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Categorías: Fiat, Pruebas, Descapotables, Utilitarios Segmento B

Prueba: Fiat 500C 1,4 Lounge (1/2)


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La moda de lo chic está destrozando el mercado de los coches. Lo que hace unos años "era de la forma que era" por una cuestión de practicidad, ahora "es de la forma que es" sólo por el hecho de llamar la atención. Ejemplificando: cuando Sir Alec Issigonis pensó en el MINI y comenzó a trabajar en su diseño, su máxima era conseguir un coche pequeño por fuera, pero cuyo interior fuera lo más aprovechable posible. Practicidad, versatilidad y coste de fabricación reducido. Dante Giacosa, creador de los Fiat 500 y 600 se planteó unos objetivos similares: un utilitario económico de fabricar, pequeño, pero con mucho espacio en proporción a sus dimensiones externas.

Pero en el siglo XXI nos gustan las cosas al revés. El MINI tiene cierto parecido con el Mini original, sobre todo a nivel estético y de dinámica de conducción, pero siendo mucho más grande que aquel, y encima su aprovechamiento volumétrico está mucho peor conseguido. Las licencias estéticas y de diseño comprometen la versatilidad, la ergonomía, el espacio, el peso... Pero es que el usuario tipo del coche también es muy distinto. Ha pasado de ser un coche creado para motorizar a una generación, a convertirse en lo último en objetos chic para mostrar cierto estatus social, con un precio y un halo que hace que sea un producto de "alto valor añadido" (entendiendo por este añadido todo el conjunto de intangibles que vienen relacionados con la frase típica de "tengo un MINI").

Fiat ha querido seguir una receta similar con el 500, pero como ya hemos comentado en alguna ocasión, el resultado ha sido más parejo al modelo original. El nuevo 500 es un coche que sí, es de diseño, y por su estilo condiciona ciertos aspectos del uso a diario. Pero las licencias estilísticas son mínimas, ya que se ha conseguido meter en su pequeña carrocería cuatro buenas plazas, un maletero más que digno, y una ergonomía y versatilidad propias de un buen vehículo urbano.

Vale, es más caro, y está peor aprovechado que un Panda equivalente, pero es ahí donde están las diferencias básicas. Y es que el 500 es para esos (o esas) que buscan algo más en un coche que el servicio de transporte económico del punto A al punto B. Quieren también algo de imagen, algo de representación... Es como el que cambia un reloj Casio digital de toda la vida por un Festina.

El 500C maximiza este concepto, y agrega a la fórmula ganadora del 500 un techo de lona replegable, que recuerda a muchos "falsos cabrios" del pasado (2CV, SEAT 600...). La verdad es que este tipo de techos tiene su encanto y su economía, pero cualquiera que los haya probado y los compare con un auténtico descapotable sabe que nunca se logra esa "integración" con el flujo de aire, como sí que ocurre con los coches que pierden sus arcos y pilares en el proceso de abrirse al cielo.




17.000€, que es más o menos lo que cuesta esta pelotilla, es mucho dinero para un coche de su tamaño, no cabe duda, pero hemos de valorar que no es un juguete cualquiera, sino que se trata de un objeto que va más allá de las necesidades de movilidad urbana.

El precio de tener el techo descapotable es de unos 3.000€ extra respecto a la versión cerrada, y eso no es poco dinero. Realmente, como te decíamos, no es un descapotable al uso, y en comparación con el MINI Cabrio, no te da esa inmersión con el ambiente que te rodea cuando conduces descapotado. Obviamente, también hay una enorme diferencia de precio, a favor del modelo italiano, que con motor y equipamiento similares cuesta 4.000€ menos que el anglogermano.



Estéticamente el 500C es un coche muy simpático, que hace girar cabezas a su paso. Personalmente iba rezando porque el coche de pruebas no fuera rosa, pero el Azul Cha Cha Cha (nombre del color según el catálogo) tampoco era "el más masculino" de la gama... Este Fiat, y sobre todo en este color, me encaja, al menos a mí, perfectamente en el arquetipo de segundo coche que coge la mujer de la casa cuando decide irse de tiendas la tarde de un sábado de primavera.

