Categorías: SEAT, Utilitarios

Prueba: SEAT Ibiza FR TDI SC (1/2)


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Gasóleo y diversión eran, no hace mucho tiempo atrás, antónimos irreconciliables. "El diésel para los tractores", "es diésel, huele mal", "suena a John Deere", "se come las marchas", "vibra más que el mando de la PlayStation"... En fin, de mi boca y teclado han salido muchas lindezas sobre los TDI, he de reconocerlo.

Y no por nada en particular. Como te puedes imaginar, una persona que como yo, rueda 115.000 kilómetros al año se acaba haciendo sensible a la cantidad de veces que se reposta y al gasto en combustible. Cuando andas cambiando de coche prácticamente cada semana terminas reconociendo que un diésel sale mucho más rentable, sobre todo en los largos recorridos. Pero nunca se lo recomendaría a nadie que no ruede 25-30.000 km al año como mínimo.

Pero todo cambia y evoluciona. Y al final, coches como el Ibiza FR TDI con su flamante motor con common rail, 143 CV y una estética atractiva parecen querer convencerme de que hay la posibilidad de divertirse al volante a bajo precio quemando "petróleo poco destilado".

Llegados aquí ya sabes de sobras que la prueba que nos ocupa es del Ibiza FR TDI, en carrocería SC... Un coche nacido para aunar una estética deportiva, un precio contenido, prestaciones considerables y un consumo ridículo de combustible. Si miramos las cifras homologadas tampoco veremos una diferencia alarmante con el 1,4 TSI del FR de gasolina con DSG, pero en el uso normal, el gasolina acaba subiendo mucho más su consumo que el TDI.

¿Me convencería un diésel deportivo una vez más?


Por fuera es bonito



La primera buena baza del Ibiza SC salta a la vista nada más conocerlo: es la estética. El trabajo del ex-diseñador de Lamborghini se deja notar, y la mezcla de crestas, superficies cóncavas y convexas, un morro muy cabreado con hocico y fosas nasales de toro, así como una trasera bien rematada y un techo con caída a lo cupé le dan unos atributos que convencen a cualquiera.

Es un coche con toneladas de carácter, pero todas ellas propias. No es una copia de nada, y no se parece a ningún otro coche del mercado. Y lo mejor de todo es que tiene algo de SEAT, una genética que si se traslada al resto de la gama seguro que da mejores resultados que los que están cosechando ahora los coches de Martorell.



Las diferencias con un Ibiza SC convencional se dejan notar en algo más que las insignias FR. El paragolpes frontal tiene unas nuevas tomas de aire laterales que rodean la boca central. Las rejillas son hexagonales, y el paragolpes trasero tiene una zona negra, dos potentes colas de escape y un falso difusor.

No hay lugar para un gran alerón, y no hace falta estéticamente, pues no se le hecha de menos. Las llantas son bonitas, aunque se me hacen pequeñas por las formas de la carrocería, que es de estas que pide siempre más llanta por sus poderosos pasos de rueda.

Los espejos retrovisores cuentan con carcasas pintadas de gris para decirle al que lo vea que este no es un Ibiza "normal".



Entre los modelos de la competencia, y esto ya es un gusto personal, para mi hay pocos coches con tantos argumentos deportivos como el Ibiza. El Corsa GSi tiene muy mala leche, pero no se ve tan ancho. El Punto no es tan deportivo, le falta agresividad en el frontal. El Clio está en sus últimas fases comerciales, el Polo es mucho mucho más sosainas y no cuadra con el tipo de cliente al que se dirige el Ibiza. El MINI juega en otra liga de precio y equipamiento, amén de ser un neo-retro que nada tiene que ver con el diseño del siglo XXI del Ibiza.



El FR lo puedes encargar con el kit Bocanegra por unos cuantos euros más (unos 800€), que te coloca el frontal más chulo, pero que no integra los faros oscurecidos del Cupra, lo cual lo hace un poco extraño. Desgraciadamente no te puedes pedir las magníficas pinzas AP Racing - SEAT Sport del Cupra Bocanegra como opcional.



