no notas cansancio. Cierto, no es como viajar en un A6 Avant con control de crucero puesto. Pero es más cómodo que uno o dos compactos actuales que me vienen ahora mismo a la mente...
¿Y si nos queremos divertir?
Aunque la mona se vista de seda... Mona se queda, y aunque te haya dicho al principio del artículo que un 500C azul cha cha cha no parece la máquina perfecta de rally, yo no podía devolverlo sin probar las cualidades del chasis a fondo.
Como te he dicho antes, el motor suena mucho más racing de lo que en realidad anda, pero si juegas mucho con el cambio y lo llevas a tope de vueltas constantemente, acabas por mover bien los mil kilitos del italiano. El coche es demasiado blando como para planteártelo como un deportivo "de garantías", y de hecho sucede con él lo que sucede con muchos monovolúmenes o SUV: que tienes que confiar en que antes derrapará que volcará, puesto que la inclinación de la carrocería es importante.
Eso sí, una vez el coche se apoya, dicho apoyo es sólido, y la carrocería no se menea de ahí. Además, las geometrías de suspensiones y el equilibrio de flexibilidad delantera/trasera de estabilizadoras y muelles es tal que nos permite jugar mucho con la trasera a la entrada de las curvas. Es de estos coches en los que a mitad de apoyo puedes cruzar el culo para meterlo más en la curva a base de desacelerar o tocar el freno. De hecho, si te gusta la diversión, puedes entrar ya con el coche de medio lado si retrasas la frenada hasta la boca de la curva.
El paso por el viraje es muy bueno, y los neumáticos deportivos elegidos para el coche tienen mucho que decir en esto. Lo mejor es que la suspensión se lo traga todo, con lo que no nos vamos de las trayectorias aunque haya baches. Eso sí, como la batalla es la que es, si los baches nos hacen descuadrarnos de la curva, nos veremos teniendo que dirigir más de lo normal el volante.
Y hablando del volante, el peso es el adecuado en el modo Sport, pero la información... insuficiente. Insuficiente como deportivo, insuficiente en tanto en cuanto no es un diálogo directo entre conductor y carretera, en el que el volante cuenta cómo se mueven los neumáticos, cuanto agarre les queda, o de que tamaño era aquella piedra que estabas viendo delante de ti hace 2 segundos. Pero no nos engañemos, la dirección no transmite tanto porque tampoco hace falta que lo haga... Recuerda que este coche es para urbanear, y el usuario tipo no hará estas barbaridades que se podrían llegar a considerar "una violación de los derechos del 500C".
Por cierto, la carrocería abierta es claramente menos rígida que la cerrada, y eso se dejaba notar yendo fuerte con el coche en zonas bacheadas, observándose flexiones entre el pilar A y el pilar C.
Conclusiones
El 500C es un capricho, y como tal no se puede juzgar en base a criterios objetivos. Por menos dinero te compras un utilitario igual de competente. Es caro para los kilos de coche que te ofrece, pero es tan cuco que es difícil resistirse a la idea de mirarlo y remirarlo cuando pasa uno a tu lado.
Es un coche que además se desenvuelve muy bien donde toca, que es en la ciudad, pero que no teme a la carretera general. Ante un MINI Cabrio te diré que su ventaja de precio tendría que ser suficiente como para convencer a todo aquel que no vaya a usar el coche "a ritmo de tramo". El británico es más racing incluso en sus versiones más básicas, y ofrece una "sensación cabrio" más auténtica (se disfruta más en un paseo marítimo con él que con el 500C), pero quitando esos dos detalles, tanto precio como equipamiento están de parte del Fiat, que además por el momento está menos visto.
Comentándolo con una amiga, esta acertaba a señalar que era "el mejor coche que ella podía tener", "pequeño, maniobrable, bonito..." pero cuando supo del precio, ya no lo tenía tan claro... Y es que este es un segundo o tercer coche para aquellos que pueden permitirse tener otro más grande (más que nada por valor psicológico).
¿Me compraría entonces este 500C? No... No, porque soy un quemadillo, y no, porque no me gusta el color. Ahora bien, si donde pone Fiat ponemos Abarth, y donde hay 100 CV colocamos un bloque de 160 CV, entonces podemos empezar a hablar... Pero claro, eso ya es una historia completamente distinta que otro día te contaremos.
Gallery: Prueba: Fiat 500C Lounge 1,4
Fotos: Guille García Alfonsín, con la inestimable colaboración de Julio Fernandez Ceniceros
Reader Comments (Page 1 of 1)
Sakapole 9:26AM (5/28/2010)
Una vez mas muy buen artículo. No hace falta elogios porque sabemos de quien se trata. Hablando del coche, es cierto que es verdaderamente bonito. Con mis 48 años también me lo comprara si fuera Abarth. El color no me desagrada para nada porque insisto que me recuerda el color de las braguitas de mis chicas por allá por 1980. El amarillo tropicalia con techo rojo también es una gozada
visual.
Para disfrutar un buen rato en este enlace se configura este singular vehículo. http://www.fiat500.es
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dame 5:15PM (5/28/2010)
Un análisis estupendo como siempre. Muchas gracias.
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