En negro y con otras decoraciones el coche gana algo de masculinidad (o pierde algo de feminidad, según cómo lo quieras ver) pero lo que no pierde es su aspecto de aparatillo simpático y especial. Las referencias estéticas al modelo original están por todas partes en su exterior, y no defraudará a nadie. Las puertas son enormes y dan paso a un habitáculo sorprendente.




Sorprendente por varios motivos. El primero de ellos es que caben cuatro personas adultas sin problemas. Si eres muy alto puedes tener cierto agobio con el techo, pero tranquilo, tu coronilla no llegará a sobresalir aunque hagas dos metros. Los asientos van muy muy arriba, para conseguir una posición que permita recoger a los cuatro adultos y dar espacio para las piernas de todos.

El maletero es generoso a su manera. El techo no le quita espacio aún estando replegado, y cabe lo imprescindible y algo más para dos personas. La boca de carga, eso sí, es un poco triste, pero todo no se puede tener en tan poco espacio. Recuerda que este coche mide sólo tres metros y medio largos, y si saca tanto rendimiento al espacio es a base de colocar las ruedas en los extremos.

Una vez aposentas tus cuartos traseros en la butaca comienzas a jugar con las regulaciones para encontrar la posición ideal. Para un quemadillo de primera como yo, por más que intentas bajar la banqueta "hasta el suelo" no logras una gran diferencia. Además existe un problema con ella, y es que el mando de la regulación de altura sólo mueve la parte de abajo, abriéndose un hueco con el respaldo por el que se te va a caer todo lo que salga de tus bolsillos (y luego busca tú toda esa calderilla....).



El volante sólo se regula en altura, y debido a las dimensiones del vehículo, va bastante vertical. Los pedales te quedan bastante cerca si te pones a la distancia adecuada de la parte superior del aro del citado volante, lo que te hace ir con las piernas un poco encogidas... Pero bueno, todo es acostumbrarse. No es la posición más racing que te encontrarás en tu vida, pero la verdad es que resulta cómoda, y te lo digo después de tragarme viajes largos con él.

La visibilidad alrededor es muy buena, aunque no tienes referencia de dónde está el capó, dado que queda fuera de la vista (al menos yo no lo veo con mi 1,73 y mi obsesión con llevar el asiento lo más bajo posible...). Una vez que ya te sientes "como en tu casa", llega el momento de toquetear todos los mandos.

Lo primero que llama la atención es que todo cae bastante a mano, los materiales no son los mejores que uno ha visto en un coche, pero el ajuste parece digno de mención, y en el acabado Lounge de la unidad probada los paños de las puertas contaban con tapizado de cuero muy agradable. Lo que parece metal (tiradores de las puertas, por ejemplo) no es de metal auténtico. Pena de unas manillas de aluminio brochado o pulido de verdad...



El diseño lo inunda todo, pero eso no lo hace menos ergonómico, pues es un coche bastante bien resuelto. Eso sí, la radio y el sistema Blue&Me son una locura para configurarlos y utilizarlos. Si conectas un USB con música MP3 repartida en carpetas, no esperes poder navegar por ellas como lo harías en muchos otros coches... Aquí es todo un poco más complicado, y para mí resulta poco intuitivo. A todo te llegas a acostumbrar, sin duda alguna, pero de buenas a primeras todo es un poco más complicado de lo que se puede ver en otros coches de la competencia.

El cuadro de mandos es muy simpático, con los dos relojes concéntricos presididos por una pantalla digital que nos da datos de muchas cosas interesantes. El problema es que no se ha creado una pantalla anti-reflejos para esta versión, así que cuando vas con el techo abierto y te da el sol por detrás, no ves nada de lo que se dice en ella: ni nivel de combustible, ni temperatura del motor... ¿Temperatura del motor? ¡Sí! Fiat ha sido inteligente y le ha puesto indicación de la temperatura del refrigerante, algo de agradecer visto lo visto...



La versión que probamos cuenta con el motor 1,4 16 válvulas de distribución fija y 100 CV. No hace falta ser un lince para imaginarte que 100 caballos con un 1,4 de distribución fija y culata multiválvulas implica una entrega de potencia "ahí arriba", y poca cosa abajo, pero de eso mejor hablamos mañana en la prueba dinámica, ¿de acuerdo?


Segunda parte de la prueba

Fotos: Guille García Alfonsín, con la inestimable colaboración de Julio Fernandez Ceniceros

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