El precio de salida del FR diésel es de 19.560€, unos 1.200€ más barato que el FR TSI, y 3.000 más económico que el Cupra.

Interior de calidad aunque algo soso



El ajuste de los materiales del interior ya lo hemos comentado cuando probamos el Bocanegra y el Ecomotive: es un coche con calidad, en el que hay materiales blandos, plásticos duros de buen acabado, y algún otro de los que no nos gustan. Sea como fuere, comparado con el León, el Ibiza le da mil vueltas.

El diseño no es para tirar cohetes. Es ergonómico, moderno, agradable, pero no es una declaración de intenciones de diseño. En relación al exterior, lo vemos tal vez algo más soso de la cuenta.

El equipamiento de radio y climatización da buenos resultados, aunque seguimos con la misma queja de que el uso del sistema multimedia es algo complicado de aprender a la primera. Se incluye una preinstalación para navegadores portátiles, que colocan la pantalla donde mejor puede ir para seguir las instrucciones, aunque para manipular el aparato hay que estirarse a conciencia (mejor, así no lo tocamos mientras conducimos... sucia manía).

El equipo de sonido no es BOSE, ni Harman Kardon, pero suena suficientemente bien, tiene potencia, y tiene la opción de la conectividad USB y de iPod tan socorrida estos días.

La ergonomía, se mire por donde se mire, esta mucho más que bien resuelta, y entre las regulaciones del asiento y del volante, prácticamente cualquier talla se encontrará cómoda tras su volante. Los asientos, con pétalos pronunciados, agarran a las mil maravillas, y en las plazas traseras hay sitio de sobras para dos personas.

La visibilidad desde el puesto de conducción es buena en todos los ángulos, a pesar de los pilares C tirando a gruesos e inclinados.

El maletero es suficiente para un utilitario de sus dimensiones, y aunque hay otros rivales con más espacio, no es tampoco el principal punto de discusión a la hora de comprarse un coche de este estilo.

Mecánica... diésel



El corazón del Ibiza FR TDI es el motor TDI de dos litros y 143 CV (320 Nm de par desde 1.750 vueltas) ya visto en otros modelos de la casa. Abandona el sistema de inyección bomba en favor de un sistema de conducto común, lo que unido a otras mejoras hacen de este motor algo mucho más suave y lleno en su entrega de potencia.

Adiós al patadón turbo, adiós al sonido tosco y las vibraciones en aceleración. Adiós a concentrar todo lo interesante del motor en dos mil vueltas. Ahora el propulsor TDI es mucho más lineal, mucho más aprovechable. Menos salvaje, eso sí, pero mucho más utilizable y agradable para todos los días. Por fuera sigue sonando feo... Pero es que no podemos pedir milagros a un motor de detonación.

Consumos y prestaciones suenan interesantes. El 0 a 100 km/h cae en 8,2 segundos, el kilómetro con salida parada en 29,4. El consumo medio homologado a los 100 km es de 4,6 litros, y las emisiones de CO2 medias son de 119 gramos por kilómetro.



El chasis sigue las tendencias de todos los demás Ibizas, como no podía ser de otra manera, con McPherson delante, y brazos tirados con barra torsional detrás. El motor 2.0 con bloque en hierro pesa más que todas las demás mecánicas disponibles en este coche, lo que empeora un pelo la distribución de pesos, aunque mañana veremos si eso afecta al comportamiento.

Por cierto, este coche sólo se ofrece con caja de cambios de seis velocidades manual (no hay posibilidad de DSG, como en el FR TSI), y lleva el sistema XDS para tratar de digerir el par generado por el propulsor y repartido a los Pirelli P7 que lleva para agarrarse al asfalto.

Segunda parte de la prueba

Fotos: Guille García Alfonsín, con la inestimable colaboración de Julio Fernández Ceniceros

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